Política / 29 de diciembre de 2011

Cristina íntima

Detrás del shock

Cómo vivió el diagnóstico que puede comprometer a su gobierno. Navidad negra en el Sur y desahogo: “Quizás Él me está llamando”.

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Cuando Cristina Fernández embarcó el jueves 22 para pasar la Navidad en Río Gallegos, ya conocía el diagnóstico, aunque no la fecha de su operación. Le habían hecho la punción que confirmaba el cáncer de tiroides. Y el propio médico presidencial Luis Buonomo había convocado de urgencia al oncólogo Pedro Saco que revisó los estudios previos: “Es cáncer, no hay que usar eufemismos”, sinceró las cosas de entrada con la Presidenta.

A las pocas horas de toparse con la novedad –alrededor de las nueve de la noche–, Cristina ya estaba instalada en la casa de su cuñada Alicia Kirchner: allí la esperaban su hijo Máximo y la nuera, Rocío García, y sus sobrinas Romina y Natalia Mercado con sus respectivos maridos. Ella llegó acompañada de Florencia y su perro. La idea era festejar el nacimiento de su sobrino nieto, Néstor Ricardo, hijo de Natalia. Aún conmocionada, Cristina no quiso ensombrecer el clima de la reunión.

Recién al día siguiente Alicia se enteró por boca de Cristina del mal diagnóstico. Estaba tranquila, convencida de que la vida le había puesto frente a otro desafío y que iba a tratar de superarlo, como siempre. Eso le dijo. El día anterior, en cambio, con sus amigos y asistentes Carlos Zannini y Héctor Icazuriaga, se había permitido ironizar amargamente: “¿Qué otras prueba me falta atravesar, ¿o será que Él me está llamando?”, se habría quebrado por un instante después del shock del diagnóstico.

El sábado 24, Máximo llegó a la casa de Río Gallegos, se bajó de su Honda Civic y, en menos de 10 minutos, salió de la residencia junto a Cristina, Florencia y Rocío. Según la crónica de la agencia independiente OPI Santa Cruz, Máximo, sorpresivamente, se dirigió a la Costanera local y recorrió todo su trayecto a baja velocidad durante más de una hora. Siete camionetas de la seguridad presidencial escoltaban al vehículo familiar. El jefe de la custodia, Diego Carbone, tuvo que pedir a los periodistas que evitaran el seguimiento. La apreciación del fotógrafo Francisco Muñoz al ver luego las imágenes del auto en la computadora fue bien descriptiva: “Cristina salió de la casa sin maquillaje, a cara lavada, pero todos estaban serios (no enojados)… como preocupados”, cuenta OPI en su portal. ¿Habrá sido el momento de la comunicación a sus hijos? Nadie confirma la versión, pero a la mañana del domingo 25, dos ministros del Ejecutivo se enteraron de las malas nuevas por medio de llamadas telefónicas desde Santa Cruz.