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Blogs, Opinión / 11 de octubre de 2013

Alicia Castro: Embajadora de cabotaje

Fue azafata, manejó el Sindicato como monarca y es una figura muy influyente que se las arregla para no aparecer. Por qué no puedo escribir su biografía.

 

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Días atrás me ofrecieron escribir la biografía de Alicia Castro, una de las funcionarias menos publicitadas y más “peligrosas” de la década ganada. Por razones personales que prefiero guardarme no puedo hacerlo. Sin embargo, se trata de un personaje que debería ser investigado con mayor profundidad: sus manejos al frente del Sindicato de Aeronavegantes, la relación con Marco del Pont, su vínculo con la primera mandataria y la increíble vuelta del destino que la llevó a escuchar poemas de la boca de Chavéz; estamos hablando de alguien con mucha influencia que a pesar de hablar pestes de la presidenta (la llamaba “grasa” y se reía de sus afeites cosméticos), no dudó en utilizarla a la hora de acceder al poder. ¿Su arma favorita? El conocimiento de lo que ocurría en los aeropuertos… Claro que una vez acomodada cambió y se volvió kirchnerista de la primera hora. Hasta le construyó una fuente Feng Shui en la embajada de Venezuela para que Cristina se sintiera cómoda (pueden comprobarlo). Todos podemos cambiar: empezó riéndose del origen presidencial y sus excesos de maquillaje, y ahora le chupa las medias. Pero hay mucho para analizar en su figura, y creo que va camino a quedar impune mientras disfruta de una vacaciones pagas (por nosotros) en Londres. Igua no es nuevo, sabe cómo vivir de los otros… Además del sindicato, cuál fue su accionar en Sancor y, especialmente, cómo influyó en el derrape de Aerolíneas Argentinas. También qué ocurrió durante el último proceso electoral en el Sindicato que dirigía donde por suerte quien escribe ya no estaba. Alicia Castro es la gran “tapada” y está bien que quieran escribir su bio. Lástima no ser igual a ella y mantener ciertos códigos que me impiden la tarea. Sería un éxito