Política / 30 de abril de 2013

CRISTINA Y BÁEZ

Qué hacer con Lázaro

Los camporistas propusieron “entregarlo”. Cristina ordenó separar las cuentas. Los peronistas disidentes se empiezan a abrir.

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Los jóvenes ultra-cristinistas que forman la segunda línea de defensa presidencial reaccionaron como si Lázaro Báez fuera, además de santacruceño, un aliado en vez de un testaferro: “Que lo entregue”, escuchó por ejemplo el secretario Héctor Icazuriaga de la propia boca de un referente nacional de La Cámpora. Se refería a una eventual decisión política de Cristina Fernández para despegar de los turbios negocios del multimillonario constructor. “Es un problema familiar, ¿de qué estás hablando? Está Néstor de por medio”, replicó el confidente presidencial.

La tesis del funcionario neocamporista era más lineal y ajena: la “pingüinera” debía, según él, reinventarse, sobre todo ahora que el gobernador Daniel Peralta se había pasado a la oposición, y purificarse. En fin, una ingenuidad propia del mundo paralelo en el que viven ciertos oficialistas. La posición más conservadora y ortodoxa la sostuvo otro secretario presidencial, Carlos Zannini, el organizador de las operaciones mediáticas del oficialismo para desprestigiar la investigación periodística de Jorge Lanata y a la vez, el instructor del encubrimiento del empresario en la Justicia.

La orden fue muy explícita tanto para el corto plazo como para el mediano: “Hay que cortar los circuitos”, que es como definen en la jerga “pingüina” los supuestos contactos del empresario y de sus hijos con el sistema financiero y los banqueros locales y sus conexiones internacionales. Las circunstancias unieron en el tiempo la revelación televisiva del mayor caso de corrupción del Gobierno con las maniobras oficiales para acelerar una reforma judicial que garantice, precisamente, la futura impunidad de funcionarios y empresarios amigos. Según Zannini, el hecho de que los integrantes del Consejo de la Magistratura surjan de elecciones generales por figurar en la boleta de un partido garantizaría la “obediencia” de los jueces adscriptos al Frente para la Victoria.

El otro instrumento efectivo sería la limitación de los amparos: Cristina exigió chequear uno por uno los votos de los diputados nacionales para asegurarse de que las cautelares puedan efectivamente desestimarse si se cuestiona una decisión gubernamental o la actividad de un funcionario. No quiere correr riesgos futuros, ni con Báez ni con Boudou. Es decir: sin jueces independientes ni Justicia autónoma, sería casi imposible juzgar una trama tan compleja de cartelización, evasión, cobro de comisiones y lavado de dinero, según las denuncias, como la que le habría encomendado Néstor Kirchner a su ex chofer, socio y eterno amigo personal. La Presidenta le pidió a Ucazuriaga y su equipo de inteligencia revisar la historia patrimonial del empresario socio de su marido, no con la intención de delatarlo sino de trazar los puntos de fusión y fractura de aquella relación.

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