Sociedad / 21 de agosto de 2018

Oyarbide extremo: los 10 hechos más insólitos de un hombre que fue juez

Fue el juez más denunciado de la historia y también el más excéntrico. Lujos extremos, terror a la soledad y bullying judicial.

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Podría ser el villano entrañable y bizarro de cualquier ficción. Norberto Oyarbide llegó a Comodoro Py con un traje y guantes negros impecables, el cabello platinado peinado a la gomina y un paraguas con una calavera en el mango. Declaró como imputado frente a Claudio Bonadio por la causa de los cuadernos de Roberto Baratta, en los que aparece mencionado, pero lo que más se viralizó fue su espectáculo. Amenazó con darles un “garrotazo en la cabeza” a los periodistas que “se portaran mal” y pidió que no le ensuciaran los zapatos. El show siguió después, cuando se comunicó al programa de Baby Etchecopar y, entre lágrimas, aseguró que tenía miedo de que lo mataran. Hábil para esquivar las balas, excéntrico y siempre bajo sospecha, Oyarbide sigue haciendo de las suyas.

Oyarbide fue el juez federal más denunciado de la historia, con 43 pedidos de juicios políticos, y siempre logró salir indemne. En Comodoro Py sobrevivió, con una audacia sospechosa, a todos los gobiernos. Cuando parecía que llegaba su final, ni bien asumió Mauricio Macri, logró negociar una jubilación.

En 25 años de carrera, Oyarbide compuso su propio personaje. Cerró causas polémicas en tiempo récord y se animó a coquetear con la farándula nacional. Gustos exquisitos, buenos modales para negociar y un permanente sentimiento de soledad. Las diez anécdotas que describen al más paradigmático equilibrista del poder.

1. Madre y libertad. Oyarbide la nombra siempre y, en más de una entrevista, dijo que su madre, Isidora, fue la persona a la que más amó en el mundo. Vivió con ella hasta el 2007, cuando falleció y luego permaneció, hasta ahora, en el mismo departamento que compartían en Rodríguez Peña y Posadas. Sus amigos insisten en que la relación del ex juez federal con la mujer, marcó su personalidad. Además, cuentan que incluso a más de diez años de su fallecimiento, Oyarbide suele romper en llanto cuando se la mencionan. Él mismo declaró: “Mi mamá murió para que yo sea libre”, en relación con poder blanquear su homosexualidad. Además, confesó que la señora le hizo un pedido para su velorio: “Me dijo que sirviera champagne a los invitados”. De tal palo.

2. Bullying judicial. Oyarbide tiene la costumbre de cenar todas las noches en el “Mirasol Campo & Mar” de Puerto Madero, donde tiene una mesa ya asignada. Durante años se lo vio acompañado de su ex pareja, Claudio Blanco y de empresarios, famosos y políticos. “Él te llama y te dice que te invita todo, que vayas. Su pánico más grande es la soledad y por eso invita a cualquiera con tal de estar acompañado”, cuenta uno de sus comensales preferidos.

Oyarbide, a sus allegados, les cuenta que siempre se sintió diferente del resto y que esa sensación angustiante se repitió con sus colegas de Comodoro Py: los demás jueces federales no lo tenían en cuenta y tampoco lo invitaban a las reuniones de fin de año. “Le hacían bullying”, dice un conocido. Y agrega: “Cuando se hartó de querer pertenecer hizo de sus diferencias su principal característica. Ahí fue cuando sacó lo más delirante y empezó a vestirse de forma llamativa y a exagerar sus modos”.

3. Amor y negocios. A fines del 2011, Oyarbide comenzó a blanquear lo que ya era un secreto a voces: que era homosexual. La primera vez que habló del tema fue en una entrevista en La Nación donde dijo que estaba en paz consigo mismo y que su pareja era un “ser admirable”. Meses después, en enero del 2012, se conocieron las primeras fotos del entonces juez con su novio, Claudio Blanco. NOTICIAS logró las imágenes de los dos hombres tomando sol en las playas del lujoso Paradisus Palma Real, de Punta Cana.

A pesar de eso, Oyarbide cree que su sexualidad lo “marcó” en el mundo judicial. Sin ir más lejos, en abril de este año, declaró en una entrevista: “Para un determinado sector de la sociedad argentina, parece que ser homosexual y juez no es compatible”.

De lo que nunca habló Oyarbide es de las sospechas que recaen sobre su ex pareja. Blanco, profesor de educación física logró convertirse a su lado en un hombre de negocios. En 2011, fue nombrado socio de Consorcio Creba, una empresa destinada a la generación y distribución de energía que pidió subsidios y prometió una inversión de 35,5 millones de dólares. Nada mal para ser un novato en el mundo empresarial.

Después de ocho años de amor, sin embargo, Oyarbide y Blanco ahora están separados. Se habla de un tercero en discordia y de que el ex juez podría haberle soltado la mano al profesor.

4. Excéntrico y ostentoso. El departamento de Oyarbide podría ser la materialización de su personalidad. Cuadros, esculturas y un piano de cola son los objetos destacados del living, cuyas paredes están forradas de terciopelo colorado. En el baño, los invitados se sorprenden al ver una bañera de mármol de Carrara con las iniciales del ex juez incrustadas en oro. Su despacho tenía el mismo estilo y, cuando se retiró, decidió llevar parte de las obras de arte que tenía en Comodoro Py al restó “El Mirasol Campo y & Mar”. Su pasión por ostentar riquezas lo llevó a la Justicia. Después de jactarse durante años de tener un anillo de diamantes de 250.000 dólares, tuvo que dar explicaciones sobre el origen del dinero para semejante joya.

5. Esa costumbre de llorar. Sus conocidos insisten con que Oyarbide es (o quiere demostrar ser) sensible y fácil de emocionar hasta las lágrimas. No es un secreto: el ex juez lloró esta semana por radio, lloró en entrevistas que dio para diarios y revistas y lloró también en televisión cuando fue invitado por Georgina Barbarrosa, luego de su jubilación. “A veces pensás que está desequilibrado y a veces pensás que es un manipulador estrella”, confiesa un conocido que lo vio “quebrarse” en los momentos menos pensados. “Un día estábamos hablando de una causa, me contaba detalles del fallo y cuestiones jurídicas y de pronto hizo silencio. Bajó la cabeza y se largó a llorar. Dijo que se había acordado de su mamá”, agregó.

6. Debilidad por las tablas. La música lo inspira. Oyarbide baila y canta cada vez que puede y, con los años, se fue animando a despegarse de la imagen pacata de juez. El escenario le fascina y cada vez que lo invitan a una fiesta, los anfitriones saben que se va a llevar el protagonismo ya que suele agarrar el micrófono frente a todos para recitar poesía o entonar alguna canción. Lo hizo en un cumpleaños de Marcos Gastaldi, el marido de Marcela Tynaire, donde leyó un poema; también en el cumpleaños del empresario Carlos Abdo, donde se lució bailando un tema de los “Wachiturros” junto a Guillermo Cóppola, Ricardo Caruso Lombardi y el “Bambino” Veira, entre otros; en un show de “La Mona” Jiménez en Córdoba, donde cantó con el cuartetero un tema y bailó el hit “Beso a beso”.

Los espectáculos improvisados del ex juez siempre se viralizan y a él le encanta. Quizás el más conocido de todos sus actos fue cuando se lo vio bailar junto a sindicalistas del gremio de los taxis. Cuando aprietan play, Oyarbide no se puede contener.

7. Siempre champagne. “Toma a toda hora”, dicen quienes lo conocen. Es que como todo buen bon vivant, Oyarbide es un fanático del champán. Almuerza y cena con esta bebida y es tal su devoción, que incluso la toma entre comidas.

Su amor por el espumante lo llevó a componerle una oda: “Si estoy solo, tomo champagne. Si estoy acompañado, siento irresistibles ganas de tomar champagne. Si estoy triste, bebo champagne. Si estoy contento, con más razón, bebo champagne. Si tengo hambre, bebo champagne. Si no tengo hambre, también bebo champagne. Cada vez que tengo sed, bebo champagne”, dice su obra literaria.

Es tal el fanatismo que incluso se lo inculcó a sus perros. “Yo tomo y ellos beben un poquito que dejo en mis labios. Pasan su lengüita y se saborean. Te das cuenta que se regocijan con el champagne”, confesó.

8. Lugar en el mundo. Durante décadas, el spa porteño “Colmegna” fue una especie de oficina informal del ex juez, donde era un cliente vip. Varias veces por semana, utilizaba el sauna y las instalaciones del lugar, le hacían masajes y, en general, aprovechaba para dormir una breve siesta. Todos recuerdan cuando festejó allí uno de sus cumpleaños: todos los invitados, en bata, pudieron disfrutar de la música en vivo de la orquesta “La camerata Bariloche”. Una vez, se cruzó allí con Mauricio Macri.

9. Apriete y buenos modales. Hasta ahora, la Justicia nunca pudo probar la mala fama que tiene. En el imaginario popular, y según la denuncia de incontables legisladores y funcionarios, Oyarbide habría usado los expedientes que tenía bajo su órbita de forma poco ortodoxa. Los cuadernos de Baratta volvieron a ponerlo en la mira. NOTICIAS fue testigo de esas conductas. A fines de los ‘90, el juez federal (que acababa de protagonizar el escándalo de “Spartacus”) tuvo una reunión con el entonces director de la revista, Héctor D’Amico. Lo recibió en su despacho y, lo primero que hizo, fue largarse a llorar y contar el drama mediático que atravesaba. En el medio de una conversación que tenía como fin concertar una entrevista periodística, Oyarbide frenó a su interlocutor: “Tengo cosas suyas”, le dijo. Una denuncia anónima –y disparatada– que se había presentado en el juzgado de Dolores afirmaba que D’Amico les vendía drogas a los periodistas de la revista y que se prostituía con el hombre que le proveía los estupefacientes. Por esa acusación, Oyarbide pudo “pinchar” los teléfonos de los periodistas de forma legal. “Era mi obligación investigar”, se excusó. La causa fue cerrada y no se comprobó ningún delito.

10. La mancha que no se borra. La carrera judicial de Oyarbide tuvo un antes y un después de 1998. Ese año, Luciano Garbellano, un taxi boy devenido en empresario, denunció que el juez le vendía protección para su prostíbulo Spartacus y que recibía por ello una suma mensual de entre 10.000 y 15.000 dólares. Más aún, afirmó que Oyarbide también cobraba con servicios de los taxi boys que trabajaban en el lugar.

El magistrado negó en un principio las acusaciones aunque luego reconoció que concurrió en “contadas ocasiones”, aunque aseguró que desconocía que en ese lugar se ejerciera la prostitución. El escándalo creció y amenazó con llevarse puesta su carrera, pero una vez más hizo gala de su equilibrio. Fue a juicio político y el Senado precisaba dos tercios de los votos para destituirlo. Con muchos legisladores abocados a tareas más urgentes y en pleno revuelo mundial, el peronismo le tiró una soga y votaron por su absolución. Así, Oyarbide pudo regresar a su despacho de Comodoro Py por otros 15 años.

Diez historias que describen quién es Oyarbide, el hombre que ahora quiere ser un arrepentido de la Justicia. En los últimos días, sus enemigos públicos pidieron que se le realice una pericia psiquiátrica para saber si está en sus cabales. Él, platinado, llora y no se sabe si es o se hace.

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