Personajes / 9 de agosto de 2018

Karina Olmedo: “Para el hip-hop soy de madera”

Luego de 32 años de carrera, la primera bailarina del Colón se despide con “La viuda alegre”. Rigor, tradición y ¿futuro como actriz?

Fotos: Juan Ferrari.

El tiempo pasó rápido y la nena de Barracas recorrió un largo camino. Karina Olmedo, primera bailarina del Teatro Colón, dirá adiós al escenario que la vio nacer como artista, en una única función del ballet “La viuda alegre”, de Ronald Hynd sobre la opereta de Franz Lehár, este sábado 4 de agosto. En realidad, será un hasta pronto, dado que no descarta participar de vez en cuando en otros espectáculos. Pero ya no estará ese estricto cronograma que cada mañana la citaba en la barra en la rotonda del subsuelo del teatro, para iniciar la canónica clase que desde hace 32 años lleva inscripta en su menuda figura.

Apenas Karina avisó que se despedía, sus admiradores poblaron los grupos de Facebook con fotografías de su extenso repertorio. “Todo termina para comenzar algo nuevo, pero quien nos quita lo vivido!!!”, dice uno de los mensajes. Y así parece ser para esta juvenil veterana de la danza, con dos hijas –Camila (16) y Antonella (8)–, en pareja con Nahuel Prozzi –también bailarín de la compañía–, que recorrió junto a NOTICIAS su carrera y su vida.

Noticias: ¿Cómo fueron sus comienzos?
Karina Olmedo: Empecé a bailar de una manera insólita, a los cinco años. Mi hermana hacía voley en el Club Independiente de Barracas; mi mamá me llevaba, la esperábamos dos horas y me aburría un montón. En el saloncito de enfrente había una maestra que daba clases de danza y mamá pensó que sería bueno que hiciera alguna actividad en ese tiempo muerto. La maestra debía tener unos treinta años; me quedé anonadada con esa hada que, con un carisma fascinante, me hizo querer lo que hacía. Desde chiquita me subí al escenario y actué en miles de cosas. Digamos que piqué… ¡y ahí quedé! (risas).

Noticias: ¿Y en casa qué decían de este amor repentino?
Olmedo: En casa nadie bailaba ni entendían de ballet. Mi mamá era peluquera y mi papá trabajaba en SEGBA y a la tarde era taxista. Con el sueldo de taxista comíamos y con el de SEGBA, pagábamos la hipoteca del departamento. Mi papá, cuando era joven, fue jugador de fútbol en la Sub de Boca. Le debo mis piernas a él… (risas). La maestra le dijo a mamá que fuera a la Escuela Nacional de Danza María Ruanova. Ella me esperaba siempre, sin ella no hubiera podido hacer nada… murió hace dos años. Allí le recomendaron a una maestra muy buena, Gloria Kazda…

Noticias: Una de las grandes…
Olmedo: ¡Qué maestra, exigente como pocas! Cuando salía llorando, mis padres me decían: “No volvés”, y yo decía: “Sí, voy a volver”. Fue mi formadora como bailarina. A los catorce, me presenté para el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISATC), a los 16, para el concurso de cuerpo de baile, y a los 21, para el de primera bailarina.

Noticias: ¿Cómo fue su paso por la escuela del Colón?
Olmedo: No terminé de pertenecer nunca al ISATC, de acostumbrarme a un rigor tan formal. El primer día de cada mes nos pesaban, si subíamos de peso nos bajaban la nota, y si adelgazábamos, nos la subían. Era un estrés… He visto compañeras llorando y rogándole a la preceptora que no las pese, diciéndole: “Por favor, comí este fin de semana, pero lo voy a bajar”. Por suerte, mis padres tuvieron los pies sobre la tierra y me cuidaron, pero no fue fácil. Mi familia los domingos ponía la mesa en el patio, con vermut, entrada, pasta y tortas, no prestaban atención a si engordaban o no.

Noticias: ¿Sigue esa obsesión en la escuela?
Olmedo: Esta carrera tiene algo ingrato y es que uno no puede dejar de seguir una estética. La carrera lo requiere. El peor momento es el desarrollo. Tengo a mis alumnas en ese momento, una edad física y emocionalmente difícil, donde chicas que fueron menuditas cambian su cuerpo y no saben qué hacer con él. Siempre que noto algún problema –aumento de peso o al revés– primero hablo con los padres y recomiendo que vean a un nutricionista y hasta una ayuda psicológica.

Noticias: ¿Cómo fue su entrada al Ballet del Colón?
Olmedo: Gloria me dijo, con su acento ruso: “Mirá chiquita: hay chicas más grandes que se van a presentar y lo más probable es que se tenga consideración por ellas. Me interesa que te vean porque quizás te llamen como refuerzo o para un próximo concurso”. Fui relajada y el jurado decidió de forma unánime mi ingreso. Fue una sorpresa. Ayudaba con mi sueldo a mis padres, mi papá me agarraba poquita plata y el resto lo ahorraba y me decía: “El día de mañana lo vas a usar en ladrillitos”.

Noticias: ¿No era demasiado joven para la compañía?
Olmedo: Sí, el jurado tuvo que justificar por qué entraba una bailarina a esa edad. Pero a ningún director se le ocurrió ponerme por delante de Silvia Bazilis, Alicia Quadri, Cristina Delmagro o Raquel Rossetti, las primeras bailarinas. Antes se cuidaban muchísimo esas cosas, había una tradición: uno aprendía de la gente más grande, se nutría de su experiencia, y cuando te tocaba, uno estaba mucho más capacitado, con sólo verlos trabajar y aprender, sin tener funciones. Esa tradición caducó. La gente llega con muchas condiciones, pero sin referentes, que es lo que hace que uno ocupe un lugar por una memoria emotiva. Cuando gané mi concurso de primera bailarina, sentí que Bazilis, Quadri, Delmagro y Rossetti me pasaban la posta y sentí un orgullo impagable, recién ahí empecé a tener funciones o a protagonizar los estrenos.

Noticias: ¿Eso no es quedarse en el tiempo?
Olmedo: No. Uno debe aggiornarse, pero la tradición forma al artista. La juventud es maravillosa, un bailarín en la treintena está en su plenitud, pero no significa que pueda pasar sobre los más experimentados.

Noticias: Hablemos de su experiencia como docente.
Olmedo: Hay una actividad intelectual que debe funcionar en el bailarín, además de la técnica, y eso está bastante abandonado en la danza en general, no veo gente que se construya como bailarín. Eso trato de pasarlo a mis alumnos, que tengan un criterio y elegir lo mejor para cada uno.

Noticias: ¿Cómo fue su maternidad?
Olmedo: Un día me crucé en el escenario con mi ex marido, Sebastián Truyol, me enamoré perdidamente, me casé y tuve a mi primera hija, Camila. La felicidad que me dio ser mamá no se puede describir, y con mi segunda hija, Antonella, lo repetí. Son lo mejor que me pasó, más allá de concursos. No tuve miedo, sabía que iba a volver a bailar. Ser madre me acomodó la escala de valores.

Noticias: ¿Y cómo es estar en pareja con Nahuel Prozzi, que también es bailarín del Colón?
Olmedo: Tiene sus pros y sus contras. Nos admiramos mutuamente. Es un ser maravilloso, un papá increíble y como bailarín es súper talentoso. Pero necesitamos ensayistas para que los “rounds” sean espaciados ¡porque la confianza mata al hombre! (risas).

Noticias: ¿En una reunión de madres del colegio, es “la bailarina del Colón”?
Olmedo: Tengo una anécdota. Estaba haciendo “Manon” e invité a unas mamás. Era domingo, a la mañana fui al súper con el pelo mojado, en jogging y me encontré con una de ellas. “A la tarde te veo”, me dijo. La siguiente versión mía que tuvo fue en escena, espléndida, bajando de un carruaje con un traje lindísimo y una capelina. Les dijo a las demás: “¡Esta mañana la vi en el chino!” (risas). Eso me parece fabuloso, desacralizar a la artista, cortar con el estrellato.

Noticias: ¿En dónde le hubiera gustado trabajar?
Olmedo: Tuve oportunidades. Por ejemplo, cuando audicioné para el Ballet de Lyon (Francia) para ser contratada como solista. Tenía compromisos asumidos con el Ballet Argentino de Julio Bocca y elegí nuestro país. Aquí trabajé con grandes maestros y bailé un repertorio amplísimo, en una hermosa compañía, no ansié irme. Reconozco que tengo debilidad por las clases francesas, me encanta cómo trabajan los pies, el trabajo físico, cómo bajan de las puntas.

Noticias: Si no fuera bailarina, ¿qué habría sido?
Olmedo: Actriz. Ahora estoy estudiando teatro con Agustín Alezzo y antes lo hice con Lito Cruz. En lo sucesivo haré ballets que sean muy teatrales.

Noticias: ¿Sus hijas siguen su vocación artística?
Olmedo: En parte. Anto hace nado sincronizado, hace danza porque es necesario para nado. Y Camila es actriz, en breve estrenará una obra en Andamio 90. Además es la profesora de hip-hop de la más chiquita. De la madre no, porque es de madera, me dicen: “¡Mamá, qué mal que te sale esto!” (risas).

Patricia Casañas