Cultura / 5 de julio de 2018

Erri de Luca, el escritor político de visita en Buenos Aires

El autor italiano visitó Buenos Aires y dio testimonio de su particular programa literario. Poesía y prosa al servicio del compromiso.

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Gentileza Fundación OSDE.

Son las 5 de la mañana en Turín, noroeste italiano. Un grupo de trabajadores de la FIAT atraviesa la niebla otoñal para llegar a la fábrica. Enrico tiene poco más de veinte años. Es uno de los operarios que tienen que llegar puntuales para entrar al turno de las 6. En el viaje todos duermen, menos Enrico. Desde que era chico le dicen Erri, por su tío, y ahí, a pesar del sueño, lee para recuperar el tiempo perdido. Lee para metabolizar la jornada de trabajo. Lee para escaparse del lugar, lee para combatir la angustia de la opresión capitalista. Ahora, a los 68 años, el escritor napolitano Erri De Luca, quizá el intelectual más lúcido de Italia, conceptualiza el poder de la literatura: “Los libros hacen desaparecer el ambiente. Son providenciales. Por ejemplo en la cárcel, cuando un preso tiene un libro delante de sus narices desaparecen las rejas, no sienten más los ruidos de las celdas. ”

Invitado por la Fundación OSDE, De Luca volvió en mayo pasado por segunda vez a la Argentina, donde ya había visitado en 2016 el Museo de la ex Esma y se había reunido con las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo. En esta oportunidad, brindó una charla en el auditorio de la Fundación.

Trabajo. Antes de convertirse en escritor -o durante- De Luca fue operario de la FIAT, obrero metalúrgico, albañil, conductor de camiones de ayuda humanitaria durante la Guerra de los Balcanes, voluntario en África y en Belgrado.

Cambió de oficios y empleos, pero siempre se mantuvo a la izquierda del escenario ideológico. Durante los años ‘70 militó en Lotta Continua, una organización de izquierda con base en el proletariado industrial de la FIAT y en los estudiantes universitarios. En octubre de 2015 fue absuelto y liberado de pasar ocho meses en prisión después de llamar a sabotear la construcción del tren de alta velocidad (TAV) en el Valle de Susa, un proyecto que acumula denuncias de ambientalistas y que generó un enorme movimiento de resistencia en el Piamonte italiano. “El TAV ha de ser saboteado. Las mesas de negociación del Gobierno han fracasado”, disparó en una entrevista durante 2013.

En un país donde muchos de los referentes de la izquierda revolucionaria hoy se muestran arrepentidos, De Luca tiene la entereza de un hombre convencido de sus ideas. “Yo no soy un intelectual porque un intelectual es capaz de defender causas que le son ajenas. Yo no soy capaz de hacer eso. Defiendo sólo aquello en lo que creo”. Cuando mira al pasado, dice: “Yo no soy el propietario de mi memoria. No es como un archivo. Es como un glaciar, que se retira y deja a la vista algún pedacito del pasado. Por eso me pongo contento de tener ese pedacito de memoria a la vista y poder escribir para hacerlo durar más. Esta es una de las posibilidades de la literatura. La literatura le arranca el derecho a la muerte de tener la última palabra”.

Textos. A sus 39 años apareció su primer libro, “No ahora, no aquí”, y desde entonces no paró de publicar poesías, artículos periodísticos, guiones de cine y de teatro, y sobre todo novelas, entre las que se encuentran “Los peces no cierran sus ojos”, “El crimen del soldado”, “Historia de Irene” y “Tres caballos”, basado en la dictadura argentina. En su último trabajo, “La naturaleza expuesta”, un artesano que vive en una montaña fronteriza debe restaurar el sexo a un cristo crucificado en mármol. El artesano, además, transporta personas que quieren cruzar de un lado y del otro de la frontera. De Luca -alpinista y gran conocedor de la geografía montañosa- se mete así con algunos de los temas que más le preocupan, la inmigración contemporánea y el rol social de la iglesia original. “Se habla de invasión de los extranjeros. Es un verbo que tiene que ver con las fuerzas armadas, eso quiere decir invadir, no puede ser que personas que llegan desarmadas y semidesnudas estén invadiendo. No tiene ninguna forma de ofender, simplemente están tratando de ejercer su legítima defensa contra la adversidad. Los nuevos residentes en Italia son mucho menos que los que se fueron. Los italianos se están yendo de Italia y ni siquiera son reemplazados en igual cantidad”.

Hace muchos años que De Luca dejó de trabajar como artesano. Al menos en sentido estricto, porque todavía construye sus textos con la fuerza y la sutileza de un escultor. Autodidacta en ruso, yiddish y hebreo antiguo, se animó a traducir varios pasajes del Antiguo Testamento. “Las palabras producen las heridas que duran más. Mientras que las del cuerpo son como unas abolladuras que después incluso el cuerpo permite olvidarlas”, dice el escritor napolitano.

Hace poco, durante una conferencia en Italia, defendió la lucha armada de los setenta y la prensa de su país le fue al cuello. Durante una entrevista al día siguiente, un periodista lo persiguió durante toda la nota. Lo criticó por los secuestros de las organizaciones armadas, por las muertes de las escoltas de los poderosos víctimas de las Brigadas Rojas. Como no funcionaba, fue por más. Argumentó: eran personas con hijos, mujeres, familias enteras destrozadas. “¿Cómo puede ser que un escritor con tanta sensibilidad y atento al espíritu humano, no pueda sentir piedad por las personas asesinadas?”, le preguntó. De Luca le contestó: “No. En algunas cuestiones, sólo puedo razonar en términos de política”.

Antes de terminar la entrevista, De Luca ratificó su lugar en el mundo de las ideas. “Mientras que haya al menos un solo preso político, yo no me puedo ir”.

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