Cine / 25 de agosto de 2018

El Justiciero 2

Denzeln Washington, mortífero con la daga, la trompada, el rifle y la sonrisa.

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***1/2 La clave para que una película de una violencia que orilla –a veces traspasa– el sadismo nos resulte divertida y mantenga nuestro interés es el personaje. En realidad, todo cine narrativo tradicional requiere del personaje como puente. Y el personaje depende no sólo de cómo lo filma el director sino de cómo lo moldea el actor. Dicho de otro modo, sin Denzel Washington esta especie de “agarremos ‘El Vengador Anónimo’ y usemos la computadora para montar mejor y hacerlo más sangriento, violento y aparentemente realista” sería nada más que una especie de copia de “El vengador anónimo” con computadora para montar mejor y hacer más sangriento y realista el asunto. Como tomar una lámina para colorear y llenar los espacios con un color más fuerte que el del modelo. Pero Denzel, que es un señor que aprendió el arte de la autoironía, combina en su personaje de un tipo durísimo que sale a cazar agentes de la CIA y asesinos que le mataron a la mejor amiga, momentos de una dureza y peligro terribles con esos gestos de “no, esto es increíble pero me divierte”, que equilibran toda la película. El artesano Antoine Fuqua (que a veces la pega y otras veces no: “Día de entrenamiento” y “Shooter” están bien; “Lágrimas del Sol” y “Rey Arturo”, no) inventa algunos buenos momentos de acción que transforman el drama en un juego de parque de atracciones para adultos, y el carrito en el que nos subimos es el auto de don Denzel, mortífero con la daga, la trompada, el rifle y la sonrisa.

(EE.UU., 2018, 121′) Suspenso. Dirección: Antoine Fuqua. Con Denzeln Washington. AM16.