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Blogs / 8 de mayo de 2013

Dólar +10: Confianza a ciegas

Una tradicional narración judía acerca de un grupo familiar que viaja a través del desierto, puede aportar pistas para entender qué pasa en la argentina del dólar + 10. La historia es más o menos así: El patriarca de la familia, su mujer y cuatro hijos, deben atravesar una peligrosa zona desértica con el objetivo de llegar a la tierra prometida. Además de las dificultades lógicas que supone el viaje en cuestión, tienen un problema adicional: llevan un gran tesoro que deben cuidar día y noche, salvaguardándolo de los ladrones que, previenen, encontrarán a su paso. Junto a las provisiones y recaudos varios a tomar, el padre dedica tiempo a elaborar un cuidadoso plan de “custodia”, donde cada miembro del clan, cuando llegue su turno, deberá custodiar el enorme patrimonio que poseen. Todas las noches, después de luchar contra inclemencias tremendas, alguien  se queda despierto, protegiendo con su vigilia el legado familiar. Así van pasando los meses hasta que por fin, ni bien arriban a destino, el papá muere y llega la hora de ver qué había en ese famoso baúl que debían salvaguardar a cualquier costo. La respuesta es “nada”, dedicaron horas de su vida a cuidar una caja llena de piedras. ¿Por qué? Porque los seres humanos necesitamos algún tipo de seguridad que nos permita afrontar los vaivenes de la cotidianeidad. Sin la ilusión de ese tesoro en custodia, cruzar bancos de arena bajo la tiranía un sol devastador hubiera resultado mucho más complicado. Al fin del día, el tema no era que la familia disfrutara de un buena pasar, sino que llegara a esa ciudad segura donde podrían  empezar de cero, claro que para eso necesitaban algún incentivo que los empujara.

Muchos historiadores actuales critican a Mitre por su versión edulcorada y mentirosa de la historia argentina. Pero olvidan que el hombre estaba en el contexto de un brutal proceso inmigratorio, con millones de personas que venían de distintas partes del planeta. ¿Cómo respetar una nación que no tiene héroes a quien valorar? Siguiendo el ejemplo del padre judío, la mítica generación del ochenta creó una constelación de figuras heroicas que merecían monumentos, altares y todo un circuito de “adoración” cuya razón de ser era: este país es algo más que un montón de tierra vacía que necesita ser ocupada. Hasta que los revisionistas ganaron la partida, dedicamos buena parte de nuestra trayectoria escolar a preservar ese tesoro medio inventado por el fundador del diario LA NACION.

Más allá de todas las discusiones acerca del alcance que tienen las medidas tomadas por el equipo económico (blanqueo de capitales) y las teorías conspirativas que corren, lo cierto es que si miramos un poco más allá (la filosofía), la disparada del dólar podría explicarse a partir de lo que sigue: al relato kirchnerista le falta esa ilusión, real o ficticia, que las sociedades necesitan a la hora de sobrevivir y soportar grandes tormentas. En algún punto la idea de confrontación se privilegió tanto que ya no sabemos por qué peleamos, cuál es el patrimonio a cuidar y de qué manera protegernos. En su carácter de “padres” de la economía criolla, quienes anunciaron las buenas nuevas lucen bastante deslucidos, pretendiendo que crucemos un desierto lleno de peligros sin siquiera brindarnos algún tipo de esperanza. Porque una cosa es mentir (por ejemplo, sobre los índices de inflación), y otra muy distinta crear mensajes inspiradores. Para lo primero alcanza con versear, en el segundo caso hay que tener muy en claro el destino de arribo, y esa es justo la meta que parece perdida.

                 

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