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Opinión / 27 de marzo de 2013

La larguísima espera de Daniel Scioli

Ilustración: Pablo Temes.

Puede que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ya no sea la vengadora severa de la etapa prefranciscana que terminó abruptamente hace un par de semanas, que, merced a aquel encuentro cercano con Dios que dice haber protagonizado en Roma, se haya transformado en una mandataria bondadosa que irradia ondas de amor, una auténtica leona herbívora que quiere traer armonía a un país crispado, pero así y todo hay ciertos límites al cambio que se ha propuesto. Si bien ha perdonado al Papa por los pecados de leso kirchnerismo que cometió cuando aún era el molesto monseñor Jorge Mario Bergoglio, Cristina no parece estar dispuesta a incluir entre los beneficiados de la amnistía al gobernador bonaerense Daniel Scioli y otros políticos sindicados como derechistas. Por el contrario, quiere expulsarlos del escenario político, junto con los jueces de la Corte Suprema, antes de que le sea demasiado tarde.

La forma elegida por Cristina para poner de rodillas a gobernadores sospechosamente ambiciosos como Scioli es sencilla: los priva de los fondos que desesperadamente necesitan y aprovecha la militancia congénita de empleados estatales, como los docentes del sistema público, para hacer de los distritos que están procurando administrar zonas de conflicto en que reine el caos. No es del todo frecuente que un gobierno nacional libre una especie de guerra contra las jurisdicciones principales del territorio que le ha tocado administrar con el propósito de aumentar el poder del centro a costa de aquel de la periferia, pero el encabezado por Cristina no ha vacilado en hacerlo, de ahí las maniobras urdidas a fin de perjudicar a la Capital Federal y las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.

El método que ha perfeccionado Cristina se inspira en la convicción de que en política, como en todo lo demás, lo que más importa es el dinero. Gracias a la plata aportada por los contribuyentes, por los productores de soja y otros, ha podido crear un imperio mediático propio, docenas de facciones políticas, algunas de armas llevar, y una “burguesía nacional” muy rica cuyos miembros saben que le deben todo. Sin embargo, aunque los esfuerzos del Gobierno han tenido un impacto muy negativo en la provincia más poblada del país que, además de las ya rutinarias huelgas docentes, se ve desestabilizada por los estragos perpetrados por delincuentes que, en algunas localidades como Junín, han provocado puebladas que fueron agravadas, según las autoridades municipales, por el accionar de militantes kirchneristas, hasta ahora los resultados no han sido los previstos por Cristina y soldados tan abnegados como el vicegobernador Gabriel Mariotto.

Ha sido tan evidente la hostilidad hacia Scioli de la Presidenta, los muchachos, algunos un tanto envejecidos, de La Cámpora y los sindicalistas que son funcionales al kirchnerismo, que aun cuando haya obrado mal, muchos culpan al Gobierno por las consecuencias adversas. Es sin duda por este motivo que, según las encuestas, Scioli sigue siendo dueño de una imagen que ha llegado a ser decididamente más atractiva que la de Cristina, aberración que, huelga decirlo, enoja sobremanera a los comprometidos con el cada vez más estrambótico proyecto K.

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