Cultura / 21 de julio de 2018

Ola coreana en el cine y el teatro

Con artistas destacados en todos los rubros, Corea del Sur gana espacios en el mundo. Tradición, ruptura y el factor económico en la cultura.

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La ola internacional de cultura surcoreana (Hallyu) es imparable. Un tsunami que incluye, entre otros, a la soprano Sumi Yo y al tenor Rudy Park como protagonistas de óperas y conciertos en los grandes teatros líricos del mundo; al actor Steven Yeun conocido como Glenn en la famosa serie televisiva norteamericana “The Walking Dead”; el director de cine Joon-ho Bong responsable de super producciones como “Snowpiercer”, con Chris Evans, Ed Harris y Octavia Spencer; y “Ojka”, con Tilda Swinton y Jake Gyllenhaal; más Jee-woon Kim dirigiendo a Arnold Schwarzenegger en “The last stand”, por mencionar sólo algunos destacados artistas provenientes de Corea del Sur.

NOTICIAS viajó a Seúl, como único medio argentino invitado por KOCIS, el Korean Culture Information Service, para conocer personalmente a destacados referentes y tener una impresión directa sobre éste fenómeno.

Cine propio. En 1926, la película “Arirang” mostraba a un joven coreano atado con una cuerda que tironeaba un japonés. El muchacho había matado al sádico que martirizaba a los habitantes de su pueblo. Cuentan que los espectadores se emocionaban y cantaban una canción folclórica. Con el tiempo la cinematografía coreana se transformó en un reflejo del entorno social. En los setenta, víctima de la censura imperante, abundaron melodramas y cintas de propaganda. Ante el avance democrático, la realidad se instaló de nuevo y despertó al cine del letargo.

Educado y cauto, Yan Woo-seok es un ejemplo entre los cineastas en ascenso internacional que encuentran su materia prima en las circunstancias sociales de su país. Debutó como realizador con “El abogado” (2013), film que refleja la vida de un defensor de los derechos humanos, inspirado en el actual presidente y que se transformó en un éxito con doce millones de espectadores.

“Creo que la gente se interesa mucho más por el cine actual coreano al ver lo contemporáneo antes que lo tradicional. En mi caso, eso me trajo inconvenientes cuando rodé ‘El abogado’. La ex presidenta Park Geun-hye (juzgada por coacción, soborno y abuso de poder y condenada a 24 años de prisión) estaba molesta con la temática y me incluyó en una lista negra, lo que significó dificultades a la hora de conseguir financiamiento. Por suerte, esto ya cambió”, afirma mientras disfruta del suceso de “Steel rain” (2017), en la que un golpe de estado en Corea del Norte obliga a un agente a desertar y colaborar con los surcoreanos.

Sobre la influencia del cine americano se muestra categórico: “¡Es inevitable! Pero nos enfocamos en profundizar en nuestra historia, la pasada y presente. Cuando pienso en nuevos proyectos tengo en cuenta las necesidades del público y sus gustos”, sostiene. Confiesa que luego de su segunda película empezó a recibir llamadas de Hollywood y que si se corresponden con sus intereses, no tendrá inconvenientes en trabajar para esa industria. “El cine siempre aporta al desarrollo económico. Al filmar se generan puestos de trabajo y mano de obra. Hay una agencia de promoción del cine y nos ayuda mucho pero aún no hay subsidios oficiales para producir”, concluye.

Clásicos teatrales. El joven, atractivo y simpático director teatral Kim Hyun-tak se especializa en la deconstrucción de clásicos de la dramaturgia universal como “Muerte de un viajante”, “Medea”, “Las criadas” o “Hamlet”. Próximamente adaptará “La metamorfosis” de Kafka. Su particular estilo le dio prestigio internacional y llevó sus propuestas a espacios como el notorio Festival de Edimburgo.

“Comencé a dirigir por casualidad. Participaba como actor en una obra y el director no pudo continuar, entonces asumí su lugar. Fue el destino, pero reconozco que es un trabajo muy duro”, dice risueño.
Cuando le preguntamos qué sintió cuando el célebre investigador francés, Patrice Pavis, se presentó en su sala para ver el fruto de su trabajo, revela: “No estudié teoría teatral porque quería ser actor. Trabajaba en un espacio pequeño y, de repente, apareció este señor, y dijo que yo era “el Grotowski de Corea”. Se sorprendió cuando le pregunté: ¿quién es esa persona?”, y se ríe. Recién ahí comencé a interiorizarme sobre estilos, creadores y movimientos occidentales.

Ese acercamiento me obligó a pensar, ¿cómo pueden sobrevivir las obras teatrales aquí en Corea?”. Y amplía, “nuestro quehacer está en transición. Vivimos en una península dividida en dos países y creo que este fenómeno también aparece en nuestro trabajo. Es una disciplina artística que aún debe desarrollarse más”.

Admite que intentó escribir sus propias obras pero no resultó, entonces encontró inspiración en los clásicos. Pensó que sus estructuras eran tan nobles como un pino en la naturaleza y podía jugar al añadir textos propios. “Esas tramas tienen el poder de sobrevivir a la sociedad moderna pero no como vestigios del pasado sino en tanto reliquias de las que aún podemos aprender”, asevera. Lanza una estentórea carcajada cuando se le recuerda que lo consideran “el Quentin Tarantino del teatro”. “Es mi director favorito y sí, quizás mi estilo se parece al de él”, finaliza.

Una mirada femenina. De voz calmada y palabras mesuradas, Lee Kyung-mi, es una prestigiosa guionista y cineasta. Debutó con “Crush and blush” (2008), comedia negra sobre un profesor ruso obsesivo y desaliñado y una estudiante con quien comparte una alianza para detener un romance. Su siguiente trabajo, “The Truth Beneath” (2016) es un thriller oscuro que sigue el misterioso caso de la desaparición de la hija de un político. Aclara que le gustan también los temas de horror porque en ellos exorciza temores cotidianos. Admira a compatriotas y colegas como Park Chan-wook, uno de los más populares, que rodó en inglés “Lazos perversos” (“Stoker”) protagonizada por Nicole Kidman.

“Ser una mujer en el cine surcoreano es algo más solitario de lo que esperaba. Por eso, hay que estar preparada para la soledad en esta profesión”. No parece afligida cuando lo dice. Con una sonrisa franca, agrega: “En mis films quiero mostrar la diversidad de las mujeres pero de manera muy realista. Algo que todavía no se ve en nuestro cine que, al igual que la sociedad, es un poco machista. Pero no tengo intención de hablar sólo sobre feminismo, también quiero mostrar las variedades femeninas y evitar el estereotipo”. Sorpresivamente, cuenta: “Vi bastante cine latinoamericano. Me asombró la valentía de los roles femeninos y observar que compartimos los mismos sentimientos sobre la importancia de lazos familiares”.

Al preguntársele si el streaming será la abolición definitiva de los límites geográficos, opina: “Netflix es un buen ejemplo. Hay temor con el formato pero estimo que tiene infinitas ventajas. Una, la posibilidad de elegir qué ver y tener opciones desde celulares, computadoras o TV; otra, llegar al público internacional”. Remata de forma contundente: “Todo el arte, incluido cine, música, literatura y pintura, pueden y deben brindar una esperanza a este mundo cruel y devastador”.

Sin duda, la cultura de este pequeño pero próspero país asiático nos seguirá aportando creadores que enriquecerán el acervo cultural del mundo. Sólo hay que estar atentos y, sobre todo, disfrutar.

 

* Crítico de Teatro de NOTICIAS. (Desde Seúl).

 

 

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