Mundo / 29 de junio de 2012

ADELANTO EDICIÓN IMPRESA

La crisis paraguaya: el espejo de la región

La caída del presidente Fernando Lugo como reflejo de las turbulencias y contradicciones que atraviesan los modelos vecinos.

Por

POPULISTAS.Mientras muchos de los gobiernos de la región se acercan en forma peligrosa al autoritarismo de los líderes fuertes, Fernando Lugo, de una visión más liberal y conciliadora con la oposición, cargó con el peso de la destitución. Se fue sonriente, con la frente alta, casi triunfal.

Ricardo Lagos explicó que el caudillismo populista se hace posible en momentos excedentarios, cuando el Estado tiene las arcas llenas porque están por las nubes los precios internacionales de la materia prima nacional de exportación.

Se refirió, específicamente, a que el modelo de liderazgo de Hugo Chávez era posible por los precios internacionales del crudo. Y alcanza con ver la evolución de esos precios bendiciendo la suerte del exuberante líder caribeño, para atribuir alguna veracidad a la afirmación del ex presidente chileno.

Con commodities produciendo un período excedentario después de fuertes crisis y momentos famélicos, se dan las condiciones para el surgimiento de liderazgos personalistas que instauran democracias delegativas y convierten al opositor y al crítico en disidentes.

Por cierto, esta regla se cumple en distintos grados y con excepciones. Chávez representa el paroxismo de concentración de poder personalista, de patrimonialización del Estado y de ideologización expresada en un relato oficialista y en la estigmatización del oponente. En esa amplia vereda, Fernando Lugo se situaba en el otro extremo. Su conducción no era monárquica ni verticalista. Repartía ministerios a las fuerzas positoras
y daba amplísimos márgenes de maniobras a esos ministros.

Entre el líder venezolano y el presidente derrocado en Paraguay se encuentran, en distintos grados del modelo de liderazgo en cuestión, el nicaragüense Daniel Ortega, el ecuatoriano Rafael Correa, el boliviano Evo Morales y también Cristina Fernández de Kirchner. Todos estos casos tienen diferencias entre sí. La similitud se da en el verticalismo de un liderazgo personalista y en la estigmatización de opositores y
críticos, fumigándolos desde vastos aparatos paragubernamentales de propaganda. La otra similitud es que la atenuación del momento excedentario los está complicando. Todos atraviesan turbulencias, apareciendo grietas que desnudan contradicciones en los
respectivos modelos económicos.

Más información en la edición impresa de la revista Noticias.