Sociedad / 30 de junio de 2018

Autismo en televisión: de eso sí se habla

Diversas ficciones explican el comportamiento de los chicos con TEA, un trastorno cada vez más extendido. Adiós al tabú.

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Se estima que 1 cada 58 personas a nivel mundial está diagnosticada con algún trastorno del espectro autista (TEA). Una condición que se describe como la alteración de la capacidad de una persona para comunicarse y relacionarse con otros, y cuya cifra se duplicó hace apenas una década, cuando la incidencia era de 1 cada 110.
Quizás debido al incremento de casos, que atraviesa a buena parte de la sociedad, la televisión empezó a ocuparse de este trastorno: a ponerle nombre y explicar cuáles son sus características de comportamiento. En el último año se estrenaron tres series distintas, algunas en cable y otras en Netflix, cuyos protagonistas son chicos autistas. Estas ficciones muestran una realidad que hasta hace poco, por tabú y sobre todo por desconocimiento, generaba segregación.
Las nuevas series que se lanzaron son “Atypical” de Netflix, una comedia que narra la vida de Sam un joven de 18 años diagnosticado con Síndrome de Asperger, que decide que es el momento de encontrar novia; “The A Word” (BBC), un drama sobre la historia de la familia Hughes, que luego del diagnóstico de autismo de su hijo más chico, pone a prueba sus prejuicios y los de su círculo más cercano; y “The Good Doctor” (Sony), un drama médico que cuenta la vida de Shaun, un joven médico con autismo que enfrenta los prejuicios de las autoridades de una clínica para que lo contraten como cirujano.
En el pasado, ya habían existido series que hablaban de autismo pero se escondía el diagnóstico de sus protagonistas. Eso pasaba en la exitosa serie “The Big Bang Theory”, estrenada en el 2007 y que luego se extendió por once temporadas, cuyo protagonista principal, Sheldon Cooper, es uno de los personajes con Asperger más famosos de la tevé, aunque sus productores jamás lo confirmaron. “A la gente le causaba gracia el personaje sin saber de qué se trataba, porque nadie hablaba de lo que tenía este chico, a menos que conocieras un poco más allá”, explica el neurólogo especialista en niños y jóvenes con TEA, Claudio Waisburg. El médico relaciona el aumento de las producciones televisivas con el incremento del número de casos en la vida real.

Una de las series con mejores críticas es “Pablo”, un programa infantil de Nat Geo Kids que combina animación y live motion, y cuyo pequeño protagonista se sumerge en su imaginación y en sus dibujos para superar sus desafíos cotidianos. Lo más novedoso de la tira es que el doblaje al español de los personajes fue hecho por siete niños de América latina con TEA. Uno de ellos es el colombiano Federico García Villegas que el año pasado saltó a la fama cuando un video suyo, en el que explicaba lo que era el Asperger, se volvió viral.

“El canal siempre busca concientizar y conocer la realidad de otros chicos. Nos parecía importante transmitir la integración. A los niños que doblaron las voces les gustó contarles a otros cómo se sienten. Y a la audiencia la ayudó a entenderlos un poco más”, explica Carmen Larios, vicepresidente senior de contenido estratégico de National Geographic Partners en América latina.

Los aromas, sonidos y texturas, a menudo, son percibidas de otra manera -a veces más intensas- por las personas con TEA. Entonces, en el primer episodio de la serie se puede ver que el protagonista va en busca de su olor, que perdió luego de salir del baño. Con sus amigos animados viaja hasta encontrarlo. Tal como explican desde la ONG “Brincar por un Autismo Feliz”: “Ellos ven detalles que uno no y tienen dificultades en procesar los diferentes estímulos. Por eso, los lugares, personas o rutinas fuera de su día a día pueden alterarlos y hacerlos perder el control”. Otros de los rasgos típicos que describe Waisburg son el interés fijo o restringido sobre un tema o una cosa, como pueden ser los dinosaurios, los Legos o, en el caso del Sam, el protagonista de “Atypical”, los pinguinos y la Antártida, en los que piensa cuando una situación lo estresa. También tienen dificultades con el doble sentido, la ironía, el sarcasmo y las bromas, y se guían por la literalidad. Además de que les es complejo comprender el lenguaje no verbal y las expresiones faciales de las otras personas. Por eso a Sam se le dificulta interpretar las miradas de una chica cuando se interesa en él. Ellos manejan un lenguaje barroco y un tono monocorde, sin matices, a la hora de hablar. De todas formas, estos aspectos pueden variar de una persona a la otra ya que no existe un solo tipo de autismo. Por eso se lo denomina espectro.

Inclusión. A pesar de algunos avances en los últimos años, la ciencia aún no logra encontrar la causa que origina al trastorno del espectro autista, y también desconoce el por qué del aumento de los casos. Pero el desafío mayor parece estar puesto en la falta de capacitación de los profesionales de la salud y de las instituciones escolares para lograr una mayor inclusión. “La sociedad está más abierta y los padres están más atentos a las señales, pero muchas de sus opiniones son desestimadas. Dentro de los profesionales de la salud hay invisibilización”, cuenta Norma Martinovich, terapista ocupacional especializada en integración sensorial. “Los niños llegan al consultorio tardíamente a los 4 años con diagnósticos erróneos. Y eso es un tiempo perdido”, añade la especialista.
Otra de las grandes fallas que presenta el sistema para los chicos con TEA se da en las escuelas, donde tampoco parecen estar dadas las condiciones. “La integración ha avanzado mucho. Están integrados en escuelas normales donde hay chicos con diferentes dificultades, no sólo TEA, y están acompañados por una maestra integradora”, indica Claudio Waisburg. Sin embargo, el neurólogo hace una aclaración: “La inclusión, en cambio, está en pañales. La dificultad que tienen los chicos es la relación con los pares. Cuando son más grandes, de 16 o 17 años, la falta de decodificación para con los otros, los ubica en una postura muy vulnerable de ser foco de bullying”.
En este sentido, para los especialistas, el hecho de que la televisión hable de un tema como el autismo y exponga la realidad de muchas familias, es un gran paso. Como dice Waisburg: “Está bueno resaltar la problemática, el día a día de las dificultades en la pantalla chica. La difusión a través de series ayuda. Concientiza. Hace que la sociedad se eduque y no hable sin saber”.

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