Política / 16 de septiembre de 2018

Cómo sacaron a Ricardo Lorenzetti de la Corte Suprema

El crudo paso a paso de la remoción del ex presidente del máximo tribunal. “Traición” a Maqueda. El lobby del PRO con su sucesor.

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Apenas un puñado de dirigentes sabía que el martes 11 sucedería un rotundo cambio en la Corte Suprema de Justicia. A pocas cuadras del Palacio, en la Casa Rosada, los gobernadores discutían con el ministro del Interior Rogelio Frigerio el presupuesto y los flashes estaban apuntados en esa dirección.

En el edificio de la calle Talcahuano se debatía uno de los temas más trascendentales de los últimos años, la votación de los ministros que le quitaría el poder a Ricardo Lorenzetti al bajarlo de la presidencia de la Corte. Nadie, ni siquiera a pocos metros de la Sala de Acuerdos del Tribunal, podía imaginar que alrededor de una mesa redonda se terminaba de cocinar el futuro de uno de los hombres más poderosos del país.

La reunión comenzó a las 10 y el tema se puso rápidamente sobre la mesa. Desde hacía una semana el cabildeo entre los ministros era incesante: Lorenzetti se tenía fe. Creía que conservaba la lealtad de Juan Carlos Maqueda y de Elena Highton de Nolasco. De hecho había intentado convencer a Carlos Rosenkrantz de que lo apoyara para restarle más poder a Horacio Rosatti, a quien consideraba su principal rival. No imaginaba que estaba intentando convencer a su verdugo.

La reacción de sus colegas lo sorprendió. Todos le dieron la espalda ese martes 11 por la mañana. Y Lorenzetti comenzó a imaginarse sin parte del poder que había sabido acumular durante tantos años. Se sabía acorralado, pero no se entregaba.

Como una reacción instintiva intentó frenar la reunión. Pidió un cuarto intermedio para discutirlo en otro momento, pero no obtuvo respuestas afirmativas. Había sido él quien había apurado la elección, creyendo que sería un mero trámite. No le salió bien.

Maqueda, siempre leal, fue quien lo hizo entrar en razón y quien le ofreció una salida digna.

-Voto por vos, así no quedás solo -le propuso.

Pero antes de cerrar el acuerdo se exculpó y salió un momento de la sala de reuniones. Cuando volvió no pudo creer que Lorenzetti había revertido su decisión y lo había dejado solo. Cerraron cuatro a uno en favor de Rosenkrantz. Maqueda, traicionado, fue el único que votó en disidencia.

A las 14, los cinco firmaron la acordada 29 del 2018. La más importante del año. Allí decidieron “designar presidente y vicepresidenta de la Corte Suprema, con mandato a partir del día 1 de octubre del corriente año por el plazo tres años, al doctor Carlos Rosenkrantz y a la doctora Elena Highton de Nolasco, respectivamente”, según el documento rubricado.

Las intrigas palaciegas son dignas de una novela de Dan Brown. Los supremos no hablan más que a través de sus fallos y escarbar en su mundo es más complicado que en los otros poderes. NOTICIAS consultó a más de una decena de fuentes para recrear la historia de la caída de un gigante en las sombras. Lorenzetti perdió su posición de privilegio y ahora será uno más de los ministros desde el 1 de octubre. Aunque la novela está en pleno desarrollo y promete nuevos capítulos.

Enemigos. El festejo de Elisa Carrió no se hizo esperar. La diputada, principal denunciante de Lorenzetti, fue moderada en público, pero organizó un almuerzo en su departamento para celebrar (ver recuadro). “Lilita” formaba parte del selecto grupo de dirigentes alrededor del Presidente que sabían con antelación que las horas del todopoderoso titular de la Corte estaban contadas, junto a “Pepín” Rodríguez Simón y el ministro de Justicia, Germán Garavano. Pero manejaron la información con extrema cautela: no querían que nadie lo arruinara con filtraciones.

Sin embargo, no es en el Gobierno donde el jurista oriundo de Rafaela tiene sus principales adversarios. Sabe que, en una oportunidad, dejó malherido a un tiburón blanco. Y ahora que chorrea sangre lo puede venir a buscar.

Lorenzetti se ganó la enemistad de Héctor Magnetto por una mezcla de ingenuidad y traición cuando votó a favor de la constitucionalidad de la Ley de Medios. No fue el único ministro de la Corte que firmó en esa dirección, pero al CEO de Clarín le dolió especialmente lo de Lorenzetti porque, desde las sombras, el juez se había transformado en un hombre de consulta y confianza. Por eso, ante el fallo adverso, se sintió engañado. Por el contrario, Carlos Rosenkrantz tiene buena sintonía con el principal grupo de medios del país (ver recuadro).

El Gobierno celebró que Lorenzetti deje la presidencia de la Corte. Era un hombre con intenciones políticas y eso lo convertía en un adversario demasiado peligroso. Sabían de las múltiples reuniones que el rafaelino organizaba con distintos grupos de poder. Estaban atentos.

Incluso se lo anotaron como un gol propio. Hubo, de hecho, una fila de falsos influyentes que se adjudicó una cuota de lo que consideraron una hazaña. Oportunistas.

Un legislador que integra el círculo judicial del Presidente asegura que fue en mayo cuando empezaron a mancillar el poder de Lorenzetti. A través de enviados y de Garavano hicieron un trabajo fino para convencer a Rosenkratz de que era su momento. Él creía que debía esperar dos años más para sentirse preparado.

A Horacio Rossatti le desconfiaban por el mismo motivo que a Lorenzetti. “Es político. No se sabe adónde va a ir y cualquier bondi lo deja bien”, argumenta ahora, triunfalista, el mismo legislador de Cambiemos.

Sin embargo, la algarabía no permitió que el Gobierno vea que se enfrenta a un nuevo peligro: Rosenkratz es un purista de la Justicia, un académico sin mañas políticas. Eso es un arma de doble filo: si tiene que avanzar contra Cambiemos, no tendría reparos en hacerlo. Ahora no habrá instancias de negociación. “Si alguien piensa que a Rosenkrantz se le puede ir a hablar en una causa es porque no lo conoce”, declaró Macri, quien tampoco lo conoce demasiado.

En el Gobierno habían notado, meses atrás, que Lorenzetti ejercía el presidencialismo del máximo tribunal como si fuese el Ejecutivo. Emulaba a Luis XIV, el despótico rey de Francia: “La Corte soy yo”. Cuando lo vieron, empezaron a organizar reuniones en las que incluían a todos los integrantes del órgano supremo. Querían empezar a restarle algo del poder que el rafaelino había acumulado.

“Es tiempo de dar un paso al costado, los cargos no deben ser nuestro objetivo”, dijo tras la derrota Lorenzetti. Y completó: “Tal vez tenga más tiempo para la vida académica y la actividad internacional”.

Desde que su derrota estuvo sellada, comenzaron un juego de hipótesis lanzadas al aire para salvaguardar su prestigio, como que él había elegido a Ronsenkrantz como su sucesor. Nada más alejado.

El voto de Elena Highton de Nolasco fue el detonante de su derrota. Si la jueza, que ya superó la edad jubilatoria de los 75 años, hubiese quedado del lado de Lorenzetti junto a Maqueda, el actual presidente habría conservado el cargo.

“Se sintió cómoda con Rossatti y Rosenkrantz desde que entraron a la Corte. Fallaron muchas veces juntos. Creo que Lorenzetti no lo supo ver”, dice una fuente judicial.

En Comodoro Py también se sintió como un cimbronazo el cambio de gestión. Ahora están a la expectativa de lo que el jurista pueda delinear. Esperan cambios rotundos.

Todo en el mundo de la Justicia estaba moldeado a la orden de Lorenzetti. Ese hombre que ingresó a la Corte en el 2004 como un “outsider”, sin haber hecho carrera judicial y que asumió la presidencia en el 2007. En dos semanas entregará la presidencia y será un ministro más, aunque tanto en el Gobierno como en la Justicia creen que intentará rearmarse.

El 10 de octubre es el J20, el encuentro mundial de juristas que acompaña al histórico G20 de los presidentes. Lorenzetti fue quien se ocupó de organizarlo. La apertura era su consagración mundial, pero el destino lo dejó afuera. Las palabras iniciales las dará quien será el flamante presidente del máximo tribunal, Carlos Rosenkrantz. Sin saberlo, Lorenzetti trabajó todo el año para su sucesor.