Economía / 24 de agosto de 2018

Redrado: “El equipo económico está en medio del río y le cuesta dar brazadas”

El ex presidente del Banco Central advierte que sube el dólar, se pierden reservas, no baja la tasa de interés y el riesgo país es récord desde 2015.

Por

El equipo económico se encuentra en el medio del río. Le cuesta cada vez más dar brazadas para llegar hacia la otra orilla y cuando busca hacer pie, se encuentra con un fondo resbaladizo. En este contexto, la prioridad es encontrar un tipo de cambio que le permita comenzar a hacer pie al resto de la economía.

Cada semana, se van encontrando explicaciones que lejos de traer calma sólo demuestran que se corre detrás de los acontecimientos. Una semana es la guerra comercial Estados Unidos-China, otra es Turquía, otra los cuaderno-gate y así sucesivamente. Las variables “no responden” a estos argumentos: sube el dólar, se pierden reservas, no baja la tasa de interés y el riesgo país es récord desde 2015, por sólo mencionar algunas distorsiones.

Desde mi visión, el tema de fondo es que nunca se planteó en serio un programa macro para atacar los desequilibrios fundamentales: el elevado déficit externo, el fiscal, la sostenibilidad de la deuda y el corolario de la elevada inflación por ausencia de una conducción económica con un enfoque de equilibrio general.

Frente a la volatilidad de los mercados internacionales, el gobierno se “abrazó” al acuerdo con el FMI como sustituto de un plan de estabilización y crecimiento sólido. Pero éste no es un programa integral, es apenas un ajuste fiscal y cambiario, y un refuerzo parcial del financiamiento en dólares. A poco de andar, pasó la luna de miel de 30 días y los mercados ya internalizaron que este acuerdo no soluciona nuestra crisis de confianza, ni mucho menos las vulnerabilidades de nuestra economía.

Para encontrar un comienzo de solución, el primer paso debe ser estabilizar el valor de la divisa. El camino debe andarse con un BCRA con capacidad de “sorpresa” en términos operativos. Es decir, pasar por encima de las expectativas de la ciudadanía. Para una economía en transición como la nuestra, hacia un sendero de estabilidad es necesario generar distintas opciones de liquidez en dólares e intervenciones anticíclicas. Cuando la autoridad monetaria deja operar con demasiada volatilidad, se descansa solamente en subir la tasa de interés al nivel que sea necesario para generar atractivo a permanecer en pesos, soslayando los costos que esto tiene sobre el sistema productivo. A la luz de lo ocurrido en los últimos días, es recomendable que el equipo económico genere líneas de financiamiento contingente con otros bancos centrales, que puedan respaldar a la autoridad monetaria argentina.

Por su parte, en el terreno fiscal, si se toma como cierto el cumplimiento de la meta de un déficit primario de 1,3% del PBI para 2019, asumiendo que no se renueva el 20% del stock de Letes y considerando sólo los vencimientos de capital e intereses netos de la porción que se encuentra en poder del sector público, las necesidades netas en el mercado ascenderían a unos U$S 20.000 millones, sumando pesos y dólares. El FMI aporta unos U$S 11.700 millones (las cuatro cuotas del año próximo) y, en función de cómo se logren renovar los vencimientos de letras en dólares de corto plazo, la cifra de necesidades puede ampliarse.

De esta forma, el programa de financiamiento muestra necesidades netas por USD 7.500 millones para 2019. Es decir, sólo deben lograr esta cifra, ya que el resto de los compromisos son en pesos. Ningún país en el mundo defaulteó por una cifra tan baja. La caída en los precios que vienen experimentando los bonos argentinos no es acorde con la situación actual. Sin embargo, debe monitorearse la evolución de la deuda pública de Argentina con privados y organismos internacionales, es decir neta de sector público, que ascendería en 2019 a 42,1% del PBI desde el 22,4% del PBI en 2015. Si bien no se trata de niveles críticos, se debe tener en cuenta que es un valor que ya está en línea con el promedio de Latinoamérica (43,4% del PBI en 2018).

En este contexto de devaluación y ajuste fiscal, se inauguró una nueva fase recesiva (IIT-18: -4,1% i.a.). Esto significa un retorno al péndulo de años pares de recesión con años impares de crecimiento. La principal diferencia con la salida de crisis anteriores será la ausencia de un impulso fiscal, en el marco de las metas acordadas con el FMI, lo que implicará un desafío para volver a niveles previos.
Cada nuevo evento genera una recesión más intensa y prolongada. En la proyección del equipo de Fundación Capital, la contracción de la actividad demora cuatro trimestres. La fuerte caída inicial y la falta de motores claros, a excepción del agro y del sector externo, metas exigentes y la ausencia de espacio fiscal para estimular el consumo y la inversión, implicarán un crecimiento más moderado hacia delante con mayores dificultades incluso para alcanzar los niveles anteriores.

En materia de empleo, en junio cayó por primera vez en 16 meses el empleo en las grandes empresas de la construcción (-0,6% i.a.) y en la industria manufacturera (-0,9% i.a.) sumando 28 meses de deterioro, similar baja mostró el empleo en el transporte (-1% i.a.) confirmando 18 meses de caída. Las expectativas netas de aumento de la dotación de personal tocaron un mínimo en junio desde 2009. Las empresas de obra pública son las que muestran las peores expectativas, en este sentido, un 52% estima reducir la dotación de personal mientras sólo un 5,2% prevé incrementarla. En la industria, el 21% de las empresas espera una reducción y sólo el 8,6% estima incrementar su dotación de personal.

En síntesis, se necesita un programa que pueda resolver las vulnerabilidades de la Argentina. Para alcanzar el crecimiento, es preciso potenciar las principales variables de la economía. Deben expandirse el consumo, las exportaciones y la inversión, todo en conjunto. Un programa de estabilización y crecimiento debe marcar y respetar un sendero claro de desinflación junto a la convergencia del gasto público nacional y provincial, la emisión monetaria, la política salarial y los precios de bienes y servicios estratégicos.
Alcanzar el crecimiento implica potenciar nuestra matriz productiva. Ello requiere un plan que complemente al de estabilización y que descanse sobre dos vectores que promuevan la competitividad y las inversiones: una revolución exportadora y una revolución fiscal. El camino hacia un desarrollo sustentable es la generación de dólares genuinos a través del comercio, donde se haga un análisis producto por producto, mercado por mercado, para financiar la expansión económica. Sólo así llegaremos a la otra orilla del río.