Personajes / 17 de julio de 2018

Marina Borensztein: “Aprendí a dejar de ser quejosa”

Hija de Tato Bores y esposa de Oscar Martínez, reconoce que fue como una hoja al viento, hasta que una enfermedad la puso en su camino.

Cuando se enfermó de cáncer, supo que la enfermedad venía a decirle algo. Para ese entonces –cuenta esta mujer rubia, sonriente, elegantísima en su tailleur rosa Dior– ya había leído decenas de libros de autoayuda (género que reivindica) y muchos autores de la llamada New Age. “Esos libros me salvaron la vida”, arranca. Y explica que fue gracias a esos textos –“y a mi equipo de médicos integrativos”, aclara– que logró no sólo sortear la enfermedad sino también rehacerse de cero. Hoy, con tres libros publicados –“Enfermé para sanar”, “Así me cuido yo”, y el último, “Paz, amor y jugo verde” (Planeta)– se convirtió en una referente de la vida sana y la alimentación saludable. Lleva una dieta estricta de vegetales y ha abjurado por completo de azúcares, harinas y lácteos. Tiene miles de seguidores en Instagram y Facebook, a los que aconseja y acompaña desde las redes, transmitiendo en vivo desde su casa en Recoleta.
Noticias: ¿Nunca se tienta con nada por fuera de su dieta espartana?
Marina Borensztein: Sí, me tiento. Pero esto que hago tiene fundamento científico porque el cuerpo responde a lo que uno le da, y si le das comida chatarra, se va a hacer adicto a la comida chatarra porque son alimentos adictivos. Cuando superás la abstinencia de esos alimentos adictivos, el cuerpo te dice: “Flaca, te avivaste”. Entonces si le das un jugo verde y muchos vegetales, ¿qué pasa? Que si no lo tomás, te agarra un “mono” (síndrome que da la abstinencia) de jugo verde.

Noticias: ¿Y cómo sería eso?
Borensztein: Como muchos vegetales, y cuando viajo, padezco de estas cosas. Pero me las arreglo. Si me voy a Punta del Este a descansar, ya saben que Marina toma jugo. Y si voy en auto, me llevo la licuadora.

Noticias: ¿No es complicado?
Borensztein: No, además hay más gente celíaca o alérgica que no puede comer lácteos. En el exterior ya es ley el menú para celíacos. Cuando voy en avión, pido menú vegano. Siempre ando con mis bolsitas de frutos secos, con mis frutitas…

Noticias: ¿Su marido no se hincha de todo eso?
Borensztein: No, ¿por qué? ¡Si come todo lo que quiere! Además lo pone feliz verme bien. Vuelvo a lo de antes: no me agarra antojo de azúcar como antes, cuando me venía antojo de torta, panqueque y waffles. Ahora estoy antojada de cosas saladas. Cuando viene el antojo, le digo a Oscar: “Hoy quiero….” por lo general es “Hoy quiero carne con papa y ensalada”. Intenté ser vegana y no me fue.

Noticias: ¿Hace terapia?
Borensztein: No, hice muchos años. Ahora estoy de alta. Me di de alta yo misma. Soy libre del psicoanálisis (carcajada). Arranqué de pequeña, a los 18 y con la primera crisis existencial de “No sé qué quiero estudiar”. Siempre sentí la necesidad de que alguien me escuche. Tener una oreja y contención. Cuando salí victoriosa de la enfermedad, necesité mucho abrazo. Con la enfermedad me puse fuerte. Ojo, tuve momentos durísimos, pero tomé las riendas de mi cuerpo. Y ahora ando por la vida con mucha confianza.

Noticias: ¿A qué cree que se debió eso?
Borensztein: A que sentí que la enfermedad venía a contarme cosas que hacía rato quería escuchar pero que no escuchaba porque no prestaba suficiente atención. Finalmente, cuando el cuerpo se puso a los gritos y me dijo “¡Bastaaaa!”, dije: “¿Basta de qué?”. Ahí hice el análisis con la información que tenía. Puse las piezas del rompecabezas en su lugar. Y se me armó.

Noticias: ¿Qué siente que la enfermedad haya venido a “decirle”?
Borensztein: Me encanta el I Ching y a Oscar también. Una noche, cuando recién arrancaba el proceso de la enfermedad, le pregunté al I Ching qué me venía a decir esta enfermedad. Me salió un hexagrama maravilloso, Comunidad con los hombres, que muta a La disolución. Me decía que tenía que entrar en la comunidad con los hombres, lo que hago con mi libro. Y la disolución hablaba de que para vencer la rigidez “y el egoísmo, es menester recurrir a las fuerzas religiosas”.

Noticias: ¿Y?
Borensztein: Y me metí como de cabeza a mi espiritualidad, a abrir mi corazón, conecté con mis emociones profundas, con mis dolores más grandes. Rompí con un montón de barreras. Por eso digo que me di de alta: cuando tengo momentos de confusión o angustia, cierro los ojos, medito y se me acomoda la cabeza. Respiro, me calmo, no me enloquezco.

Noticias: ¿Tampoco corre al botiquín a tomarse nada?
Borensztein: Nunca más tomé nada. Tenía ataques de pánico grosos con la enfermedad. ¡Tenía un susto! Tenía miedo de morirme, de que me duela. Ya no le tengo miedo a la muerte… Pero ahora tengo muchas cosas para hacer acá. Me gusta mi vida, mi familia.

Noticias: ¿Siempre le gustó o le gusta más ahora?
Borensztein: Ahora me gusta más todo. Haber tocado fondo, conectado con tanto sufrimiento físico… La radioterapia me pegaba mal, estaba muy cansada… Tuve ataques de pánico porque me bajaba la presión. Y nunca había vivido todo eso…

Noticias: Usted fue muy princesita, ¿no?
Borensztein: Si, muy princesita. Soy la más chiquita de los Borensztein. de los primos y hermanos. Fui una mimada de mi mamá y mi papá. Eso estuvo lindo y no tan bueno.

Noticias: ¿Mal criadilla, quizás?
Borensztein: No, protegida. Mis viejos tenían la cabeza abierta pero no se podía hacer cualquier cosa. Moto, no. Novio con moto, no. Aparecieron miles y les eché flit. Nunca desobedecí, fui prolija, no quería problemas.

Noticias: ¿Y era malcriada con sus hermanos?
Borensztein: No. Mi hermano mayor, Alejandro, me tenía como de hijita, me lleva casi diez años. En cambio con Seba somos re compinches, somos contemporáneos, salimos juntos. Es maravilloso tener estos hermanos porque me siento muy protegida por ellos.

Noticias: Usted es muy del amor. Y cada cinco minutos nombra a su marido…
Borensztein: Sí. Lo amo. Me apoya al ciento por ciento. Amo su ser y la familia que armamos. Oscar se parece mucho a papá. Es como un gran árbol, un palo borracho gigante, es muy contenedor. Durante el primer año de relación estuvimos abrazados durante horas. Necesitaba esa protección y cuando lo conocí, sentí: “Al fin estoy en casa”. Es un gran hombre, así como era papá. Una persona honesta que cumple con su palabra. Eso enamora a todas, o al menos a las Susanitas como yo. Puedo irme a la India pero tengo que saber que llega la noche y él está en casa. Es mi compañero, mi amor.

Noticias: Hablamos del amor. Hablemos de lo que no tolera.
Borensztein: Los yo afectados, eso de ponerse por delante de la realidad y quejarse. Trato de hacer lo mejor posible con lo que tengo. No me banco el yo afectado porque fui así. Pero con la enfermedad aprendí mucho. Comprendí cosas de golpe y ciertas cosas de la gente, hoy, me enojan mucho. Que se quejen todo el tiempo, por ejemplo. Aprendí a dejar de ser quejosa. ¡Y lo dice una judía que fue muy quejosa!

Fernanda Sandez
@asiwisir

 

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