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Política / 26 de octubre de 2012

El 7D

Todos le temen a Lorenzetti

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Cristina y Lorenzetti encabezaron un acto el martes 23. Él denunció presiones por el 7D.

Ricardo Lorenzetti maniobra en un terreno delicado. Todavía no dio ninguna señal clara que permita vislumbrar cuál es su posición con respecto a la Ley de Medios. “El que diga que sabe cómo va a actuar Lorenzetti, miente”, resumen en su entorno. La estrategia genera mal humor y resquemores tanto en el Gobierno como en el Grupo Clarín. Los dos sectores en pugna necesitan seguridades que Lorenzetti no les da. El Gobierno reacciona con enojo. En Clarín hay un clima de intranquilidad. Ambos lo cortejan y lo presionan. El juez apela a la característica que más lo define: la prudencia extrema.

El arte del equilibrio. Se siente cómodo apaciguando ánimos de un lado y del otro. Cree que es un papel que le sienta bien. El zigzagueo del presidente del máximo tribunal es bastante palpable. La relación con el Gobierno es mala, pero no está rota. Lorenzetti se reúne habitualmente con Cristina y los encuentros se mantienen, la mayoría de las veces, bajo un cuidado y estricto hermetismo. Incluso, encabezaron juntos el acto por el bicentenario de la sanción de la Ley Sáenz Peña.

Con Clarín la situación es igual de contradictoria. En lo discursivo, el juez parece estar cerca del Grupo y, en cada declaración pública, denuncia las “presiones” o “persecuciones” que sufre la Justicia, en clara referencia al Gobierno, pero sin nombrarlo de manera explícita. Sin embargo, el famoso y fatídico 7D es una construcción de la Corte, y no del kirchnerismo. Sea cual fuere la interpretación sobre los plazos que vendrán luego del 7 de diciembre, lo cierto es que el máximo tribunal derribó la principal estrategia de Clarín. El Grupo apuntaba a dilatar la resolución de fondo hasta después del 2015. Con la fecha de vencimiento que la Corte Suprema le colocó a la medida cautelar solicitada por Clarín, le cerró la ventana al multimedios y lo obligó a rearmar su estrategia con más premura de la que le hubiera gustado.

En la interna de la Corte, todos ubican a Lorenzetti dentro de los “clarinistas”. Junto a él estarían Carlos Fayt, Juan Carlos Maqueda y Enrique Petracchi. Del otro lado, más cercanos al oficialismo, se ubican Raúl Zaffaroni (quien hasta hace dos meses seguía realizando reuniones en su casa con Amado Boudou como invitado) y Elena Highton de Nolasco. Y en una posición más indefinida se encuentra Carmen Argibay. Sin embargo, para sorpresa de quienes lo anotan dentro del equipo de Clarín, el presidente de la Corte repite siempre a quien quiera escucharlo: “A mí no me va a presionar ningún gobierno, y mucho menos una empresa”.

La pericia de Lorenzetti está en dejar siempre el tablero empatado y que ninguno de los dos actores sepa con certeza cuál será su próxima jugada. Quienes lo defienden aseguran que se trata de una característica personal y que su investidura requiere necesariamente una actitud prudente y circunspecta. Hay otros que creen ver una estrategia de poder. Especulan con que es un juego estratégico, una manera de mantenerse en un lugar que le permita, luego, dar el salto a la arena política.

¿Por la presidencia? Corrían los tiempos de la 125. El gobierno de Cristina estaba en el momento de mayor debilidad y el vicepresidente Julio Cobos acababa de anunciar su voto “no positivo” que lo constituyó en un “traidor” para las filas del oficialismo. Lorenzetti se reunió con un amigo y le preguntó: “¿Cómo me ves de Presidente?”. “Muy bien, estás haciendo las cosas como corresponde”, le respondió su interlocutor creyendo que Lorenzetti hablaba de su cargo en la Corte. “No, como presidente de la Nación te digo”.

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