Blogs, Opinión / 30 de agosto de 2013

Casi cien

LA VERDAD, el diario que dirijo en Junín, cumplió 95 años y Clarín nos premió por esa trayectoria. Además de ser el más vendido del noroeste, en los últimos meses lanzamos ediciones nuevas en localidades como Lincoln, 9 de Julio, Rojas, Colón y seguiremos así hasta cubrir buena parte de la provincia. Expandirse hoy día puede parecer una locura pero es una linda aventura. Como publicitario recibí muchos premios, usurpando el rol de periodista sólo dos: Perfil y éste que me entregaron el jueves. En la foto estoy con Aranda y Kirschbaum, y si los kirchneristas quieren sentirse aún peor, le di un largo apretón de manos a Magnetto, quien entre paréntesis luce mejor que yo y libre de toda tensión. A veces pienso que los que juegan “arriba” se alimentan de conflictos.  Aunque se trata de una editorial que compite con Perfil, me permito esta “traición” por una razón significativa: Estoy acostumbrado a decirle “sí” a los clientes. De hecho, es lo primero que se aprende en mi actividad. Sin embargo, el primer día que llegué a Junín y el Secretario de Comunicación me retó por una nota que no le gustaba, algo me impulsó a mandarlo al diablo. Con todos sus defectos, sobres bajo la mesa y otras cuestiones, el periodismo todavía tiene (quizá sea la “energía” de todos los que quedaron atrás) que no te deja dormir si te portás muy mal. Como publicitario digo “Sí” a cualquier cosa y duermo sin drama, jugando al periodista ya me quemaron el diario por denunciar narcotraficantes, amenazaron a mi familia y me balearon el auto varias veces. Con todo, portarse “mal” en el periodismo sigue siendo un acto miserable que se paga caro, ojalá no se pierda ese espíritu que todavía sobrevive.

Bello Kirschbaum