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Costumbres / 29 de diciembre de 2011

Revival de Jorge Abelardo Ramos

El prócer menos pensado

Vida y obra del nuevo héroe del revisionismo K. Un insólito caso testigo que ilustra cómo el relato oficial reconstruye el pasado a su gusto.

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Algunos de sus discípulos no kirchneristas dudan de que Ramos hoy apoyara a un gobierno cuyos máximos dirigentes no provienen del peronismo profundo que él más reivindicaba, sino de los sectores medios de la sociedad, que él quizás no hubiera dudado en calificar de “gorilas”.

Ramos polémico

En la sombra quedan algunas de sus apuestas más “políticamente incorrectas”. Como el apoyo a Manuel Antonio Noriega, Muammar Khadafi y el ayatollah Khomeini. Aunque detrás de estas adhesiones siempre estuviera su oposición tajante a los Estados Unidos. Y cierto afán de romper con el manual de procedimientos del político experto en caer bien parado.

Críticas más profundas provocó su vínculo con Menem y la aceptación del puesto de embajador bajo su gobierno. “Yo no hubiera apoyado al menemismo en la forma en que él lo hizo”, declaró con honestidad Laclau en el citado homenaje.

Diferencias que define muy bien Norberto Galasso, el pensador nacionalista cercano a Jauretche. “Colaboré con Jorge Abelardo Ramos en el Partido Socialista de Izquierda Nacional desde 1965 y renuncié en 1971. Él era brillante como escritor y como conferencista. Su libro ‘Revolución y contrarrevolución en la Argentina’ influyó muchísimo y aún influye en la formación política. En 1971, mi decisión obedeció a varias razones, entre otras, su autoritarismo y su incapacidad para construir y actuar orgánicamente. Lamentablemente, en sus últimos años se fue desplazando a la derecha hasta concluir como embajador de Menem. A pesar de esto último –y de mi divergencia con él, pues desde 1971 no volví a verlo nunca más– creo que corresponde que sea recordado”, declara.

El matrimonio con Menem duró poco tiempo. El apoyo a Panamá y su oposición a los Estados Unidos puso de relieve su dificultad para encajar en el proyecto del riojano. Pero sean cuales fueren las razones del pasado, hoy el presente quiere olvidar cualquier polémica que empañe su figura.

La operación para incluirlo en el panteón de antepasados célebres hace tiempo que se puso en marcha. Los jóvenes vuelven a leerlo y los viejos a recordarlo. “Esta respetabilidad, ¿acaso convocará a alguno de sus catorce camaradas trotskistas del Grupo Obrero Revolucionario, para denunciarlo por burgués?”, se pregunta su hija en un bellísimo artículo escrito en su memoria. En la reencarnación oficialista de los que ya no están, cualquier devenir es posible.