Economía / 2 de septiembre de 2018

El futuro ya llegó a China, pero tardará en arribar a la Argentina

Huawei, segundo mayor fabricante de celulares del mundo, avanza en la frontera tecnológica, pero demora la oferta premium en nuestro país.

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Ciudades con semáforos que se apagan si no hay tráfico y tantas cámaras que minimizan la presencia policial. Vacas lecheras que con inteligencia artificial producen 420 dólares adicionales por año. Un nuevo pueblo con palacios de estilo francés pero vecino de Shenzhen, el Silicon Valley creado en el sur de China.

Todos esos son inventos de Huawei, la empresa del gigante asiático que hace 30 años fundó Ren Zhengfei para ofrecer infraestructura de telecomunicaciones pero que en los últimos meses sobrepasó a la norteamericana Apple como segunda mayor marca mundial de celulares, sólo por detrás de la surcoreana Samsung. Pero no es sólo cuestión de cantidad. Si bien los primeros teléfonos Huawei que llegaron a Latinoamérica hace seis años confirmaban el antiguo estereotipo de productos chinos de baja calidad, su tecnología ha progresado hasta ponerse en la vanguardia en parámetros como duración de la batería o inteligencia artificial en las fotos. Lamentablemente, la llegada a la Argentina de los celulares de alta gama de Huawei deberá esperar por la devaluación local, que los ha encarecido en pesos, según advirtió esta semana el vicepresidente global de marketing de productos de consumo masivo (teléfonos, relojes, tablets y laptops), Jim Wu, en Shenzhen.

“Planeábamos una gran expansión del negocio, pero la devaluación fue muy fuerte y debemos ser cautos”, comentó Wu en lo que Huawei llamada su “Universidad”, un centro de capacitación donde los empleados son identificados al ingresar con tecnología de reconocimiento facial. Allí duermen la siesta en sillones. “Aún queremos hacer negocios en la Argentina, porque tenemos el requerimiento de producir localmente, pero esta devaluación incrementa los costos y además los impuestos son muy altos”, completó el ejecutivo. La Argentina e India son los únicos dos países fuera de China donde se ensamblan los Huawei. En 2017, esta marca de celulares fue la cuarta más ensamblada en Tierra del Fuego, detrás de Samsung, la surcoreana LG y la estadounidense Motorola. En la isla se arman 1,5 millón por año. Sólo en la fábrica de Huawei en Dongguan, cerca de Shenzhen, unos 20.000 empleados asistidos por robots musicalizados fabrican 2 millones por mes.

Ante las declaraciones de Wu, el director de consumo de la empresa china en la Argentina, Aaron Li, reaccionó desde Buenos Aires: “Huawei se toma muy seriamente su estrategia de negocio en la Argentina debido a la importancia que tiene este negocio, no sólo por sí mismo sino también a nivel regional”. La compañía es fuerte en México, pero aún no aterrizó en Brasil. “El compromiso con la Argentina es de largo plazo, ha operado aquí por más de 17 años. También es importante aclarar que las consideraciones (de Wu) sólo aplican para nuestra área de negocios de consumo. Todas las relaciones comerciales de nuestras áreas de negocios con operadoras telefónicas y con compañías se mantendrán exactamente iguales”, abundó Li.

Aunque Huawei se haya hecho conocida en la Argentina y en muchos otros países por los celulares promocionados por Lionel Messi, su negocio original sigue siendo con el que más factura en el mundo: 42.500 millones de dólares anuales, frente a 26.300 millones de consumo masivo y 5.900 millones de productos para empresas. No por nada conecta a un tercio del planeta y ha sido pionera en desarrollar la futura red 5G, que no sólo mejorará la calidad de servicios como Netflix sino también impulsará el control remoto de maquinaria, heladeras, autos, cirugías médicas, estacionamientos o cañerías de agua. Huawei ocupa el puesto 72º en el ranking de las 500 más grandes del planeta, según la revista Fortune. Su avance, no obstante, se encuentra en entredicho después de que este año, en plena guerra comercial con Estados Unidos, allí se dejarán de comercializar sus celulares, mientras que el Parlamento británico analiza eventuales riesgos para la seguridad nacional por la creciente dependencia de la tecnología china.

Huawei significa “logro chino”. Para exhibirlo, su fundador y actual tenedor del 1,4% de las acciones (el resto se reparte entre la bolsa y entre los 180.000 empleados) impulsó la construcción del nuevo pueblo llamado Europa, cerca de Shenzhen. Allí se mudarán a fin de año 25.000 empleados. Ren eligió ese nombre y esa arquitectura para que el Viejo Continente, que antecedió a China en el camino al desarrollo, les inspire ideas. Aún el gigante asiático cuenta con un PBI per cápita de 8.000 dólares, un tercio menos que la Argentina. Las zonas rurales pobres se contraponen al salto tecnológico de ciudades como Shenzhen, que en 40 años y bajo la planificación estricta del régimen de Beijing pasó de albergar 110.000 habitantes, sobre todo pescadores, a cobijar 20 millones, en especial técnicos e ingenieros.

En Beijing se encuentra uno de los 14 centros de investigación y desarrollo de Huawei, en los que se emplea casi la mitad de su personal, unas 80.000 personas. Allí 10.000 de ellos prueban celulares. Hay máquinas que los enchufan y desenchufan o les aplican el peso de alguien que se sienta con su teléfono en el bolsillo trasero, y así lo repiten miles de veces en cada aparato. Otra maquinaria arroja con violencia al suelo 20 veces cada celular. También se practican pruebas de agua y temperatura. En otra se comprueba que al manejar a alta velocidad se complica la captación de las ondas electromagnéticas.

Huawei también investiga fuera de China: en Rusia emplea a matemáticos; en Francia e Italia, diseñadores: en Alemania, expertos en microondas; y otros especialistas en Reino Unido, Estados Unidos, Japón, Suecia, Corea del Sur e India. Nada de Latinoamérica. Huawei además ha hecho acuerdos con otras empresas para mejorar sus productos: con Leica, por las cámaras; con Dolby, por el sonido; con Porsche, por el diseño, pero también con Google, Microsoft, Audi y Swarovski. También investiga con Volkswagen, Samsung, Intel, Apple, Roche y Johnson & Johnson. Su obsesión: dejar atrás la percepción de mala calidad china.