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Opinión / 3 de septiembre de 2013

EE.UU. y Siria: el mundo es una zona liberada

Merced a la proliferación de medios de comunicación electrónicos, el mundo se entera en “tiempo real” de los detalles espeluznantes de episodios como el que, hace poco más de una semana, dejó más de mil muertos, entre ellos muchos niños, en un suburbio de Damasco. En 1988, cuando el iraquí Saddam Hussein bombardeó la localidad kurda de Halabja con agentes químicos, y mató a más de 5.000 hombres, mujeres y niños, el impacto mediático fue decididamente menor, de suerte que el presidente Ronald Reagan, que respaldaba a Irak en su guerra contra Irán, pudo optar por mantener un silencio diplomático.

La voluntad de intervenir, si bien de manera meramente punitoria, en Siria, de los únicos gobiernos occidentales que disponen del poder militar suficiente como para permitirles hacer algo más que suplicar a los combatientes respetar ciertos límites se debe al temor a que la guerra civil feroz que está librándose se extienda a los países vecinos primero y, poco después, a Europa.

No es ningún secreto que entre los “rebeldes” se encuentren muchos yihadistas nacidos en Europa y América del Norte, la mayoría de familias musulmanas aunque también hay algunos conversos atraídos por el machismo de la guerra santa, que podrían hacer buen uso de lo aprendido en el Oriente Medio en sus países de origen. Asimismo, el que los “rebeldes” sunitas ya se hayan habituado a culpar a la “comunidad internacional” por no darle el apoyo que suponen merecer les ha proporcionado un pretexto para atacar blancos occidentales.