Política / 28 de junio de 2018

Iván Pavlovsky, el macrista que no se va

Es intocable, por su histórico vínculo con Mauricio Macri. El vocero presidencial no le teme a los reemplazos.

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En los primeros días de junio ocurrió un milagro. O dos, según cómo se lo mire. En la mitad casi exacta del año un helicóptero del Gobierno tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia en Catamarca. Apurado por unas heladas intensas y por la falta de combustible, se vio obligado a improvisar un descenso forzoso. Fue una situación dramática, y si no fuera por la pericia de los rescatistas el resultado podría haber sido trágico. Sin embargo, sucedió otro fenómeno cuasi divino que para todo el círculo rojo y el oficialismo fue tan impresionante como el primero: Ivan Pavlovksy, vocero de Mauricio Macri desde hace más de dos décadas y el integrante más famoso de la comitiva recuperada, habló. Aunque no era la primera vez que se paraba frente a las cámaras, si fue su debut mediático narrando un evento vinculado a su persona y no a su jefe. Aunque el hombre que más tiempo pasó al lado del Presidente dio detalles de sobra sobre la larga noche en la montaña, se cuidó, como hizo siempre, de revelar un sólo dato de su atrapante biografía. Pavlovsky resguarda su perfil bajo como si fuera un espía en plena Guerra Fría y por eso la vida de una de las personas más íntimas de Macri es un secreto absoluto. Hasta ahora.

Guardaespalda. El silencio se estira y la incomodidad de los presentes se hace indisimulable. El periodista se queda congelado. Macri, entrenado para mostrar siempre su mejor perfil ante los medios, se transforma: mira mal a “Robertito” Funes Ugarte, y lo para en seco. “No sé de qué te reís”, le reprocha, ante una pregunta inocente sobre el clima del hombre de C5N. El Presidente se enoja y revela que está preocupado por la situación en Catamarca y que la buena resolución de eso depende, justamente, de que el clima permita al helicóptero de rescate llegar a la montaña. La tensión del momento, que ocurrió el mismo sábado de los hechos pero en Santiago del Estero, refleja lo que significa Pavlovsky para el hombre que maneja los destinos de Argentina. Trabajan hace tanto tiempo juntos que es difícil imaginar a uno sin el otro. “Iván es un tipo valioso, alegre, de extrema lealtad que siempre acompañó a Mauricio”, dice José Torello, jefe de asesores de la Nación y ex compañero de Macri en el Newman, acerca del vocero presidencial Iván Pavlovsky, que hace unas semanas levantó el perfil involuntariamente, cuando quedó como protagonista del incidente aéreo en Catamarca que por poco no resultó trágico. Iván tiene cuatro años menos que Mauricio. Ambos son hijos de padre empresario y madre ama de casa, los dos son futboleros –uno de Boca y otro de Independiente-, y se sienten cómodos en el mundo del poder. Pavlovsky también tiene esa aura cuidada que se cultiva en el mundo de los negocios. Es alto, elegante, da la sensación de haber nacido en traje, y los cincuenta y cinco años lo encontraron sin demasiadas arrugas en su rostro o en su voz grave. Se crió en Recoleta, de donde salió con un sueño: comunicar. Entró en la Universidad del Salvador, donde arrancó la carrera de publicidad aunque se terminó decantando por el periodismo.

Ya egresado, a mitad de los ochenta, Pavlovsky consiguió trabajo en Noticias Argentinas, donde cubrió el Mundial de México y el levantamiento carapintada. Su carrera tomó un giro inesperado: Jorge Aguado, ex vicepresidente de Socma, luego presidente del Correo Argentino y por último funcionario macrista en la Ciudad, empezó a buscar un vocero para el hijo de Franco Macri y consultó en NA. El resto es historia.

Sombra. Pavlovsky se levanta todos los días a las cinco de la mañana. Es un ritual casi religioso: el despertador suena, el vocero presidencial se despabila y manotea una computadora portátil que siempre tiene al alcance. Sin salir de la cama y con las frazadas encima, redacta un mail con las noticias y los eventos importantes del día. Es un trabajo de rutina pero vital, porque ese texto es lo primero que ve Macri al despertarse, que también lo revisa desde su cama. No sólo planifica su agenda formal, sino que también gestiona los off the record y las entrevistas que el Presidente mantiene con los periodistas y lo acompaña al 100% de los viajes en el extranjero. En el periplo a China del año pasado, el vocero fue noticia porque le recomendó a toda la comitiva oficial donde comprar los trajes más baratos de todo Beijing, a sólo 100 dólares.

Pavlovsky es una pieza clave en el funcionamiento de Macri, porque además hace un trabajo fino, casi imperceptible: en el gobierno saben que tienen que cuidarse de hablar cerca suyo, porque todo lo que escucha se lo transmite al Presidente. Sin concesiones. “Es un topo de él”, asegura uno de los hombres fuertes de la gestión, en la que hizo amistades. Torello, Pablo Clusellas, Fernando De Andreis y Fulvio Pompeo, entre otros, lo cuentan entre sus afectos. En el oficialismo tuvo más que sonrisas. El año pasado se separó de la secretaria de Infraestructura de la Nación, Marina Klemensiewicz, con quien estuvo en pareja veinte años y tuvo tres hijos. Pero el amor le sonríe a Pavlovsky, y a fines del 2017 empezó a salir con la vocera y asesora de comunicación de futbolistas, Cecilia Borel. Su destino parece marcado, como el de Macri: fútbol y poder. Inseparables.