Blogs / 10 de agosto de 2012

Bonelli: Cristina tiene razón

La presidenta apostó fuerte y dejó al desnudo una práctica común dentro del periodismo: Las empresas que pagan por silencio

Nada más perturbador que alguien con intenciones oscuras diciendo la verdad. Cristina Kirchner es un caso raro. Por un lado, resulta obvio que no está interesada en una prensa libre y objetiva. Ni el más “pulposo” de los monopolios justifica lo que se ve en la pantalla de canal 7 y todos los medios adictos.

Por otro, despenalizó calumnias e injurias y aunque usó la peor tribuna (ningún presidente debería señalar así a un periodista), descorrió el telón de una costumbre muy arraigada: Las empresas que pagan por silencio. Desconozco el caso Bonelli y quizá haya sido injusto con él en el título, pero a lo largo de mi carrera, y al estar en contacto con los hombres que manejan las relaciones públicas de las compañías poderosas, vi cómo varios popes, y de los más “impolutos”, recibían dinero de los grandes a través de productoras que podían estar o no a “su” nombre.

A diferencia de lo que quiere instalar la primera mandataria, el trato nunca es obsceno, ya que son pocos los hombres de prensa que se manejan de una manera tan grosera y evidente. Sin embargo, las “listas” de las empresas suelen incluir a los apellidos que sí o sí deben figurar para no tener problemas (o la “ilusión de no tenerlos”). Y aunque la corporación periodística lo niegue, muchas de las grandes figuras forman parte de ese circuito. Caso contrario, y si no se convierten en empresarios, nuncan podrían tener los niveles de vida que exhiben. ¿Es ilegal? No, los papeles están en regla y se supone que, a pesar del “apoyo”, quienes tienen la tarea de informar serán objetivos cuando las papas quemen.

Claro que a veces no hay relación alguna entre la inversión y el rating del programa de cable (uno de los clásicos), o la publicidad “no tradicional” jamás aparece en pantalla. Cuando la limosna es grande… “Hacete una plaquita para el programa de tal”, es común escuchar en las agencias. Lo que importa es quedar bien con el periodista, la plaquita suele tardar meses en aparecer.

A partir del discurso presidencial, son muchas las compañías y hombres de prensa que deben estar temblando. Otra vez, Cristina demuestra algo interesante: A diferencia de sus “adversarios”, no tiene problemas en cruzar todas las barreras con tal de cumplir su objetivo. Uno piensa en las valijas voladoras venezolanas y dice: “¿Cómo le da la cara para pedir una ley de ética pública?”.

El punto no es la cara, es esta mujer que apuesta todo sin importarle nada, mientras los demás jugamos unas fichitas que nos sobran. Será todo lo monstruosa que quieran, pero en eso de jugar fuerte resulta imbatible y hasta admirable. Y miren que esta vuelta no quiso clavar el cuchillo muy hondo. Dos minutos tarda en llevarse puesta (por lo menos en traerle serios problemas) a buena parte de la prensa criolla.

 

En esta nota: