Política / 30 de agosto de 2013

Juan Miceli, el silenciado

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Antecedente. Durante las inundaciones, Miceli hizo una pregunta que incomodó al diputado Andrés Larroque. Lo sacaron del horario central.

En esta situación, no hay peor cosa que un pacto de no-alineamiento. Hoy, Juan Miceli, conductor de Visión 7, roza el despido sin motivo aparente, sin una real falta profesional. Nadie le asegura una continuidad en la TV Pública. La Cámpora, al desembarcar en la gerencia de noticias del canal estatal con Carlos Figueroa, ex notero de “Duro de Domar”, y Víctor Taricco como jefes, no esperaba encontrar demasiada resistencia. Pero Miceli, en el canal desde el 2010, fue un problema.

Por ejemplo, el año pasado, en pleno hervor del caso Ciccone, Miceli recibió una orden de la Casa Rosada de defender al vice Amado Boudou y desmentir información publicada por Clarín. Se negó a hacerlo. “Vos tenés que plegarte políticamente”, escuchó luego a puertas cerradas. “Ni loco”, fue su respuesta.

En abril de este año, el conductor y periodista cometió algo impensando: atreverse a cuestionar, en vivo, al diputado Andrés Larroque, uno de los máximos jefes de La Cámpora. La agrupación juvenil K intervino en la asistencia a las víctimas de la inundación en La Plata, recibiendo y distribuyendo donaciones mientras vestía sus típicas pecheras. Miceli le preguntó a Larroque al respecto.

No era una pregunta descabellada: las donaciones estaban siendo entregadas por la gente de forma apartidaria, sin querer sacar un rédito político. Larroque explotó: “¡Te espero acá cuando termine el noticiero!”, le lanzó al aire. Por su atrevimiento, Miceli pasó al freezer televisivo: lo mudaron del noticiero central de las 20 al menos visto del mediodía y no cubrió las internas partidarias del 11 de agosto.

Desde adentro. En los últimos días, la finalización de su relación laboral con el canal pasó de un rumor a un hecho casi consumado que tomó estado público. Miceli mantuvo una discusión feroz con Figueroa a comienzos de esta semana por discrepancias en el programa. “Ya está. Me tienen en la mira”, deslizó el periodista entre su gente.

Con la tensión instalada, tras salir al aire el lunes 26 y el martes 27, los productores ejecutivos le dijeron a Miceli que no vaya al canal el miércoles 28: transmitirían la discusión por la Ley de Medios desde Plaza Lavalle en lugar del noticiero. Desde su casa, Miceli se encontró, en cambio, con el noticiero conducido desde Tribunales, sin su presencia, algo que lo enfureció. Al día siguiente, la cuenta oficial de Twitter de Canal 7 comunicó que Miceli “no se presentó a trabajar en el día de hoy”. La guerra ya no necesitaba de sutilezas.

Cuando entró a trabajar al canal, Miceli sostuvo: “No quiero hacerle el juego a la lógica de enfrentamiento”. Y lo cumplió. Tampoco les hizo el juego a sus jefes: discutía contenidos, exigía leer de antemano cualquier cosa que dijera al aire y hasta participaba de las asambleas de la comisión interna con sus compañeros.

Miceli no es el único que resiste a La Cámpora: los trabajadores decidieron por asamblea, dos meses atrás, neutralizar a un grupo de “asesores”, militantes de La Cámpora, que intentaban intervenir en los contenidos del noticiero. Pero, sobre Miceli, las altas esferas se callan la boca: Tristán Bauer, presidente de Radio y Televisión Argentina, no contactó al periodista ni una vez. De repente, el 2014 se le vuelve un poco más oscuro. Y, en la TV Pública, necesitan incondicionales.

Esta es una versión digital adaptada de la nota publicada en Revista Noticias edición 1914. Para adquirir la versión completa haga click aquí.

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