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Política / 21 de agosto de 2013

Lilita Carrió: la intimidad de una resucitada

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Eufórica. Carrió en el festejo del domingo 11. Se siente más acompañada por su entorno y por los votantes.

Si, como confesó Elisa Carrió, el magro 1,8 por ciento de votos cosechados en la última elección presidencial significaron para ella una muerte política, los resultados de las PASO ahora los vive como una resurrección. Apenas menos mística que de costumbre –para una mujer acostumbrada a dormir con una biblia en la cama y que cerró su pirotecnia verbal de campaña amparándose en el lío que pidió hacer el Papa Francisco–, Lilita encarará la recta final hacia la votación de octubre con objetivos claros: el primordial, lograr que el kirchnerismo porteño, encarnado en Daniel Filmus, se quede sin representación en el Senado. Y el ideal: conseguir esmerilar a Diego Santilli, el segundo candidato a senador del PRO, o “el chico que no me barre las calles” y acompaña a Gabriela Michetti, para poder dar el batacazo de meter su dupla –“Pino” Solanas y, en especial, su nueva “hormiguita”, Fernanda Reyes– en la Cámara alta.

El estrés de la campaña no es la mejor recomendación para paliar su “diabetis”, la forma campechana con la que la chaqueña insiste en llamar a su cuadro de diabetes. A pesar de haber moderado su dieta e incorporado mucho pescado –en especial, brótolas o pejerreyes– y verduras a su menú, el trajinar de su rutina preelectoral la cansó, aún cuando hizo malabares durante el último mes para respetar su santa siesta. Sabido es que cuando Lilita necesita descansar piensa siempre en el mar. ¿Una escapada a Punta del Este? No esta vez. NOTICIAS pudo confirmar que Carrió eligió las costas de Brasil para terminar de resucitar. Partió para allá la noche del miércoles 14.

NUEVAS AMIGAS. Que Fernanda Reyes llegue al Senado es el máximo anhelo de Lilita de cara a octubre. La economista se transformó en una de las piezas clave del círculo que rodea a la líder de Coalición Sur. No por nada fue la elegida desde su espacio para acompañar a “Pino” Solanas, con quien Carrió tejió una sólida relación durante la campaña, en especial, gracias al trabajo milimétrico de otra mujer: Ángela Correa, esposa del cineasta y una morocha brasileña de carácter que, como Lilita, sabe marcar límites y agasajar por igual.

Correa se ganó a Carrió a base de feijoadas y caipiroskas con las que hizo de anfitriona más de una vez para el círculo íntimo de Carrió y de su marido, un selecto grupo compuesto por Fernanda Reyes, los legisladores porteños Fernando Sánchez, Julio Raffo y Maximiliano Ferraro y, en algunas oportunidades, Alcira Argumedo. El grupo disfrutó de veladas amenas tanto en la mesa de Correa, como en la de Carrió, en su departamento de Barrio Norte. En medio de esas tertulias de sabores brasileños y charlas coloquiales surgió la idea de apuntalar a Reyes y apuntar contra Santilli –y no contra Michetti, amiga de Carrió– en la campaña hacia octubre, para disputarle al PRO la segunda banca de senadores.

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