Opinión / 3 de agosto de 2012

tesis

Obsesión por los medios

Ilustración: Pablo Temes.

A Cristina siempre le han importado las apariencias. Confiesa que desde la adolescencia temprana le gusta pintarse “como una puerta”. De por sí, la obsesión de la Presidenta con la imagen propia no es preocupante, pero sucede que en base a ella Cristina y sus admiradores han construido todo un proyecto político que, en el fondo, es un monumento imponente a la autoestima de una sola persona.

Según la teoría del relato que ha cautivado a los militantes cristinistas, una buena imagen vale mucho más que una gestión eficaz; con tal que la mayoría se sienta parte de una “epopeya” política, todo lo demás será secundario. Por ser el relato un aglutinante social a su entender imprescindible, puede justificarse cualquier medida que sirva para defenderlo contra quienes lo  critican, amenazando así al modelo salvador. Se trata de un concepto totalitario, claro está, pero para muchos que militan en el oficialismo dicho detalle lo hace aún más atractivo.

La teoría del relato dista de ser nueva. Como el caudillismo, el nepotismo y el clientelismo, es un vestigio del pasado predemocrático. A través de los milenios, centenares de personajes poderosos se han convencido de que su destino y el de sus partidarios dependerá de su capacidad para obligar a todos los demás a subordinarse a su propia versión de la realidad, planteo que sigue dando pie a atrocidades en países regidos por tiranos o fanáticos religiosos. Por fortuna, a Cristina y sus fieles no les será dado emular a los cultores más notorios de esta modalidad tan nefasta, pero así y todo es de prever que sus ataques incesantes contra la libertad de prensa causen muchos estragos en los meses y años próximos.

Felizmente para el país, pero para indignación de Cristina, todavía hay muchos que insisten en aferrarse a realidades alternativas que son muy distintas de la oficial. Los que más molestan al oficialismo son aquellos periodistas que, según los kirchneristas, se han vendido a lo que Cristina llama “la cadena nacional del miedo y del desánimo”, una especie de estrella de la muerte mediática comandada por el CEO de Clarín, Héctor Magnetto, que por razones que dicen no comprender, irradia malas ondas por todas partes.