Sociedad / 9 de noviembre de 2012

Leonardo Favio (1938 - 2012)

Intimidad inédita de un genio

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Habla de él en tiempo presente. No solo porque hace apenas unos días que murió. También porque cree que hay gente que no se va nunca. Se quedan sus palabras y sus imágenes. El diálogo cotidiano, la influencia, los años compartidos. Mucho más cuando la historia en común es larga y abarca toda una vida.

Graciela Borges tenía solo 15 años cuando conoció a Leonardo Favio en un set de filmación. Antes de su primera escena juntos, se lo había cruzado en los pasillos y los camarines de otras producciones. Pero recién en “El jefe” (el film de Fernando Ayala, protagonizado por Alberto de Mendoza), en 1958, le tocó estar cara a cara con el hombre que sería uno de los grandes amigos de su vida. Y el primer acercamiento no fue fácil, él mismo recordó alguna vez que la había tirado por la escalera después de una escena amorosa. “No fue para tanto”, recuerda, hoy, Graciela Borges. “Leonardo había filmado ‘El secuestrador’ con Leopoldo Torre Nilsson, en donde un chancho se comía a un chico. Le dije no me había gustado, que me había dado impresión y se enojó, discutimos y yo me caí. Así era nuestra relación al principio: profunda y combativa. Como son los chicos, que se huelen como perros”, cuenta.

Leonardo Favio era algunos años más grande y cargaba sobre sus espaldas con una historia de abandono, pobreza, delincuencia juvenil y reformatorio que nunca ocultó. Un universo distante del de la hermosa adolescente, que creció a la luz de las cámaras (Alberto de Mendoza le dio su primer beso en una escena) y podía permitirse el lujo de la ingenuidad. Pero esa distancia no fue un obstáculo para que el cariño se volviera cada vez más sólido. Coincidieron otra vez en “Fin de fiesta” (1960) y “La terraza” (1963) a las órdenes de Torre Nilsson. Borges fue la protagonista de uno de los films memorables del cine argentino, “El Dependiente” (1969), con Favio ya convertido en director y en uno de los creadores más representativos de la estética nacional.

En común. Con lágrimas y risas, así desgrana Graciela Borges la historia que la unió por medio siglo al inclasificable artista y militante que fue Leonardo Favio. De esta amistad leal y profunda, de principio a fin, la actriz habló con NOTICIAS dos días después de la muerte del director.

Noticias: ¿Cómo fue trabajar a las órdenes de Favio?

Graciela Borges: Era extraordinario. Yo filmé con él “El dependiente”, película que nadie vio cuando se estrenó. Ni siquiera mi mamá. Bajó de cartel a la semana y nunca cobramos un peso porque era en cooperativa (y la volveríamos a hacer cien veces cualquiera de nosotros). Unos meses antes de empezar a rodarla me dijo: “Quiero trabajar con vos, pero sos demasiado linda para el personaje. Tengo que afearte. Peinarte el pelo bien chato, bajarte las cejas”. Me las quería hacer depilar, pero yo nunca acepté. Incluso, rechacé una película importantísima en Europa porque me querían hacer depilar las cejas. En “El dependiente”, me las dejé pintar para abajo. Con esa película aprendí que uno hace buenos trabajos cuando “es” el personaje. Sus indicaciones fueron: “Trabajá con la incomodidad de esta mujer con el resto del mundo. Es mezquina. Fijate cómo come, cómo se sienta, cómo mira torcido”.

Noticias: ¿Nunca interrumpieron su relación posteriormente?

Borges: No. Este último tiempo, en que Leonardo no estuvo bien, creo que yo era una de las pocas personas a las que veía. Tomaba mate con él y charlábamos. El último día de filmación de “Aniceto” (2008) me dedicó una toma. Y a él le encantaba decirle al periodismo: “Esta, que se pelea conmigo, que me dice ‘negrito’”. Yo nunca le dije “negrito” en mi vida, porque nunca se lo diría a nadie. Me gustan los negritos.

Noticias: Favio planeaba hacer con usted su última película, “El mantel de hule”.

Borges: Cuando me lo dijo me puse a llorar. No me gusta alardear. Pero él declaró en varias entrevistas que había escrito para mí “El mantel de hule”, que es una historia casi autobiográfica de su vida en Luján de Cuyo. Mi personaje era el de una mujer que él había conocido en una pensión. Y para mí no había nada más importante que volver a filmar con Leonardo. No había premio en el mundo comparable. Mi premio es estar con la gente que amo y al que más he amado ha sido Leonardo.

Noticias: ¿Cómo recibió la noticia de su muerte?

Borges: Me iba de viaje y cuando estaba llegando al aeropuerto, me avisó un periodista que lo habían internado. La llamé a Pupi (María Salomé Jury, hija de Favio) a quien adoro. Toda esa familia es adorable. Son tranquilos, modestos, sensibles. Cuando se murió Leonardo, la llamé y le dije: “Contame que no es verdad”. Y me contestó: “Tranquila, tía, por favor, no pasa nada. Se murió con toda la tranquilidad. Pensamos en vos, en cómo íbamos a decírtelo”. Ellos sufrían pero me cuidaban a mí. Carola (Leyton), su mujer, es divina. Ha sido de una consistencia en la vida de Leo, tan enorme…

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