Política / 14 de agosto de 2012

Cómo es el fenómeno del ladriprogresismo

Un fenómeno de apropiación intelectual que caracteriza a la era kirchnerista. Épica setentista para una supuesta historia heroica.

Collage de la patria ladri. Ilustración: Claudio Pignataro.

Hay distintos tipos de latrocinio. Uno que no está castigado por el Código Penal es de índole político-relatoril, esa suerte de fraude intelectual de aquellos que roban historias y épicas ajenas para parecer lo que no son, o trafican discursos políticamente correctos para disimular lo que no entienden. Es decir: venden cosas que no les pertenecen.

Como en todos los delitos, en este también existe una elite de guante blanco, que se mueve con pretendido estilo y refinamiento. Representan el ladri-progresismo, fase superior del vacío ideológico, parafraseando a Lenin.

Si tienen más de 50 años, juran haber combatido a la dictadura con fiereza, aunque nadie cree recordarlos en otra actitud que no fuera la de acumular dinero y propiedades con sus dignas profesiones. Si son más jóvenes, suelen reivindicar la épica setentista de sus mayores, sin recordar (por desidia o desconocimiento) que esa épica pequeño-burguesa fue responsable de crímenes y tragedias que se tragaron la vida de personas que no eran ni pequeñas ni burguesas.

Los ladri-progresistas son capaces de defender a funcionarios indefendibles en pos de “un modelo económico revolucionario”, sin aclarar que son esos funcionarios indefendibles los que también revolucionaron las economías personales de los ladri-progresistas.

Desde los medios afines, dan la vida por la ética y la transparencia de un gobierno que usa las cajas negras para mantener a los dueños de esos medios, a quienes se podría acusar de ladris, pero jamás de progresistas.

Reivindican “el rol indeclinable del Estado”, mientras que controlan uno que está ausente de cuestiones básicas como la educación, la seguridad y la salud. Son funcionarios de un Estado incapaz de garantizar el funcionamiento de un servicio público como el transporte (hay una diferencia importante entre la incapacidad de gestión del kirchnerismo y el macrismo: el macrismo no intenta parecer progre).

Son devotos de un Estado que no media en el choque de intereses que tiene lugar en las calles: transeúntes vs. manifestantes, estudiantes vs. autoridades escolares o sindicalistas vs. usuarios. Una suerte de privatización del espacio público, que deja librada a las fuerzas privadas de las personas la resolución de hurtos, violaciones o asesinatos, con víctimas invisibles de un problema que no existe en los discursos oficiales, el de la inseguridad.