Opinión / 4 de octubre de 2013

Rumbo a ninguna parte

EFECTO FUGA. El peronismo e incluso parte del kirchnerismo se alejan de la Presidenta para abrazar a Massa.

Desde que Cristina perdió lo que los chinos llamaban “el mandato del cielo” que, según ellos, es la fuente de legitimidad no sólo formal sino también emotiva que todo mandatario necesita para gobernar con cierta eficacia, la Argentina está a la deriva. Al difundirse la conciencia de que se ha esfumado el carisma o lo que fuera que durante años le había permitido dominar el escenario como una reina medieval antojadiza, los habitantes del mundillo político nacional se sienten desorientados. No saben qué hacer. Tendrán que reorganizarse, pero no les será del todo fácil.

En cuanto al país que, le guste o no le guste, depende de los políticos, es como un buque fantasma, si bien uno que está atiborrado de pasajeros azorados que no podrán abandonarlo y que, para más señas, carecen de salvavidas por si chocara contra las rocas; el cepo cambiario ha privado a todos, salvo los más adinerados, de la posibilidad de ahorrar algunos dólares.  Mientras tanto, la capitana grita órdenes que a menudo sólo motivan perplejidad, ya que las viejas cartas náuticas que tiene a mano no sirven para la travesía que se ha propuesto. Los tripulantes fingen obedecerle porque le temen, pero saben que sus esfuerzos resultarán inútiles.