Personajes / 13 de julio de 2018

Carlos Sorín: “Soy un adicto a las pantallas”

El premiado director estrenó la película “Joel”. Hiperconectividad, google, Netflix y el fin de los cines tal como los conocemos.

Después del colegio se metía en el Cosmos 70 o en algún otro cine de la avenida Corrientes y veía la programación completa: tres, cuatro películas en continuado hasta salir de nuevo a la luz cegadora, bajo efecto radiactivo de Ingmar Bergman, Federico Fellini o Luis Buñuel, entre otros directores de vanguardia que atizaron su vocación y lo aproximaron a un cine que no suena como suenan todos. Financió su primera película (“La película del rey”, 1986) con las frioleras de dinero que se pagaban en el mundo de la publicidad de los años ´80, debut premiado con un León de Plata y un Goya, aunque después, al segundo intento nomás, mordió el polvo con Daniel Day-Lewis (quién diría), en una cinta a la que considera sencillamente vergonzosa. Volvió a la publicidad, aprendió a pilotear, se compró un helicóptero (un Robinson R22), se compró un Hummer, los vendió después para volver al cine y pagar el campo en Capilla del Señor, donde construyó su pequeño paraíso personal: la casa, el estudio retirado entre la arboleda y un lago de una hectárea y media que él mismo cavó con retroexcavadora, a unos 82 prudentes kilómetros de Buenos Aires.

Esta semana, Carlos Sorín volvió a sentir el frenesí –que no aplaca el tiempo– de un nuevo estreno, titulado “Joel”, el noveno filme de una narrativa profusa de actores y no-actores, de paisajes rurales, de destinos cruzados, de rutas largas que bajan y se pierden. “Joel es la historia de una guarda pre adoptiva. Es un matrimonio de mediana edad (interpretado por Victoria Almeida y Diego Gentile) que no puede tener hijos y se inscribió hace mucho en la lista. La nueva Ley de Adopción fija un período de seis meses de prueba donde el niño convive con los probables padres y en función de cómo vaya, de cómo se sienten, de lo que evalúan los asistentes sociales, se puede empezar con la adopción definitiva. Una vez que uno se anota en la lista, pueden pasar años sin tener ninguna novedad. Está mujer recibe una llamada del juzgado y le dicen que hay un niño disponible (interpretado por el no-actor Joel Noguera, de 9 años) para la guarda pre adoptiva, y que tiene que decidirlo ya porque si no pasan al siguiente de la lista. Ahí empieza la película”, explica el director.

Noticias: ¿Por qué eligió el tema?
Carlos Sorín: Confluyen dos cosas: primero, quería hacer una película con una protagonista femenina. Esta es mi novena película y las ocho anteriores tenían como protagonista a un hombre. Ahora el tema es la maternidad y no hay nada más femenino que eso. Por otro lado, tenía un guion terminado con conflictos así pero después quedó en el camino, como muchos otros guiones que hago. En cierto momento se unen las dos cosas. En realidad, cuando estoy en una etapa de saber de qué va la próxima película, no tengo las ideas demasiado claras, las cosas vienen, googleo mucho para ver qué dispara, y desarrollo hasta tres historias simultáneamente. De lo que sí estoy seguro es de que el tema me interesa porque si no me interesa, tampoco puedo pretender que les interese a los demás.

Noticias: ¿En qué momento dejó la publicidad y se abocó de lleno al cine?
Sorín: Siempre fui un cinéfilo. En mi adolescencia, vivía en la avenida Corrientes viendo los ciclos de revisión, los estrenos de los grandes maestros. Después estudié en la Escuela de Cine de la Universidad de La Plata y más tarde, empecé a hacer dirección de fotografía en publicidad. Mi paso siguiente fue dirigir publicidad y ahí me enganché 30 años más de lo que hubiera debido. Pero el cine era una deuda. En cierto momento dije “ya es hora de probarlo” e hice “La película del rey”, que financié, porque con la publicidad ganaba mucha plata y tenía todo el equipo. La película fue un suceso que no esperaba ni para el que estaba preparado. Tanto es así que la siguiente película (“Eterna sonrisa de New Jersey”, 1989) la hice con Daniel Day-Lewis, nada menos, y fue una cosa vergonzosa, fue terrible. Me subí al pony y dije “ahora sí, ahora la mato, la rompo toda” y no. Ahí aprendí una cosa: cada película que hagas, así sea la vigésimo segunda, tenés que sentirla como una ópera prima, con los mismos temores, no podés hacerla de taquito, no te la podés creer. Ahí me agarró el síndrome del fracaso y volví a la publicidad con todo, hasta “Historias mínimas” (2002).

Noticias: ¿Por qué cree que fue tan mala su película con Daniel Day-Lewis?
Sorín: Esa película es mala porque el guion era malo. Hay guiones que son tan buenos que aunque los filmes mal la película sale, y hay realizaciones maravillosas con un presupuesto infernal y la película sucumbe porque el guion es malo. Además estaba haciendo una película en inglés y eso es una barrera inmensa.

Noticias: ¿Le quedó, al menos, una buena impresión de Daniel Day-Lewis?
Sorín: Aun después del segundo o tercer Oscar sigue siendo una persona de una sencillez notable. Así son los grandes, no necesitan demostrar nada más que lo que hacen. Él, incluso, se fue a trabajar un período como zapatero a Florencia. De zapatero, no de dueño de zapatería. Es de esos actores que actúan y al mismo tiempo se ven actuar, no sé cómo es esa suerte de esquizofrenia, pero se ven. Me decía “no, no, pero acá llegué tarde al foco”, en el medio de una escena donde había 15 puntos marcados en el piso, y después comprobamos que sí, llegó tarde al foco. Un tipo maravilloso. Eso contribuyó más a mi fracaso. Fijate qué tenía en la mano y lo que hice.

Noticias: ¿Por qué se mudó al campo? ¿Se lleva mal con las ciudades grandes?
Sorín: No, es mucho menos romántico (se ríe). Ganaba mucha plata en la publicidad, muchísima. No tenía socios y hacía como 70 películas por año en esa época en la que el director era un personaje importante dentro de la publicidad. Ahora ya no lo es. Entonces, como siempre me apasionaron los aparatos, me compré un helicóptero, un Robinson R22, aprendí a volar y a mi mujer le decía que era para filmar (se ríe)… Pero no tenía a dónde ir. Salía de Don Torcuato, daba una vueltita y bajaba otra vez, una tontería. Entonces dije, “vamos a comprar algo para tener a dónde ir”, y compré un pequeño campito en Capilla del Señor y lo primero que hice fue construir un hangar. Después apareció otro campo que nos gustaba mucho más y vendimos el helicóptero para comprarlo.

Noticias: ¿Cómo es su vida en el campo?
Sorín: En general me levanto en los horarios del campo. Si estoy trabajando en un guion o editando, rindo mucho mejor a la mañana temprano. A las siete y media desayuno, me voy a la cabaña y me quedo hasta el mediodía. Y si no, hay muchas tareas para hacer en el campo. Mucha motosierra, tractores… Me encantan las actividades rústicas del campo y ese tipo de cosas.

Noticias: ¿Por ejemplo?
Sorín: He hecho un lago, hace 20 años, cuando me fui a vivir ahí. Compré las máquinas e hice un agujero gigantesco de una hectárea y media. Antes de mudarme, iba todos los fines de semana a hacer el lago. Después la naturaleza te da una mano porque ponés bombas para llenarlo y empiezan a venir las aves. Las aves traen a los peces y a los batracios y va haciéndose el fondo y después termina formándose un paisaje maravilloso. No es que hago lagos todos los días, lo que hago habitualmente es desmalezar con el tractor. Además tengo unas pocas vacas, no más de treinta, gallinas y las cosas que hay en el campo.

Noticias: ¿Va seguido al cine?
Sorín: No, voy poco, voy más con mis nietos. Vi “Coco” hace poco y estoy fascinado con esa película; es maravillosa, una creatividad y un talento impresionantes. No veo muchas películas.

Noticias: ¿Qué opina del boom de las series y de plataformas como Netflix?
Sorín: Creo que estamos sufriendo una transformación tecnológica gigantesca en un lapso de tiempo muy corto. Según la famosa Ley de Moore, las velocidades y las capacidades de todos los elementos técnicos se duplican exponencialmente cada dos años. Esto es lo que está pasando. Con las plataformas digitales y la digitalización, todo este tsunami tecnológico llegó al cine. Creo que las salas y el cine tal cual los conocemos van a dejar de existir. No es que van a desaparecer, pero se van a limitar a películas muy impresionantes y de gran producción, con muchos efectos, tanques gigantescos, que se te mueva la butaca, que llueva. El cine va a pasar al hogar. Ahora, por 30.000 pesos tenés una pantalla gigante, un Smart TV, tenés Netflix y ves todo pagando 7 dólares por mes. Evidentemente, eso va a desplazar y va a terminar, aunque no totalmente, con las salas. Sobre todo en nuestro país, que es un país en crisis y salir con tu familia al cine ya es un presupuesto.

Noticias: ¿No se enganchó con ninguna serie?
Sorín: No, no me gusta, no veo la televisión. De cualquier manera acabo de comprarme con el Hot Sale un 65 pulgadas con el propósito de ver películas, ya que no voy al cine. Aunque creo que el verdadero propósito es el Mundial de Rusia (se ríe).

Noticias: ¿Lee?
Sorín: Leo mucho. Soy un adicto a las pantallas, soy un adicto a Mac, tengo todo. Entonces vivo dentro de una pantalla, sé que esto es una enfermedad, pero es así. Estoy continuamente googleando, mi gran asistente en la labor del cine es Google. En general leo ensayos o historia y leo en una tablet. El gran tema que me apasiona en este momento es la superconectividad, este fenómeno que está sucediendo, la nube que está transformando el mundo y avanza a gran velocidad. Estamos hiperconectados, con todas las ventajas y desventajas, y cada vez las conexiones son mucho más rápidas y más baratas, y eso transforma todas las actividades humanas.
Creo que esto es equiparable a lo que fue en su momento, con otro ritmo, la imprenta de Gutenberg, un hito en la historia de la humanidad. Creo que estamos siendo testigos de un momento histórico.

Damián Richarte
@DamianRicharte
Fotos: Juan Ferrari

 

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