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Deportes / 25 de septiembre de 2012

Maravilla Martínez: metáfora nacional

Foto: AFP.

El boxeo es el único deporte que se realiza sobre un escenario; en español, le llaman cuadrilátero, y en inglés, anillo (“ring”). Curioso, pero no tanto: nuestros ancestros hacían catarsis de sus dramas juntándose en círculo alrededor de algún contador –o cantador– de historias, y también en torno a dos hombres que jugaban a molerse a golpes. En la era del cine, “Rocky”, “Toro salvaje” y “Gatica” iluminaron esa fantasía colectiva que generan los guantes.

Ahora todo es tele, en la Argentina, más. Y la maravilla que representa Martínez no se apoya solo en su Tinellización precoz y en el fantasmático idilio de Susana con este Monzón posmoderno, mejor hablado y algo metrosexual. El fenómeno se terminó de abrochar con el relato en 12 capítulos que protagonizó en Las Vegas. Una fábula bien argentina. Boxeamos de taquito y le llenamos la cara de dedos al rival.

Pero cuando ya nos aburríamos de triunfar, nos relajamos, ponemos todo lo logrado en riesgo innecesario, y a la lona. A un paso de la derrota, hay que sacar fuerzas del alma para levantarse. No podemos noquear porque nos falta algo, nos duele algo, estamos rotos. Angustia, drama, épica: nuestro guiso nacional. Nos deja fríos la supremacía pareja y sin sorpresas de los nórdicos, o los chinos. Nos fascina la tortilla que se da vuelta en la cuenta regresiva. Lo nuestro es la revancha.

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