Política / 18 de abril de 2013

EXCLUSIVO

El libro que habla de los cambiantes estados anímicos de CFK

ADELANTO de “Los amores de Cristina”, el libro de Franco Lindner, jefe de Política de NOTICIAS. Por qué Cristina pasa de la euforia al bajón.

El cable 242255 revelado por WikiLeaks y la respuesta que recibió desde Buenos Aires no son los primeros documentos en los que las autoridades norteamericanas se interesan por Cristina. Lo sabe el famoso abogado Ricardo Monner Sans, quien leyó otro paper de similares características.

Fue a mediados del 2009, cuando participó de un congreso en Miami sobre políticas de transparencia. Hizo buenas migas con un funcionario del Departamento de Estado que hablaba un castellano fluido, y que al cabo de algunas copas le preguntó lo siguiente:

–¿Usted la conoció a Cristina Fernández?

–No en persona –dijo Monner Sans.

El funcionario siguió:

–El Departamento de Estado tiene un informe sobre ella. Allí se habla de algún tipo de trastorno del ánimo.

–¿Se puede ver? –se interesó el abogado.

El otro rió:

–Mañana se lo muestro.

Al día siguiente, el funcionario del Departamento de Estado, ya entonces dirigido por Hillary Clinton, condujo a su nuevo amigo hasta su oficina en Miami. Le mostró un paper escrito en computadora y sin membrete. El título era obvio: ”Cristina Fernández de Kirchner”. Y debajo decía: “Argentine Republic”.

–¿Le puedo sacar una copia? –intentó Monner Sans.

–No. Léalo rápido y me lo devuelve –respondió el otro.

El abogado se tomó diez minutos para analizarlo. El informe tenía una sola carilla, estaba redactado en inglés y constaba de un parte con apreciaciones médicas que se le hicieron ininteligibles. La segunda parte era más clara: hacía referencia a las “oscilaciones del ánimo” de la Presidenta y a una “personalidad digna de ser seguida por sus manifestaciones externas”, según el recuerdo de Monner Sans, quien no pudo evitar comentarle el episodio a sus amigos.

–¿Listo? –su anfitrión casi le arrancó el documento de las manos al cabo de un rato.

–Sí, gracias –dijo el abogado.

En realidad, no sabía si agradecer o llorar.

Los amores de Cristina