Blogs, Opinión / 12 de agosto de 2013

Cristina después de Massa

Las lecturas sobre caliente suelen ser peligrosas. Aunque los votantes le pegaron a Cristina donde más le duele (Sergio Massa), al mismo tiempo se quedaron dentro de un justicialismo light (esa fue la propuesta massista) que, para más datos, tampoco es tan opuesto al kirchnerismo.

Daniel Scioli sabe (y quiere) que deberá alejarse de la presidenta pero su gran pregunta sigue siendo “¿Cuándo?”. Muchos suponen que se equivocó y el momento era ahora. Pero lo que para Sergio Massa fue una victoria, en manos del Gobernador hubiera sido apenas una batalla ganada.

Los massistas suelen ser “ingenuos” a la hora de imaginar escenarios para la salida de Cristina. Creen que seguirá influyendo un tiempo en su “tropa”, ganará una senaduría con el objetivo de evitar tribunales, y al mejor estilo Carlos se irá diluyendo en una sucesión de paseos por los pasillos judiciales.

Scioli conoce mejor a la presidenta y la cree capaz de chocar el auto en caso de resultar necesario. Los noventa fueron años pragmáticos y el pragmatismo se consume a sí mismo; o sea, no genera nada de mística.

Pero la movida que instauró el kirchnerismo, a su extraña manera, es ideológica y emocional. Como Perón en los cincuenta, podremos decir que resulta corrupta aunque jamás quitarle el condimento (real o inventado) que fue cocido a fuego lento por más de diez años.

¿Cómo se imaginará Cristina? Puede que esté cansada y quiera retirarse, al mismo tiempo es probable que fantaseé con convertirse en una versión sui generis del General quien, desde España, manejó los destinos del país por décadas.

A diferencia de Sergio Massa que se concentra en ganar, Daniel Scioli entiende que sin un acuerdo definitivo con la actual presidenta, en Argentina podría ocurrir cualquier cosa. Y lo de “definitivo” nunca tuvo tanta vigencia: la cosa es a “matar” o “morir”, a pesar de que en los discursos se hable de aceptación democrática.

¿Llegó la hora de saltarle a la yugular? Puede parecer increíble pero aún no está seguro, y la verdad es que hace bien: igual que Perón, quien aceleró su salida cuando tenía fuerzas suficientes para pelear un tiempo más pero veía que el país se hundía, si la presidenta se siente acorralada no sabemos cómo podría llegar a reaccionar.

“¿Cuándo?”, es la gran pregunta de Daniel Scioli. Pero no cuándo soltarle la mano a Cristina, sino cuándo la presidenta estará preparada para sentarse a planificar una salida elegante. No es tan fácil echar personajes que saben lo que les espera, y que dedicaron buena parte de su gobierno a complicarle la vida a sus predecesores; difícil que se someta mansa a un destino que conoce porque es experta en hacérselo tragar a otros, incluso a aquellos que la acompañaron para llegar al poder (Duhalde).