Blogs, Opinión / 28 de julio de 2013

Francisco: Idolatría y sospechas

Algo no cierra: Francisco cuestiona a la sociedad, propone cambios de base que costarán mucho (aunque introduzca el factor de la alegría), saca a la gente de su ámbito de comodidad y señala con el dedo a sus propios colegas invitándolos a bajarse de los pulpitos para ganar la calle; o sea, nos pide cosas que lejos de resultar sencillas, llevarán esfuerzo y de golpe todos dicen amarlo, lo idolatran. Ayer hasta los periodistas más críticos y ateos aseguraban que era el líder que nuestro mundo estaba necesitando. ¿Cómo se entiende esto? Porque o todos somos buenos y no nos dimos cuenta, o Francisco está siendo procesado en papilla por los medios.

El planeta es un calvario de injusticias y desigualdades que no nacieron por generación espontánea. Hay gente, corporaciones e instituciones que “trabajan” para que nuestra casa sea cada día menos habitable. Y no me refiero sólo a los “malos de la película, buena parte de la culpa está en manos de empresas que son respetables y cuyos logos llevamos colgados en ropas o autos a manera de escudo capaz de enorgullecernos. Sin embargo, y como por arte de magia, aparece un Santo Padre que pone el dedo en la llaga y todos lo aman.

Sospecho que parte del amor a Francisco es parte de una estrategia para neutralizarlo. Ninguna trampa más efectiva que acariciar al “animal” peligroso que se pretende capturar. Hasta ahora, todo lo que dice y hace el Papa argentino da para que los poderosos le teman y lo combatan, no para que lo visiten y se saque fotos con él.

Si se cumple con el 10% de lo que pide Francisco, varios perderán sus privilegios y deberán hacer sacrificios enormes. Tenemos que estar alertas, vivimos en una sociedad de consumo que toma lo mejor que tenemos, lo procesa y convierte en objeto decorativo. Las palabras de Francisco queman, cuestionan y critican, seguro que detrás de esos aplausos se enmascaran cachetadas certeras que en algún momento darán el zarpazo. Mientras tanto le lanzan flores y lo vitorean.