Sociedad / 6 de marzo de 2012

Tragedia de Once

En el nombre de Lucas

María Luján Rey y Paolo Menghini, los padres de la víctima 51 del tren hablan de negligencias y responsabilidades. El recuerdo emocionado pero calmo de su hijo.

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María Luján Rey y Paolo Menghini, los padres de la víctima 51 del tren hablan de negligencias y responsabilidades. El recuerdo emocionado pero calmo de su hijo.

Lucas Menghini Rey tenía 19 años y dos pasiones en la vida: la música y su pequeña hija Guadalupe Paz. “Chimu”, como le decían sus amigos –sin que sus padres supieran por qué, “tal vez porque fumaba mucho”, dice su mamá–, era un “pibe de barrio” al que le gustaba andar en bicicleta, jugar al fútbol y juntarse con sus amigos en la plaza. Cuentan sus padres Paolo Menghini y María Luján Rey que desde los dos años, mostró dotes musicales y un fuerte carácter que padeció más de una maestra del Instituto Belgrano de San Antonio de Padua. A los 16 años fue papá y tomó la decisión de acompañar a su novia Romina, un año mayor que él, en la crianza de la beba. Una crisis emocional lo llevó a abandonar el colegio ese mismo año, al no encontrar la contención de los docentes. Entonces, se dedicó a Paz y a componer canciones para el repertorio de “Chimu y sus Chimeneas” y “Sistemática”, sus bandas de folk rock. Ensayaba en un garaje de la calle Pueyrredón y tocaba en Frida, un conocido bar de la zona Oeste del conurbano.

Convertido hincha de River (en su infancia fue de Boca), no sintió tanto el descenso a la B como la muerte de Luis Alberto Spinetta. “Un bajón”, escribió al respecto en su muro de Facebook. Vivía con su papá Paolo en un departamento cercano a la estación de Padua, del ferrocarril Sarmiento, para poder llegar más rápido al trabajo, un call center ubicado cerca de la terminal de Once. Su muerte transformo a su padre, periodista y editor de video, y a su madre, docente, en las voces más dramáticas –y a la vez mesuradas– de una tragedia que podría haberse evitado.

Tras 57 horas de intensa búsqueda, por parte de sus familiares y amigos, el cuerpo del joven músico apareció en el cuarto vagón del tren de la tragedia, que el 22 de febrero se estrelló en la estación de Once y desnudó tanto la crisis del sistema ferroviario como los déficits de los servicios de contención a las víctimas y de la pesquisa policial que debió haberlo encontrado. Su padre, editor y periodista de Canal 7, buscó en imágenes de las cámaras de vigilancia de las estaciones hasta ubicarlo. Aunque su prudencia no lo lleve a decirlo, Paolo se puso al frente de una búsqueda para la que un Estado deshumanizado mostró falencias e incapacidad. En la tarde del viernes 24 de febrero, Lucas se convirtió en la víctima número 51 de la tragedia como si la misma se hubiese repetido. Su nombre tomó el tono de la desidia estatal. Sus padres reciben a NOTICIAS en la casa familiar de Padua. Allí viven, desde que el matrimonio se separó hace unos años, María Luján y la hermana de Lucas, Lara (16). El dolor se nota en la mirada de todos.