Economía / 17 de julio de 2018

La otra campana: la defensa China en la guerra comercial con Estados Unidos

El aumento de aranceles a los productos chinos desató una turbulencia que amenaza con arrastrarnos a todos. La defensa de las autoridades chinas y la predicción negativa.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China mantiene en vilo al mundo y hasta el Fondo Monetario Internacional advirtió que podría modificarse la distribución del crecimiento económico primando la economía norteamericana en detrimento del resto.

Ahora, China pareciera no quedarse tranquila con la imposición de aranceles extraordinarios a sus productos por parte de Estados Unidos, ni mucho menos a la argumentación del país ahora presidido por Donald Trump, que justifica la medida en los resultados del informe de la “Investigación 301”, vigente desde 2012 pero que ahora amenaza con impactar negativamente a nivel global.

En ese sentido, el ministerio de Comercio chino emitió un comunicado en el que inicia calificando de “calumnias” a las acusaciones norteamericanas “sobre la ganancia de ventaja extra a través de una práctica comercial injusta es una distorsión de los hechos y por ello es infundada”.

Según indica el sitio de la Radio Internacional China –medio público del gigante asiático–, “Washington ha recurrido a su informe de la investigación 301” del cual habrían tomado “cifras seleccionadas”, para imputar a China por “desequilibrar el comercio”, “robar derechos de propiedades intelectuales”, “forzar transferencias de tecnologías”, “subsidiar Made in China 2025”, entre otras “prácticas injustas”.

El propio informe del ministerio de Comercio chino afirma que el problema económico de Estados Unidos es culpa de los norteamericanos: “Más bien es porque la tasa de ahorro en Estados Unidos se mantiene baja, el dólar estadounidense sirve como moneda de reserva internacional y los dos países se diferencian en la competitividad industrial y la división internacional de trabajo”.

No faltó el recuerdo de que Estados Unidos se comporta “con mentalidad propia de la Guerra Fría”,  al imponer “restricciones en la exportación a los productos de alta tecnología que cuentan con ventaja comparativa”. En tanto respecto al “robo de la propiedad intelectual”, las autoridades chinas sostuvieron que pusieron en marcha “un sistema legal completo con el fin de proteger los derechos de propiedad intelectual”, que incluyó un sistema judicial especializado. En ese sentido, recordaron que China pagó 28.6 mil millones de dólares en 2017 por derechos a la propiedad intelectual, una cifra 15 veces superior a la efectuada en 2001, cuando se sumaron a la Organización Comercial del Comercio.  De hecho, según consigna Radio Internacional China, en 2017 “tres empresas chinas fueron condenadas por tribunales locales por violar la marca norteamericana de New Balance, con una multa de 10 millones de yuanes”.

Resultó interesante el punto en el cual las autoridades chinas afirman que la acusación de “transferencia tecnológica” no cuenta con fundamentos, dado que no fue un requisito a ninguna empresa extranjera que quisiera producir en China, sino acuerdos entre privados, algo que podría sonar irónico al ser dirigido al gobierno Americano que puja por una revalorización del liberalismo económico mientras avanza en medidas proteccionistas sin precedentes. De hecho, utilizaron exactamente esa definición: “La ironía es que el país que ofrece subvenciones comerciales masivas en agricultura y al sector manufacturero es el propio Estados Unidos”.

Respecto a la falta de respuesta por parte de las autoridades chinas a los reclamos norteamericanos, el ministerio asiático sostuvo exactamente lo contrario, al recordar que “solo de febrero a junio de este año, China celebró cuatro rondas de conversaciones económicas de alto nivel con Estados Unidos, y ha anunciado el Comunicado Conjunto China-EEUU, con un importante consenso alcanzado para fortalecer la cooperación comercial y económica y evitar una guerra comercial”. En ese sentido, sostuvieron que “Estados Unidos se echó para atrás, y abandonó descaradamente el consenso bilateral, e insistió en luchar una guerra comercial con China”. Por ello, China considera que Estados Unidos es el absoluto responsable de la actual situación”.

Especialistas comerciales norteamericanos han criticado las políticas de la gestión de Donald Trump y sus dichos han repercutido en los medios chinos. Tal es el caso de Stephen Roach, economista de la Universidad de Yale, quien en una entrevista con la CNBC sostuvo que las guerras comerciales “no son fáciles de ganar” y que “Estados Unidos va camino a perder la guerra con China”.

“EE.UU. depende muchísimo de China como fuente de mercancías a bajo precio para que los consumidores estadounidenses puedan llegar a fin de mes”, sostuvo Roach, y agregó la importancia de la compra de bonos del Tesoro “para financiar los déficits presupuestarios que están aumentando”.

Es interesante la acusación de Estados Unidos hacia las políticas industriales de China por “distorsionar el mercado”, dado que la mayoría de los países con pretensiones industriales tienden a aplicar alguna medida que fomente el crecimiento. De hecho, los propios Estados Unidos cuenta con el Advanced Manufacturing Partnership, AMP, lanzado por Barak Obama en junio de 2011 a un coste inicial de 500 millones de dólares con el objeto de mantener el liderazgo norteamericano en materia de tecnologías emergentes. Desde este punto de vista, los medios chinos sostienen que el informe de Estados Unidos es un ataque al programa “Made in China 2025”, como un objetivo de Donald Trump para “reprimir la manufactura china de alta tecnología con miras a contener el desarrollo del gigante asiático”.

Como dato de color, quizá resulte interesante destacar que el mentado informe 301 no habla solamente de China, sino de todos los países con los que Estados Unidos mantiene relaciones comerciales. Pero mientras a Argentina le dedica una página y media, el análisis que provocó a las autoridades chinas ocupa nueve carillas.

Para finalizar, las autoridades chinas lanzaron una acusación en busca del apoyo internacional: “Cuando Estados Unidos se retira obstinadamente de los grupos por sus propios intereses con el pretexto de ‘Estados Unidos Primero’, se convierte en enemigo de todos”. En ese sentido, señalaron que el gobierno norteamericano también inició una investigación sobre las economías globales “en nombre de la seguridad nacional” que genera “fricciones comerciales en sectores clave como el acero, el aluminio y los automóviles”.

“Es justo decir que esta mayor guerra comercial de la historia económica librada por Estados Unidos no es una guerra comercial entre el país norteamericano y China, sino una guerra comercial global”, remarcó el ministerio de Comercio chino para cerrar con una predicción: “Estas prácticas estadounidenses arrastrarán a la economía mundial a la “trampa de la guerra fría”, la “trampa de la recesión”, la “trampa de anticontrato” y la “trampa de las incertidumbres”, que empeorarán gravemente el ambiente económico y de negocios mundial, destruirán la cadena industrial y de valor global, dificultarán la recuperación económica mundial, provocarán fluctuaciones en el mercado global y dañarán los intereses de numerosas multinacionales y consumidores de todo el mundo”.

 

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