Política / 13 de septiembre de 2018

Las grietas entre Caputo y Dujovne y dentro del empresariado

El tipo de cambio divide aguas en el equipo económico. Los hombres de negocios, entre apoyar al Gobierno y soltarle la mano.

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Cero diferencias”, niegan cerca del presidente del Banco Central, Luis Caputo, cuando se consulta sobre peleas con Nicolás Dujovne. “No estoy al tanto”, matizan en el entorno del ministro de Hacienda. Altos dirigentes del PRO reconocen las disidencias mientras Dujovne y el vicepresidente del Central, Gustavo Cañonero, negocian en Washington un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), sólo tres meses después de firmado el anterior. Más allá de los chispazos, están condenados a convivir, por lo menos hasta que se selle el pacto con la directora gerente del FMI, Christine Lagarde.

Pero las grietas no sólo atraviesan al “equipo”, como autodenominan los funcionarios amarillos a su gobierno. También al círculo rojo, como bautizó el presidente Mauricio Macri al establishment del que emergió. “Hay una grieta entre los que siguen apoyando y los que le soltaron la mano”, comentaba un directivo de la Unión Industrial Argentina (UIA) mientras, al son de Yamile Burich & Ladies
Jazz, esperaba una minihamburguesa en un food track instalado en el after office de la conferencia anual de la entidad, este 4 de septiembre en Parque Norte.

“Nico y Toto tienen diferencias sobre cómo debe intervenir el Central en el mercado cambiario”, explica uno de los más poderosos funcionarios de Cambiemos. Dujovne y el antecesor de Caputo, Federico Sturzenegger, habían aceptado en junio pasado que el FMI impusiera restricciones al uso de reservas y a las intervenciones con dólar futuro, de modo tal que se dejara que el peso se devaluara y que así se licuara parte del abultado déficit fiscal. “Nico entiende la postura del FMI, pero Toto quiere que lo dejen usar más dólares para evitar una mayor devaluación”, explica el dirigente del PRO, que pidió conservar el anonimato.

A partir del acuerdo de junio, el Central se limitó a licitar una cierta cantidad diaria de divisas a determinado precio, pero en muchas oportunidades el mercado demandaba menos. Este 5 de septiembre, un día después de que Dujovne y Cañonero comenzaran a negociar con Lagarde, Caputo, que se quedó en Buenos Aires para monitorear el tipo de cambio, cambió de estrategia: además de licitar, empezó a liquidar reservas para bajar el dólar a 38 pesos.

“Toto venía diciendo que el mercado ya le había tomado el timing a las licitaciones, el Central seguía perdiendo reservas y el dólar no dejaba de subir”, comenta el confidente del PRO. “Nico no quería que se perdieran tantas reservas. Toto le contestó que él tampoco y que con sus intervenciones más contundentes al final perdería menos”, agrega.

Egos. En las principales sociedades de bolsa dan por cierta la pelea en el equipo económico y la atribuyen a los objetivos contrapuestos que persiguen uno y otro: Dujovne, el rojo fiscal y Caputo, la estabilidad del peso sin que desde la política lo acusen de regalar reservas. Pero uno de los economistas más escuchados en la City atribuye los roces a un “problema de egos”: “Caputo quiere que el nuevo acuerdo le dé más flexibilidad para intervenir y se dio cuenta de que el Fondo está duro con eso porque no entiende que esta es una economía bimonetaria, que hay un riesgo de que, cuando venzan, los pesos de las Lebac (Letras del Banco Central) y los plazos fijos se pasen a dólares. Pero no creo que a Nico le moleste esa flexibilidad. El tema es que en el Gobierno a Caputo lo toman como a Messi y Nico se come el desgaste. Entonces, cualquier tema los lleva a discutir”.

Tras la última corrida cambiaria, en el agitado fin de semana del 1º y 2 de septiembre, desde el oficialismo se rumoreó la salida del ex consultor económico y comentarista de TV que viene cumpliendo con la meta fiscal de 2018, no con la del ex gestor de patrimonios offshore que asumió el cargo en el Central cuando hace tres meses el dólar costaba 28 pesos. Con más conocimientos sobre comunicación y más estrecho contacto con Lagarde, a Dujovne le molestó que Caputo promoviera que Macri diera aquel breve mensaje grabado del 29 de agosto en el que dio por hecho algo que aún se discute con el FMI: un préstamo que cubra todas las necesidades financieras de 2019, si es que los supuestos pesimistas de la economía no empeoran. En uno de los mayores fondos de inversión de Estados Unidos con presencia en Latinoamérica se muestran más heterodoxos que Macri y el FMI: vaticinan que, al igual que en 2001, el objetivo del déficit cero en 2019 conducirá a la Argentina a una de sus peores recesiones, con lo que la recaudación tributaria resultará menor a la prevista y las necesidades de financiamiento acabarán siendo mayores a las presupuestadas.
“Algunos oficialistas agitaron ruidos de cambios, como (Emilio) Monzó y Horacio (Rodríguez Larreta)”, retoma la conversación el poderoso dirigente del PRO antes citado. “Pero el FMI quiere sostener a Nico porque es el que aplica el programa. Mientras él esté negociando el nuevo acuerdo, tendrá que quedarse en su puesto. Lo mismo pasa con Toto”, añade.

Otro dirigente de larga trayectoria en el PRO analiza: “A Caputo no lo va a tocar porque Macri tiene una relación personal con él, es el que le manejaba la plata. En cambio, a Dujovne lo dio por renunciado el sábado (1º de septiembre). Macri se quedó ese día en su quinta, Los Abrojos, y ahí recibió a (Carlos) Melconian, con quien venía hablando toda la semana. Macri quería dar así un mensaje a los mercados de que quería aplicar el plan de Melconian, de ajuste con retenciones, pero en realidad no quería sumarlo porque lo considera soberbio y por su mala relación con (el jefe de Gabinete, Marcos) Peña. No es verdad que Melconian pedía la cabeza de Peña o Caputo para aceptar el cargo, eso es lo que dejaron trascender. Macri es el gatopardismo en estado puro: cambiar todo para que nada cambie.

Al final, en vez de tener un ministro de Economía fuerte, como pedía el mercado, se quedó con un ministro debilitado. En cambio, Peña quedó fortalecido: Macri tiene una subordinación mental hacia él. Cree que fue el que lo llevó a las victorias de 2015 y 2017 y el que lo llevará a ganar en 2019. En el gabinete lo llaman Lopecito”. El apodo recuerda al del ministro de Bienestar Social que dominaba a Isabel Perón en su presidencia, José Lopez Rega. No corrieron la misma suerte los empresarios que actuaban como vicejefes de Gabinete, Gustavo Lopetegui, que seguirá influyendo como asesor presidencial, y Mario Quintana, que se marchó a su casa. En su lugar ha quedado un ejecutivo con un perfil distinto, que siempre fue empleado de Macri, tanto en el sector privado como en el público: Andrés Ibarra.

Uno de los ministros rebajados a secretarios en un intento por mostrar austeridad aporta sus impresiones: “Fue un fin de semana horrible, uno de los peores, no sé cuánto había de rumores, de cierto, si se ofrecieron cargos, por qué no se aceptaron, pero Nico va a seguir porque la situación es delicada y tiene gran capacidad como economista y comunicador, está poniendo el cuerpo a las balas y no es fácil cambiar ahora de interlocutor con los organismos internacionales”. También se refiere a Caputo: “Está firme. Tiene experiencia para enfrentar los embastes de afuera y de adentro. No descarto una conspiración de políticos, banqueros y empresarios afectados por los cuadernos K que provoque alteraciones artificiales en el mercado”. Elisa Carrió no está sola con sus especulaciones, aunque los conocedores del mundo financiero las descarten de plano.

Denuncias. La también diputada Graciela Camaño prepara una denuncia para que se investigue quiénes han estado detrás de la corrida cambiaria que comenzó con Sturzenegger, pero sospecha que más bien haya oficalistas y amigos entre sus beneficiarios. Mientras, el fiscal Jorge Di Lello imputó este 4 de septiembre a Macri, Peña, Dujovne y Caputo por presunto abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público por firmar el pacto con el FMI sin el respaldo del Congreso, según la denuncia del ex diputado Claudio Lozano y el dirigente social Jonatan Baldiviezo.
En el empresariado observan azorados. “Los empresarios siempre son oficialistas porque en este país dependen del Gobierno, si devalúa, si mete retenciones”, comentaba un consultor que pasó por Parque Norte. “Lo llamativo es que ahora la discusión no es si a Macri lo reeligen en 2019 sino si llega o no a terminar su gobierno. ¿La va poner de candidata a (la gobernadora María Eugenia) Vidal? Los empresarios descartan que gane Cristina (Fernández de Kirchner). Ven más probable a un peronista racional, no es que lo deseen, pero lo ven así: a un (Sergio) Massa, un (Juan Manuel) Urtubey, un (Sergio) Uñac”, completaba el consultor.

En la City, el operador de uno de los principales agentes de bolsa apuesta por Roberto Lavagna, por su experiencia como ministro de Economía: “En el mercado no creen completamente que Macri aplique el déficit cero en un año de elecciones, salvo que planifique entregar al poder. Se lo imaginan a Lavagna porque Cristina está hundida por la corrupción y a Massa no lo ven con una dirección clara”. Pero en la banca extranjera uno de sus máximos representantes sigue encomendándose a Macri: “Lo que pasa no es culpa de él. El mundo se pregunta cuándo los argentinos nos vamos a poner de acuerdo para hacer el ajuste. Hay un quilombo de órdago porque el Gobierno y la oposición tienen problemas políticos”. Ni en las entidades nacionales, Jorge Brito, accionista del Banco Macro y único empresario al que Macri vetó como aportante de campaña, festeja las desgracias del Presidente. Las acciones del Macro en Estados Unidos caen 61% en 2018, mientras el resto de las compañías argentinas derrapa allá entre 33% y 72%, con la sola excepción de Mercado Libre (+1,9%).

After. “Hay que apoyar al Gobierno”, sostenía un ejecutivo de una multinacional en el after office de la UIA, regado por pintas de cerveza y botellitas de espumante. ¿Qué significa apoyar? “No subir precios, no despedir, invertir, pero está cada vez más difícil”, respondió. Lo escuchaba uno de los máximos dirigentes de la UIA, que advertía: “Primero se recortan las horas extra, después los empleados eventuales, después los temporales y después los efectivos”. Empresarios de la industria electrónica de Tierra del Fuego reconocían centenares de retiros voluntarios. Los de las automotrices analizaban suspensiones, pese a que la producción crece porque la exportación a Brasil contrarresta el derrumbe local. “El círculo rojo está con cagazo”, analizaba otro mandamás de la UIA. “Es como que te están operando y al médico se le cae un bisturí”, terciaba un interlocutor.

Venían de oír a Macri y al presidente de la UIA, Miguel Acevedo, en el cierre de la conferencia. Ante el Presidente, el moderado empresario aceitero criticó la imposición de retenciones porque “desincentivan totalmente la agregación de valor” y sugirió imitar las políticas industriales de los demás países del G20, cuando Estados Unidos y China libran una guerra de barreras proteccionistas. Después le tocó el turno a Macri, que nunca antes se había distinguido por un discurso industrialista pero esta vez deseó que en “cada pueblo haya una fábrica que dé trabajo”. “Habló mejor”, destacó uno de los presentes. Otro alto dirigente de la UIA estaba al fondo del auditorio: “Me quedé atrás porque si estaba adelante le pegaba. En su gobierno la industria perdió 80.000 empleos”.