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Política / 16 de abril de 2013

Silencios e hipocresías

Al igual que sucedió en la década de los noventa, NOTICIAS abrió el camino de las investigaciones que luego fueron clave. El rol de los medios afines.

Imagínense cómo se sentiría Lanata si después del espectacular y revelador programa que hizo sobre la ruta negra del dinero K, por toda repercusión hubiera obtenido sólo silencio.

Algo parecido fue lo que sentimos en la redacción de NOTICIAS hace más de seis años, después de publicar la tapa “El Testaferro de Kirchner”, cuyo protagonista era el mismo Lázaro Báez que fue eje del ciclo de Canal 13. No era un sentimiento nuevo: era lo mismo que pasaba desde 2003. Lo mismo que nos pasaba con cada gobierno.

La llegada del kirchnerismo trajo esperanzas en una sociedad que soñaba con una administración transparente que ordenara la economía maltrecha, pero además trajo millones de pesos que comenzaron a llover sobre la mayoría de los medios en forma de publicidad oficial junto con la promesa de buenos negocios.

Resultaron motivos suficientes para que casi todos ignoraran o minimizaran las denuncias que hacían algunos pocos, entre ellos NOTICIAS, el diario Perfil o el propio Jorge Lanata. Por eso, nombres como Báez, Cristóbal López o Rudy Ulloa eran casi desconocidos para los argentinos.

Hasta los políticos opositores miraban para otro lado. Una solitaria Lilita Carrió tomó aquella tapa de la revista más otras investigaciones ya publicadas en esas páginas sobre el socio de Kirchner y las presentó en la Justicia. Es esa causa que ahora podría, al fin, servir para algo.

Fueron años en los que teníamos la terrible sensación de estar inmersos en una ficción orwelliana. Parecíamos cronistas de una galaxia distinta, mientras que el resto de la prensa informaba sobre lo que sucedía en un país normal y correcto, que sólo nuestra locura galopante nos impedía reconocer.

Así, donde algunos veían enriquecimientos sospechosos, paraísos fiscales para fondos de Santa Cruz o falsas épicas kirchneristas; otros descubrían transparencia y virtud.

En marzo de 2005 editorial Perfil le contó sobre esos dilemas a la delegación de la Sociedad Interamericana de Prensa, que llegó al país advertida de las presiones que sufrían algunos periodistas y la discriminación con la publicidad oficial con la que se cooptaban medios. De forma tristemente similar a lo sucedido con la visita que había hecho la SIP durante la dictadura, también entonces muchos periodistas y empresarios mediáticos evitaron la cita o desmintieron que esos aprietes existieran.

Antes de partir, la SIP dejó un comunicado muy crítico hacia el Gobierno y hacia los medios que respondían con “excesiva prudencia o bien con debilidad frente al autoritarismo” oficial.

Cuando en febrero de 2007 NOTICIAS publicó en su tapa la foto en la que Lázaro Báez y el entonces Presidente hablaban como si nadie los viera y tituló “El Testaferro”, todos los ejemplares enviados a Río Gallegos y Río Turbio desaparecieron en el acto de los kioscos. Habían sido retirados de circulación por desconocidos a poco de que la edición llegara a la provincia. El hecho sólo fue registrado por un cronista del diario La Nación y la única indignación corrió por cuenta de FOPEA.

Pero eso pasaba en la Argentina cuando todo era silencio y nadie sentía demasiada necesidad de pelearse con quien manejaba la abultada caja estatal, contaba con las simpatías de la mayoría y era, en definitiva, un buen socio y amigo.

Ahora, por suerte, una investigación excepcional como la de Periodismo Para Todos tiene la repercusión que se merece, al menos en los medios que no viven directamente del Estado (sería demasiado pedirle a los que sí lo hacen que se hagan eco de denuncias que pondrían en riesgo su propia existencia).

Ojalá siempre fuera así y que la información no sea una mercancía que se usa o deja de usar según las conveniencias políticas y económicas de medios y gobiernos.

Que es la historia trágica y farsesca que, hasta ahora, se empecina en repetirse una y otra vez.