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Blogs / 28 de enero de 2013

Dos reinas

Máxima es hija de un hombre que no pudo asistir a su casamiento real por estar asociado al Proceso, y Cristina se considera a sí misma descendiente de la “gloriosa” generación masacrada en los setenta; curioso destino el de estas mujeres que transitando veredas supuestamente opuestas, terminan “atrapadas” en los pliegues de la monarquía.

Una cambió idioma, religión y nacionalidad, la otra usurpó ideas, luchas y dolores ajenos, ambas enterraron parte de su identidad con un único objetivo: pertenecer a esa casta monárquica que allá usa sombreros ridículos y acá se disfraza de indispensable para permanecer y preservar privilegios varios.

Mientras Máxima se encamina a ser reina porque su suegra considera que ya está preparada, Cristina sigue sus pasos por considerar que nadie está tan preparado como ella. Una es amada por el pueblo, la otra también (¿Qué otra cosa son los votos en el populismo sudamericano?), las dos son hijas de una pesadilla interminable que puede sintetizarse así: Hace años que somos capaces de cruzar barreras increíbles, creamos la única “hada” mundial del siglo veinte (Evita), metimos una monarca nada más y nada menos que en Holanda, y tuvimos dos presidentas mujeres en tres décadas (Isabel y Cristina); eso sí, el acto simple de generar una patriota se nos hace imposible.