Política / 10 de mayo de 2013

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Secretarios S.A.

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Sombra. Pablo Barreiro no se separa de Cristina. La acompaña en los viajes y coordina las audiencias en la Rosada.

Están siempre dos metros detrás de Cristina Fernández. Ellos guardan sus secretos y administran sus tiempos. Son los secretarios de la Presidenta. Son jóvenes y exitosos.
La nueva guardia la integran Martín Aguirres y Pablo Erasmo Barreiro. Son los encargados de llevarle la agenda y cargar con los apuntes que ella utiliza en cada acto. La reaparición de Miriam Quiroga, la secretaria de Néstor Kirchner los puso en el centro de la escena.

Barreiro llegó en el 2010 a la Unidad Presidencial, pero eso no le impide ser un empresario en su pago chico, El Calafate. Allí, montó junto a su padre, Ricardo Barreiro, uno de los últimos restaurantes en abrir sus puertas, Campo Grande.El joven secretario alterna su tiempo entre sus negocios y las obligaciones presidenciales. Fue accionista de las sociedades Los Antiguos Patagones SRL, luego cedida a su padre, Ricardo Fabián Barreiro, y en RP Transporte.

Sin embargo, cuando uno revisa su declaración jurada, la historia parece ser otra. De acuerdo con la información presentada ante la Oficina Anticorrupción, Pablo pasó de ser chofer de Mr Clear, una empresa de servicios de saneamiento público, a ser uno de los encargados de manejarle la agenda a Cristina. Sin un paso intermedio.
La explicación sobre su desembarco en el despacho presidencial es sencilla. Su padre, Ricardo integró el selecto grupo de secretarios de Néstor Kirchner, llegó a desempeñarse como su secretario en Santa Cruz y, luego, decidió dedicarse al mundo hotelero con inversiones en Tucumán.

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