Política / 8 de septiembre de 2018

La trastienda de la salida de Mario Quintana

Por qué no tuvo cargo consuelo el “Negro”. Su poema.

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Cuando Mario “El Negro” Quintana entró a la Quinta de Olivos, el domingo 2 por la mañana, no imaginaba que seguiría siendo los “ojos” de Macri por sólo unas horas más. No podía suponer que de toda la danza de nombres que se iba a desatar en ese día de furia sólo él sería expulsado del Gobierno. Nadie más: parece que todas las culpas de los fracasos oficiales cayeron sobre los hombros del otrora secretario de Gobierno. Ni siquiera le ofrecieron un cargo consuelo como sí lo hicieron con su amigo Gustavo Lopetegui. “Si me lo pedía el Presidente no podría haberme negado”, se lamentó Quintana en privado. Y se encargó de desmentir que le hubiera llegado algún tipo de propuesta para continuar. La señal es clara: el ex Farmacity no tenía más remedio que renunciar.

En política, cómo describe el ex presidente uruguayo, José Mujica, hay que volar “cortito y rápido, como una perdiz”. Quintana, que hasta los 48 años se había encargado de amasar una fortuna de más de $ 60 millones, llegó tarde a las primeras ligas de la función pública y, parece, nunca compartió la máxima del mandatario vecino. Así le fue: en tres años acumuló broncas de gran parte de los funcionarios, que estaban hartos de tener a Quintana respirándoles encima “Es un rompehuevos, muy frontal”, sintetizó un ministro. El empresario, que hasta el lunes 3 era el Secretario de Coordinación Interministerial y vicejefe de Gabinete de Marcos Peña, se despidió ese mismo día con su estilo particular: leyó un poema budista en el Salón de las Mujeres de la Rosada ante su equipo de 30 personas. Cuentan los que estuvieron que fue un momento emotivo. Pero la angustia, como dice el tango, la tuvieron que “manyar” rápido: Andrés Ibarra, hasta entonces el ministro de Modernización que se estaba probando la ropa que Quintana iba a dejar, llegó para ocupar su oficina. A varios le pareció una ironía, ya que los dos hombres mantuvieron una sorda tensión durante la gestión.

Mañana. El futuro de Quintana es una incógnita. No quiere volver al mundo privado, y a fines de agosto vendió el 3% de las acciones de Farmacity que le quedaban, porcentaje por el que fue imputado por la Justicia que investiga si benefició a su ex empresa desde su cargo. Teniendo en cuenta cómo funciona esa institución, quizás la vida del ex CEO se complique si la oposición gana en el 2019. Quintana tiene el deseo de quedarse cerca de la política. Si fuera así más de un macrista debería temer: no hay peor enemigo que un aliado desahuciado y Quintana, como él se definió, es “un negro complicado”.