Economía / 21 de mayo de 2013

El dólar 6-7-8

Las picardías de Moreno para llegar a octubre

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Moreno entre los accionistas de Clarín. El cuasi dólar para bajar el blue.

Guillermo Moreno sobrevive en una especie de orden caótico. Hace “como si” controlara algo. Precios, dólares o importaciones. Presiona a los grandes cambistas de la City para bajar el blue. Irrumpe en una asamblea de accionistas del Grupo Clarín y los acusa de tener ganancias inferiores a las del año pasado. Le dice a la Presidenta (por teleconferencia) que se había ido a la inauguración de una nueva sucursal de Walmart para controlar los precios, “como usted me mandó”. Y ordena la venta hormiga de bonos en poder de la ANSES para influir en la oferta y la demanda de dólares en el mercado cambiario.

La actual fantasía del secretario polirrubro es “clavar” el dólar blue en los 8 pesos, organizar un mercado secundario que cotice el cuasi dólar Cedin (Certificado de Depósito para la Inversión) en 7 pesos y acelerar la devaluación del dólar oficial hasta los 6 en cuatro o cinco meses como máximo, antes de las elecciones del 27 de octubre. La fórmula “6, 7, 8”, según la jerga moreniana. De paso, sería un modo de institucionalizar el desdoblamiento cambiario e incentivar la bicicleta financiera que implicaría saltar de una cotización a la otra para hacer la diferencia. Según los funcionarios, el libre juego de las pérdidas y ganancias que juegan los especuladores.

El blanqueo es funcional a esas pequeñas batallas personales de Moreno en tren de apropiarse de los dólares negros capaces de desahogar la escasez de divisas que denuncia el Gobierno. La mediación entre pesos y dólares la harían los certificados, bonos y pagarés del blanqueo. “Papelitos de colores”, los llamó el economista Lucas Llach. “Antes Patacones y Quebrachos, hoy Cedines”, comparó Rogelio Frigerio. Enrique Szewach, por ejemplo, también ve al Cedin como una cuasimoneda: “No se devalúa como el peso, pero no tiene la liquidez del dólar”. La creación del Bono Argentino de Ahorro para el Desarrollo (Baade) y del Cedin apuntan, respectivamente, a recomponer las reservas a cambio de una tasa del 4% anual y a darle aire al alicaído mercado inmobiliario.

“Los dólares son míos”. Ya reconocida la influencia del blue en la fijación de los precios relativos de la economía y en la caída de las inversión –negada tercamente hasta hace diez días–, los funcionarios ahora se obsesionan por convertir al Gobierno en una aspiradora de divisas de cualquier origen. En los últimos días, la ANSES y el Banco Central operaron fuerte en el mercado de bonos e hicieron bajar de cuajo el dólar contado con liquidación, que usan los grandes operadores para sacar el dinero del país por la vía legal. La venta de títulos en dólares de la ANSES hizo bajar la cotización a mínimos de 8,40 pesos en apenas dos días. Se abarató así el precio de dolarizarse contra el “riesgo país”. O sea, se le quitó presión al blue. Además, el cerco oficial pareció completarse en los últimos días con el aumento subrepticio de la tasa de interés que ofrecen los bancos por un depósito mayorista a 30 días –de 15,5% a 16,5%–, que llega hasta el 20% anual para los 120 días. Lo único que faltaría: que se escapen también los pesos.

La reacción oficial coincidió con una alarma explícita lanzada por el secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen –uno de los negociadores del canje de deuda del 2005–, quien se hizo eco de un viejo rumor sobre la presunta intención del Gobierno de mandar a escanear las cajas de seguridad de los bancos: “Esas versiones circulan. Mis clientes me comentan que hay más gente sacando plata de las cajas de seguridad”, dijo el ex funcionario. Claro, la suba de la tasa de interés para retener los depósitos en los bancos significa que el crédito costará más caro en la misma proporción.

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