Economía / 20 de noviembre de 2012

El “paquete” feliz que prepara Cristina

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Variables en Crisis. La inflación se acelera.

Después del 8N, el mandato presidencial parece tener fecha de vencimiento. Es una interpretación política generalizada, incluso en las propias filas del cristinismo re-reeleccionista. Pero la economía ya emite señales de agotamiento que hacen dudar sobre su evolución hasta el 2015. Era el fundamento más sólido del proyecto político. Sin embargo, la combinación de inflación, PBI estancado, déficit fiscal y baja inversión -variables deterioradas aún más por los efectos del cepo cambiario desde hace un año- anticiparía, a partir de ahora, una dinámica de empeoramiento en ascenso.

Es la impresión dominante entre los empresarios, sobre todo entre los líderes de los sectores industriales más identificados con las ventas a Brasil. Ruegan por su recuperación que es la de ellos mismos. Las bajas más significativas se dan en la construcción, incluidas las manufacturas metálicas básicas, el sector metalmecánico y la industria automotriz. Todas asociadas al comercio con Brasil. “Temo que estemos generando, sin querer, una tormenta perfecta, ¿quién me asegura que cuando vuelvan los dólares, vamos a ser más competitivos”, se confiesa un exportador industrial en la muestra Automechanika. En el propio entorno presidencial, empezaron a sonar las alarmas. Hasta el 8N, la consigna interna era ganar tiempo hasta que llegara el “rebote” de la cosecha y la liquidación de los dólares de la soja. Desde entonces, la prioridad es volver a entusiasmar con medidas de corte populista.

Informes urgentes. La Presidenta de la Nación requirió -luego del impacto que provocó en Olivos la movilización- sendos informes y propuestas para recrear un clima más amigable con la sociedad. Acudió a sus ministros Hernán Lorenzino, Alicia Kirchner, Guillermo Moreno y Debora Giorgi, además de contar con el frecuente y privilegiado asesoramiento del jefe de la ANSES, Diego Bossio.

La idea que Cristina aún no abandonó es anunciar en la Conferencia Industrial convocada por la UIA el próximo 27 de noviembre, o bien en alguna presentación prenavideña un “paquete” de medidas de corte social. Una innovación si se compara la actual voluntad presidencial con el férreo rechazo de Néstor Kirchner a salidas de ese tipo. Pero Cristina quiere empezar a renovar las expectativas electorales. Empieza a percibir que su “relato” tiene, cada vez más, impacto limitado. Uno de los referentes del área económica sintetiza la disyuntiva que enfrenta la gestión oficial luego de nueve años desgastantes en el poder: “A veces hay que prometer si es que no se puede realizar”, justifica un secretario de Economía parafraseando a Perón pero al revés.

Al menos prometer algo más que el “pan dulce” que, según el moyanista Julio Piumato, habría regalado la Presidenta al firmar un decreto que indulta a los trabajadores que ganen hasta 25.000 pesos del pago de Ganancias sobre el medio aguinaldo por única vez. La modesta concesión, que tendría para el oficialismo un costo fiscal inferior a los 2.000 millones de pesos, viene siendo discutida desde la formación de la CGT Balcarce de Antonio Caló. En los últimos días, Cristina retó al viceministro todoterreno Axel Kicillof porque se sentiría “entrampada” con las promesas de créditos para reactivar a Pymes e industrias que todavía no crecen lo suficiente y no terminan de hacer repuntar la tasa de inversión.

Sus funcionarios la notan ansiosa y necesitada de respuestas. Incluso se reunió con el secretario de Hacienda Juan Carlos Pezoa y el propio Kicillof para analizar el impacto fiscal de algunas eventuales medidas “contracíclicas”. El inesperado ataque de furia de la ministra Giorgi ante el gobernador José Manuel de la Sota o el insólito lapsus del ministro Carlos Tomada -“¿A quién carajo le importa?”, se le escapó cuando le preguntaban sobre la industria automotriz- serían los reflejos visibles del nerviosismo oficial. Y de la presión presidencial.

La Caja. Los deseos de Cristina chocan hasta aquí, aunque no se pueda creer, con las limitaciones de Caja. Ella misma reconoció que la elevación del mínimo no imponible de Ganancias debía discutirse recién el año que viene y condicionado a la evolución de los salarios. Kicillof se ha convertido en un operador de la “sintonía fina”, pero en el sentido de permitir un reacomodamiento de precios que ayude a desmontar el sistema de subidios.

De hecho, las transferencias corrientes a las provincias caen. En cambio, la inversión real directa -la obra pública ejecutada directamente por la Nación- creció 37% en septiembre y más del 22% en el año. Se toma como una oferta electoral. En cambio, las transferencias de capital, automáticas o discrecionales, podrían favorecer la acumulación ajena.
La caja en dólares disminuyó el 47% desde la instalación del cepo. Quedan solo 7.800 millones de dólares de depósitos privados en los bancos. Y el drenaje sigue, aunque a menor ritmo. Se perdieron más de 4.000 millones de dólares en financiamiento a las exportaciones.

“Tal vez ahora haya que administrar una relación más cuidadosa de la política con la economía”, reflexiona uno de los pocos ministros que se siente peronista y no deja de conversar con el gobernador Daniel Scioli.