Política / 27 de marzo de 2013

ADELANTO

El cardenal Moreno

Es el cerebro detrás de las últimas medidas económicas. La Presidenta cada vez confía más en su “sensibilidad popular”. La ofensiva contra los bancos, medios y campo.

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Él mismo hace trascender sus patoteadas. Cree manejar el monopolio del terror que disciplina a empresarios y sindicalistas. Recita su pedigree: “Peronista de Perón”. Se atribuye supuestas hazañas en el control de precios, el cierre de importaciones y, ahora, la baja del dólar paralelo. Son las áreas que muestran los peores resultados económicos desde el 2007 (aunque siempre convalidados por Cristina Fernández). El país tiene más inflación que nunca, la industria está estancada y el cepo cambiario amenaza con un estallido devaluatorio para después de las elecciones. Sin embargo, por el supersecretario Guillermo Moreno pasan hoy las decisiones económicas más importantes a futuro. Entre otras, las que pretenden enmendar su mala praxis pasada.

Se ha convertido, gracias a su desbordante marketing personal, en el funcionario más influyente. Pese a que sus acciones muchas veces bordean la ilegalidad, la Presidenta confía más en su espíritu aguerrido que en el discurso académico del viceministro Axel Kicillof o en la habilidad de financista del ministro Hernán Lorenzino. De hecho, fue el cerebro que impulsó el giro franciscano de Cristina y de otros referentes cristinistas desde que el cardenal Jorge Bergoglio fue electo Papa. “El peronismo y la Iglesia tienen una alianza histórica, son las únicas estructuras que llegan a la base social”, supo argumentar el secretario, un militante creyente que no se deja llevar por el joven izquierdismo de La Cámpora. Un sexto sentido presidencial advierte la “viveza económica” y la “sensibilidad de pueblo” del funcionario todoterreno.

Para Moreno, la economía se dirige desde la política y la política se hace desde la gente, según uno de sus habituales apotegmas. “Hay que poner plata en la calle y que la gente consuma y vea que nunca estuvo mejor que con este Gobierno”, arenga ahora a sus adictos. Hace las veces de “cardenal” (del latín “cardo”, o “bisagra”), una especie de punto de apoyo sobre el cual gira, no ya el edificio de la Iglesia –tan de moda en estos días por el papa argentino– sino el mismísimo Gobierno, hoy “perdido” según él, pero con una única líder, Cristina.

EMERGENCIA Y PLAN ELECTORAL. Al principio, sus audacias le sonaban delirantes. Ya no tanto. La Presidenta respaldó el plan morenista Congelamiento-SuperCard-Moratoria, un tríptico asociado a las recurrentes crisis económicas de la Argentina, pero ahora focalizado en captar votos. La semana pasada escuchó su propuesta de emitir entre 15 y 20 millones de tarjetas de crédito y débito para promover un boom de consumo en 300 productos básicos de la canasta familiar en supermercados, que podrían extenderse a otros rubros en las cadenas de electrodomésticos.

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El Cardenal Moreno