Política / 5 de abril de 2013

Argentina trágica

El fin de la Flotacracia

Hubo previsión, pero no se hizo nada. Falló la voluntad de quienes privilegian sus diferencias por sobre el interés general. La mortal inundación es fruto de la peor política.

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Hay aguas y aguas.

El agua en Trancoso, al sur del Estado de Bahía, no baja nunca de 25 grados. Allí nadie sabe de huracanes, ni tornados, ni tormentas tropicales, ni nada. Trancoso es la playa ideal para que Mauricio Macri, Juliana Awada, la niña Antonia y cualquiera se desestresen un poco.

En Villa La Ñata, en cambio, el agua es más bien amarronada. Así es el delta, compañero. En esta época del año, jamás supera los 18 grados. Daniel Scioli ama La Ñata. Y adora el agua, aun conociendo como pocos su peligrosidad a velocidades extremas.

Cristina Kirchner venera el agua cristalina del lago Argentino, allá en El Calafate, su lugar en el mundo. Más apropiadas para esa zona de exclusivas caminatas turísticas resultarían sus botas Hunter, british entre lo superbritish, estrenadas un día después del 2 de abril en su barrio natal de Tolosa, el más castigado de La Plata por la dantesca inundación. Es que Ella supo, de chica, desde “cuando el arroyo El Gato no estaba entubado” –que así sigue nomás en la mayor parte de sus 25 kilómetros–, lo que es tener el agua hasta la rodilla y perderlo todo.

Todo no.

El agua mata, señora.

Mauricio, Daniel y Cristina son los políticos más populares de la Argentina, siempre y cuando estemos todos de acuerdo en que, en democracia, la popularidad se mide en votos.

El trío figura –pese al impedimento constitucional de CFK– en la pole position para la carrera presidencial 2015. De ahí las permanentes tensiones. Cristina vs. Scioli. Scioli vs. Macri. Macri vs. Cristina. A veces el dos uno futbolero Scioli-Macri vs. Cristina y, menos, el viceversa de Cristina-Scioli vs. Macri.

Ella quiere seguir. Ellos, llegar. No es Ella la más urgida por demostrar. Pero demuestra, mientras Ellos lloriquean faltas de fondos, faltas de firmas autorizantes y faltas de respeto que conocían de sobra desde antes de sus respectivas reelecciones.

Para leer la nota completa, adquiera online la edición 1893 de la revista NOTICIAS.

La política idiota