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Política / 22 de diciembre de 2011

Nota de tapa

La oratoria del yo

La intelectual del año afirma que el llamado “relato” es ya un lugar común hipnótico. Y le apunta a un discurso que pretende organizar el campo de los buenos y los malos.

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Hace bastante tiempo, por lo menos después de la derrota por la resolución 125, fue evidente para quien quisiera reconocerlo que el kirchnerismo no era pura imposición caudillesca ni puro reparto de planes sociales, sino que estaba colocando las piezas de un armado cultural. La Presidenta llama a estas operaciones “relatos”. Dicho de manera más sencilla, fue la organización de una serie de argumentos.

Dispositivos en red

A fin de esquivar la palabra “relato” usada a troche y moche (desde Cristina Kirchner a Florencia Peña), algunos describimos, entonces, un conjunto de dispositivos, que no responden a una dirección central pero cooperan en red: simbología de los actos públicos, canciones, videos y films, programas de televisión, artistas populares devenidos kirchneristas y una expansiva plataforma de medios público-estatales, además de los innumerables blogs, las páginas en Facebook, las cuentas de Twitter y los comentaristas aficionados o rentados (hay versiones en todos los sentidos) que hacen militancia virtual en los foros de los diarios.

El peronismo fue un movimiento fértil en historias movilizadoras, narraciones morales y políticas para uso escolar y popular. La mejor de ellas, la más persuasiva, La Razón de mi Vida, ofreció a centenares de miles de argentinos un argumento que explicaba de qué lado estaba el saber y la estrategia (el general Perón); de qué lado estaban los afectos y la disposición al sacrificio (Eva Perón y el pueblo); y de qué modo uno y otros se necesitaban para fundirse en la totalidad que producía una transformación milagrosa. La lealtad y la incondicionalidad eran las virtudes cardinales.