Política / 4 de abril de 2012

Investigación

El increíble mundo de Morenomics

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No para. Moreno en su Volkswagen Vento oficial, el sábado 31: horas extra durante el fin de semana largo.

Le encanta hacer de “loco”. Así logró que sus colegas funcionarios teman su estilo lenguaraz y provocador. Desde hace rato, ese matonismo verbal lo aplica a los empresarios más o menos críticos: los mantiene a raya y en estado de resignación. Hasta los periodistas tienen algo para agradecerle: ¿qué mejor atractivo para sus crónicas que reproducir los insultos y apretadas que Guillermo Moreno (56) hace trascender, casi a diario, a través de sus horrorizados interlocutores? Él cultiva el marketing del “macho”, “peronista” y “patriota”. Se convirtió en el funcionario con mayor capacidad de gestión –cualquiera sea el calificativo que merezca– entre todos los ministros y secretarios del Gobierno. Tiene otros récords para sus detractores: es el secretario, con poderes virtualmente ministeriales, que mayores fracasos macroeconómicos acumuló desde el 2003. Y es el que cuenta con mayor injerencia política en el actual tratamiento del “modelo”. Moreno se ha hecho popular, tanto que está ligado a las urgencias más candentes de los productores y consumidores: precios de los alimentos, tarifas de servicios, poder de compra, importaciones, exportaciones, subsidios, competitividad y, últimamente, valor del dólar y control cambiario.

En realidad, maneja todo lo que es manejable en el actual mandato kirchnerista. “Es un loco funcional”, advierte un compañero de militancia de la agrupación Pueblo Peronista. Quiere decir que se construyó un personaje para sí mismo. Paradoja de la personalidad: sobreactúa su perfil de macho-peronista-patriota porque así cree burlarse de la hipocresía de los poderosos, aunque lo suyo se convierta, a veces, en una demostración casi infantil e ingenua de poder. Su estilo cínico, por ejemplo, le permite ignorar a los “contras” que hablan a sus espaldas: “Este es un país lleno de gorilas que apenas te das vuelta te la ponen”, confió hace poco a sus amigos del Mercado Central. Como para confirmar que nunca se quita la piel del personaje.

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