Mundo / 13 de septiembre de 2018

Italia por el camino argentino si se corta su financiamiento europeo

La península pierde el apoyo del Bloque Común Europeo y se encamina a una crisis. Estados Unidos y China sus posibles salvadores.

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Italia está trabajando para reducir la deuda pública, que actualmente es del 132 por ciento del PBI. Miles temen por sus puestos de trabajo.
Italia está trabajando para reducir la deuda pública, que actualmente es del 132 por ciento del PBI. Miles temen por sus puestos de trabajo.

Un gobierno inestable, una distancia cada vez mayor con la Unión Europea y proyectos económicos “incoherentes”, son algunos de los factores tenidos en cuenta por la agencia de calificación Fitch, para bajarle el pulgar a la economía italiana. El reporte se esperaba con atención en el gobierno, tras la ampliación del período de evaluación anunciado por otra agencia, Moody’s, semanas anteriores.

Tras ordenar sus finanzas, el Gobierno italiano deberá presentar a mediados de octubre sus directrices presupuestarias a la Comisión Europea, ante pronósticos que hablan de que su crecimiento estará tres décimas por debajo de lo pensado, exponiéndose a un rotundo aplazo por parte del Bloque. “En la actualidad, la zona euro no dispone ni de las herramientas ni de las instituciones para enfrentar una crisis grave de la deuda italiana”, fue el mensaje que llegó desde Francia, mostrando que las relaciones entre ambos países está lejos de ser amigable.

Así, la nueva coalición en el poder deberá prestar atención al documento que enviará a la UE, ya que será muy difícil aunar los apuros de una economía en retroceso y las promesas realizadas en campaña. Sin embargo, el déficit excesivo y la tensa relación del bloque “soberanista” con Bruselas no parecen ser las prioridades del gobierno liderado por Giuseppe Conte: la preocupación en el corto plazo es calmar a los inversores extranjeros.

Si el gobierno de Roma no logra convencer a los accionistas de que tiene el control sobre la deuda pública, las tensiones no sólo pondrían en jaque al gobierno populista sino que podrían generar una crisis que empuje a la sociedad a decidirse a favor de la salida de la zona euro, algo que Salvini y Di Maio no dudarán.

La caída de algunos mercados emergentes, como Turquía y Argentina que se hicieron sentir en Italia, el costo político luego del desplome del Puente Morandi en Génova, un Mediterráneo bloqueado y el pedido de radicalización de la política migratoria y los coqueteos cada vez más peligrosos de Salvini con Viktor Orbán, el xenófobo presidente húngaro, hacen pensar que las alertas sobre Italia no son exageradas.