Mundo / 13 de agosto de 2018

Colombia vs. Venezuela: Maduro tiene nuevo rival

El recién asumido Iván Duque eleva la apuesta contra el chavismo: bloqueo comercial con apoyo de China y Rusia.

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Nicolás Maduro cerraba el sábado pasado su discurso durante la conmemoración de los 81 años de la militar Guardia Nacional venezolana, cuando una explosión robó las miradas de quienes lo secundaban en el escenario. Su esposa Cilia Flores, Vladimir Padrino (ministro de Defensa), y otros representantes del Gobierno se agacharon. Las escolta presidencial se aprestó a cubrir al mandatario con láminas antibalas y los militares, formados frente a la tarima les abrieron paso.

La cadena nacional de radio y televisión que acompaña cada acto del presidente se cortó abruptamente. Pero poco después, Néstor Reverol, ministro de Interior venezolano, explicaba que las detonaciones que se habían escuchado correspondía a “dos drones cargados con explosivos C4” que pretendían acabar con la vida de Maduro.

“Tenemos hasta ahora seis terroristas y sicarios detenidos, varios vehículos incautados; se han practicado varios allanamientos a hoteles en la capital donde se han recabado importantísimas evidencias”, anunciaba en entrevista con la televisora estatal VTV.
“Uno de los drones sobrevoló la tribuna presidencial con el fin de activar a distancia la sustancia explosiva, pero con la instalación de equipos inhihidores de señales” se desorientó y detonó “fuera del perímetro planificado por los sicarios”, explicó Reverol. La segunda aeronave perdió el control, cayó y detonó en un edificio cercano al acto. “Se trata de un delito de terrorismo y magnicidio en grado de frustración. Están identificados plenamente los autores materiales e intelectuales dentro y fuera del país, no se descarta en las próximas horas otras detenciones”, sumó el ministro de Interior.

Aliados y enemigos. Los gobiernos de Cuba, Bolivia, Siria, Irán, Turquía y Rusia -aliados del gobierno venezolano-, condenaron el incidente de inmediato. “Nuestra condena enérgica a esos cobardes terroristas, que continúan en su perverso afán de sembrar dolor y muerte en nuestras tierras benditas”, escribió Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, en una carta enviada a Maduro.

Por su parte, Evo Morales, calificó al incidente de “delito de lesa humanidad”. “Este intento de magnicidio solo muestra la desesperación de un imperio derrotado por un pueblo valiente. ¡Fuerza hermano presidente @NicolasMaduro y pueblo bolivariano!”, publicó Morales en Twitter. “El general de Ejército, Raúl Castro Ruz, primer secretario del PCC y el Presidente Miguel Díaz-Canel, condenan enérgicamente el intento de atentado contra el presidente Nicolás Maduro”, sumó la Cancillería cubana en la misma red social (dejando en claro de paso quien manda en la isla).

Y el alto mando militar venezolano respaldó a Maduro, despejando cualquier duda sobre la autoría del ataque: “Ratificamos el más absoluto repudio a esta barbarie (sic) que forma parte de los planes desestabilizadores para cambiar, mediante mecanismos no constitucionales, el Gobierno”, expresó el ministro de Defensa, Vladimir Padrino. “Cuánto ha costado para que los actores de la ultraderecha, oligarcas, asesinos, cobardes, entiendan que el camino que han tomado los venezolanos ha sido el camino de la paz”, añadió.

Maduro fue el último en hablar. Partido y ejército ya habían convocado para ese lunes, una marcha en su apoyo. “Han vuelto a fracasar y en Venezuela tiene que haber justicia, porque han atentado contra mi vida”, manifestó el presidente venezolano enardecido. “¡Justicia!, ¡máximo castigo! Y no va a haber perdón, los que se han atrevido a ir hasta el atentado personal que se olviden de perdón, los perseguiremos y los capturaremos a donde se vayan a esconder ¡Lo juro!”, advirtió. “Se trató de un atentado para matarme, han intentado asesinarme el día de hoy (…), y no tengo duda que el nombre de Juan Manuel Santos está tras este atentado”, disparó Maduro.

La otra campana. La cancillería colombiana rechazó inmediatamente las acusaciones. “Resultan absurdos y carecen de todo fundamento los señalamientos de que el mandatario colombiano sería el responsable del supuesto atentado en contra del presidente venezolano”, marcó el comunicado.

Y desde Washington negaron cualquier participación. “Puedo afirmar categóricamente que no hubo absolutamente ninguna participación del gobierno estadounidense en lo sucedido allí”, señaló a Fox News John Bolton, consejero de Seguridad Nacional de Donald Trump.

A la par, las cadenas estadounidenses difundían otra versión de supuesto ataque. “(Es un) intento del gobierno de criminalizar a quienes se le oponen democráticamente, y profundizar la represión y la violación sistemática al Estado de Derecho”, señaló el diputado Juan Guaidó, jefe de la fracción opositora en el Parlamento venezolano, quien insistió que aún “está por verse si fue un incidente o un atentado”. “¡No queremos atentados ni auto-atentados, no queremos golpes ni auto-golpes! ¡Tampoco queremos más hiperinflación, más hambre ni más muerte por falta de medicinas!”, se sumó Jesús Torrealba, ex secretario de la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática.

Y buena parte de la oposición venezolana se mostró el martes en la asunción de Iván Duque en Colombia, donde mandatarios y representantes de América y Europa insistieron con encontrar una salida al conflicto instalado en toda cumbre de la región en los últimos años.

El más enérgico en ese sentido fue el nuevo presidente colombiano, versión incluso más dura contra el madurismo que la de Juan Manuel Santos. Enemigo declarado del régimen chavista, enarboló el tema durante su campaña electoral, y lo repitió cuando resultó elegido en junio. Pero juró que no propiciará una intervención militar en Venezuela, como reclama Trump. “Yo nunca he hablado de intervenciones militares ni de propiciar intervenciones militares”, puntualizó Duque tras su primera visita a Washington como presidente electo entonces.

“Discutimos la crisis humanitaria y las condiciones autoritarias en Venezuela y nos comprometimos a continuar presionando la restauración de la democracia”, refrendó en su cuenta de Twitter el vicepresidente norteamericano, Mike Pence.

Más presiones. Como primera medida para marcar la cancha, Duque optó por no nombrar embajador en Caracas: “No podemos aceptar una representación con un Gobierno que consideramos ilegítimo”, afirmó. Su idea es convencer a gobiernos amigos a endurecer la presión diplomática para arrinconar aún más a la “dictadura”. La vicepresidenta de Duque, Marta Lucía Ramírez, crítica también del chavismo, criticó la laxitud con que la comunidad internacional ha enfrentado a Maduro, y jura que se encargará de que se acuerde algún tipo de bloqueo comercial que asfixie más al gobierno venezolano, obligando a Rusia y China a que le suelten la mano.

Venezuela es un dolor de cabeza permanente para Colombia por el flujo migratorio que no cesa desde hace años: ya son 820.000 venezolanos los registrados legalmente para residir y trabajar de acuerdo a un decreto firmado por Santos antes de dejar la presidencia. El mismo les extiende acceso a sanidad y la posibilidad de validar sus títulos académicos. Un guiño humanitario en el fin de su presidencia, que tuvo dos posiciones opuestas con Maduro: durante los primeros siete años de Gobierno lo apoyó sin fisuras, pero cambió en 2010 cuando decidió sacar adelante el proceso de paz con las FARC (Venezuela era el santuario de la guerrilla). Duque en cambio, discípulo del ex presidente Álvaro Uribe, nunca simpatizó ni por Chávez ni por Maduro. “La situación de su mentor, el ex presidene Uribe, y las relaciones con Venezuela son precisamente puntos claves de la política colombiana en el inicio de este mandato”, señala Diana Avellaneda, politóloga de la Universidad Javeriana.
“Lo que se puede esperar es un incremento de la diplomacia del micrófono, enfrentamientos verbales”, anticipa Javier Garay, internacionalista de la Universidad Externado de Bogotá.
“Creo que el paso siguiente es la formalización de la ruptura de relaciones. Y eso llevará a un posible escalamiento de las tensiones en la frontera”, aclara el internacionalista colombiano Jairo Velásquez en entrevista con AFP.

El recién asumido Duque será la pieza clave en la guerra norteamericana con Venezuela. Así lo dejó claro Nikki Haley, embajadora de EEUU en la ONU: “Duque entiende que no es solo lidiar con Venezuela, sino hacerlo con toda el apoyo de toda la región”.