Personajes / 2 de agosto de 2013

Jairo (64)

“Mi vida está hecha de despedidas”

Prepara su próximo concierto en el Teatro Coliseo. El romance con su mujer, los amigos que ya no están, inspiración y reinvenciones.

"Pasa una moto y los pibitos te gritan “capo”, eso para mí vale muchísimo. Mi relación con Francia se nutría más de admiración que de amor, era una relación más fría".

Hay sol pero hace frío. Mucho. Jairo sabe que debe limitar la cafeína pero se da el gusto: “Café con leche, por favor, hoy necesito un café con leche”. Tiene la cabeza nublada por los problemas de salud de Teresa, su esposa desde hace 42 años, internada cerca de la confitería Las Violetas, donde se fijó el encuentro. En el medio, prepara el recital que dará el 9 de agosto en el Coliseo. Según los médicos, lo que le ocurre a su esposa tiene componentes genéticos y también es producto de los estragos del cigarrillo. “Te agarra una cosa de… tendría que haberle insistido más. Hasta pensé, fijate vos, que me tendría que haber ido de casa”.

Noticias: ¿Haberle dicho “el cigarrillo o yo”?

Jairo: Exactamente, separarnos, y no lo hice. Pero creo que nunca lo hubiera hecho, lo pienso ahora. Estoy siempre al pie del cañón, pero vivir con una persona enferma es estar en una montaña rusa emocional. Hemos hecho la vida juntos, desde el primer día, hubo un impulso muy natural y algo que no había sentido nunca y a ella le pasó lo mismo. Nos salió bastante bien. Nunca nadie hubiera podido imaginar que yo iba a conocer a alguien como Teresa.

Noticias: ¿Cómo era usted y cómo era alguien como ella?

Jairo: Yo era muy introvertido y solitario. Vivía en un mundo que no tenía nada que ver con el de ella, que se ocupaba de un kindergarten madrileño de alto rango, adonde iban los hijos de las infantas de España, las hermanas del rey. Teresa era de una familia tradicional española, su segundo apellido viene del año 700 sin interrupciones… qué tenía que ver yo, cordobés, un negrito del barrio La Banda, con un ambiente así. La primera vez que fui a la casa tuve miedo de que no me dieran bola. Uno se equivoca muchas veces, fue todo lo contrario. Nunca fuimos novios convencionales, éramos amigos que se juntaban para jugar a la generala y terminaban peleándose. Y un día decidimos que nos íbamos a casar porque queríamos estar juntos todo el día.

Noticias: ¿Pasaron de esa amistad entrecomillada a casarse?

Jairo: Sí, yo tenía 22 y ella 20. Pudo haber salido de cualquier manera, pero entonces no había riesgos para nosotros.

Noticias: Una vez Jorge Luis Borges le explicó que “Jairo” significa “el iluminado”…

Jairo: (interrumpe) Eso fue tremendo, Borges vivía explicando cosas…

Noticias: Se podría decir que Borges nació para explicar. ¿Usted para qué nació?

Jairo: Para qué nací yo… y, vistas las circunstancias, qué sé yo, para conocer a Borges, o a Atahualpa Yupanqui, a Piazzolla o a Cortázar o a María Elena Walsh o a Horacio Ferrer. Conocerlos a fondo.

Noticias: Qué paradoja eso de ser solitario y estar tan increíblemente rodeado, ¿no?

Jairo: Claro, pero fueron circunstancias que se fueron dando. María Elena Walsh era mi máximo referente, la admiraba como persona, artista, como todo, yo quería cantar como ella (se ríe). Un amigo me dijo que la conocía, la llamé y quedamos en encontrarnos, y nos hicimos amigos hasta el último día.
En el Nuevo Testamento, Jairo es un arquisinagogo a quien Jesús le resucita una hija. En la historia del Jairo cantante, parecería estar esa marca de resurrección, como un hacerse nuevamente cada vez, abandonando lugares sin irse del todo: dejó Córdoba con 14 años, Buenos Aires con 19, más tarde España, luego Francia, y después volvió a Buenos Aires: “Es como un circulo, mi vida está hecha de despedidas”.

Fotos: Juan Ferrari. Agradecemos a confitería “Las Violetas”, (www.lasvioletas.com)

Para leer la nota completa, adquiera online la edición 1910 de la revista NOTICIAS.