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Política / 21 de octubre de 2012

Adolescencia y voto obligatorio.

Si el adolescente puede elegir, ¿por qué los adultos estamos obligados a votar? Avivadas de una democracia antigua y paternalista.

Vivimos en un país donde podemos cambiar de sexo, identidad, y a partir de la reforma del Código Civil, seguramente tendremos derechos que asombrarían a varias naciones del primer mundo expertas en la compleja tarea de soltar amarras; eso sí, el voto sigue siendo obligatorio. Hay castigo para quienes no van a votar el día de las elecciones.

La obligatoriedad del voto es un tema del que nadie habla por una simple razón: no le conviene al arco político que prefiere tener a “su” público cautivo a la hora de elegir representantes.

El voto adolescente posee evidentes y desacarados fines electoralistas. Y no me parece mal. Todas las encuestas aseguran que el oficialismo “seduce” a esas franjas etarias por lejos, especialmente en los niveles sociales medios bajos y bajos. ¿Resumiendo? Nuestros hijos tienen una natural tendencia a ser kirchneristas de la primera hora, y antes de culpar al gobierno convendría preguntarse por qué las demás fuerzas políticas desatendieron al sector juvenil, lo dejaron solo y a merced del poder central. Si hasta las empresas saben que los jóvenes son la puerta de entrada a la fidelidad de marca. Quien tiene el público joven tiene el futuro. Desde esta perspectiva, aquellos que aprobaron la ley dentro del Senado están aprovechando sus logros “comerciales”, algo que puede ser éticamente criticado aunque no es ilegal ni debería cuestionarse tanto. Al contrario, es hora de analizar por qué el kirchnersimo ve las jugadas primero mientras los demás apenas atinan a quejarse.

Claro que el diablo siempre mete la cola y el primer punto llamativo del proyecto que aprobaron pasa por lo que sigue: para los “niños” electores el voto no será obligatorio. Y aunque hay un montón de explicaciones al respecto (todas muy sensatas), lo que en verdad habría que preguntarse es por qué para nosotros lo es. Lo mejor de esta ley, y lo único que deberíamos mirar es la no obligatoriedad que promueve. Los chicos tienen su democracia moderna, los adultos seguimos atrasando medio siglo.

En la mayoría de los países civilizados el voto no es obligatorio. Incluso se va a votar en días laborables ¿Por qué? Por una razón muy importante y significativa: se trata de un derecho, entonces no existen razones para marcar su obligatoriedad ni castigar a aquellos que deciden esquivar ejercerlo. Sólo una democracia paternalista y anticuada penaliza a aquellos que esquivan concurrir a las urnas.

Un gobierno que, supuestamente, está a la vanguardia mundial en materia de derechos humanos y demás, nos debe la liberación definitiva de la obligatoriedad del voto en Argentina. Si lo hicieron con los adolescentes, bien podrían extenderlo a los demás ciudadanos que seguimos al amparo de una costumbre vieja, ridícula, y sobre la que sospechosamente nadie dice una sola palabra.